El reflejo de Sismondi en Marx

Por Umberto Mazzei

Ginebra, enero 2016

 

El bienestar físico del hombre, en cuanto pueda ser obra de su gobierno, es el objeto de la economía política

Sismondi

 

Marx, en su libro más conocido, El Capital, menciona casi todos los economistas que existían desde la Antigüedad Clásica hasta el último cuarto del siglo XIX. Adam Smith, David Ricardo y Jean Charles Sismondi son los más citados. Marx ve a Smith y a Ricardo de una manera simple: como antagonistas. Con Sismondi la relación es bastante más compleja. Sismondi fue el primero en denunciar los males del sistema capitalista que surgió de la Revolución Francesa y la Revolución Industrial. Sismondi fue el primero en contradecir hasta a un cierto punto a Smith y manifestar su  desacuerdo con la teoría económica de Ricardo. Marx le ve como un rival. Un rival cuyo principio básico es que una mayor igualdad en la distribución de la riqueza, impuesta por los gobiernos,  sería  el motor para un crecimiento económico general estable. Una proposición inconveniente para un Marx, que mira el capitalismo como irredimible y condenado a la destrucción. Eso puede explicar la ambivalencia de Marx hacia Sismondi, a quien a veces elogia, a veces omite la citar o incluso lo distorsiona o descalifica.

 

Para esta primera investigación de la relación entre Sismondi y Marx, la fuente para las ideas económicas de Sismondi son sus Nouveaux Principes d’Économie Politique, en su edición de 1827 y sus Études sur l’Économie Politique de 1837. Las fuentes para las ideas e Karl Marx son el Manifiesto del Partido Comunista y la primera edición inglesa de El Capital, porque fue autorizada por el propio Marx quien escribió el prefacio del autor, mientras que el prefacio del editor fue escrito por Frederich Engels. 

 

La visión social de Sismondi

 

Queremos enfocar la relación entre Sismondi y Marx, desde la perspectiva de Sismondi porque Sismondi vivió, estudió pensó, escribió y publicó extensamente antes de que Marx existiera, por lo que hay muchas ideas de Sismondi en Marx, pero, obviamente, no hay ninguna de Marx en Sismondi. Durante todo el siglo XIX todos los críticos de la revolución industrial capitalista usaron a Sismondi como referencia; pero sus ideas y descubrimientos han llegado mucho más lejos en el tiempo. Merece ser explorado y estudiado ahora, cuando los hechos una vez más confirman sus pronósticos y las distorsiones económicas y el daño social que él criticara entonces son repetidos en escala mucho más grande, porque el sistema económico de hoy sigue siendo el mismo, sin cambios y aún empeorado.

 

Sismondi fue un hombre profundo y cosmopolita que se desplazó con gran desenvoltura entre  el mundo intelectual de Suiza, Francia, Italia e Inglaterra, durante la época de las guerras napoleónicas y sus secuelas. Fue un escritor prolífico en literatura, historia y economía y su extensa obra muestra un análisis técnico innovador, un agudo y realista discernimiento, una perspectiva social unida a una dimensión universalista.

 

Su amiga y paisana, Mme. de Staël, lo describió en Corinne como un hombre de “sagacidad profunda” que hablaba con “autoridad”.  Stendhal, el gran escritor de Grenoble, donde fuese, llevaba consigo las obras de Sismondi y en su Lucien Leuwen incluyó a Sismondi entre los autores preferidos del personaje principal, junto con Goethe y Walter Scott. El famoso historiador Charles Agustin Sainte-Beuve, miembro de la Academia de Francia, le consagró mucho espacio en sus memorias  Nouveaux Lundis. Las revistas inglesas más conocidas publicaron sus trabajos. Sismondi también fue bien conocido en la América Española, de la que hizo comentarios agudos e interesantes sobre el papel y los propósitos de las finanzas británicas en las guerras para su separación de España. Domingo Sarmiento lo puso como referencia de filosofía política en su  Facundo (1845). Pero la alusión a Sismondi que más se conoce hoy día, vino del entonces ignoto Karl Marx , que en 1847, en su Manifiesto del Partido Comunista, consideró a Sismondi como el único economista digno de mencionar allí, aunque luego descalificase la calidad de su sentido social.

 

En efecto, Sismondi, bastante antes que Marx, fue el primero en analizar el origen, las consecuencias y las contradicciones del sistema de producción capitalista. Sismondi quería reformar el sistema de inmediato, es el primero en querer una distribución de la riqueza más equitativa, en querer mejorar la estabilidad laboral, en querer equilibrar la producción con la demanda para evitar las crisis sistémicas, en querer limitar el poder sin freno de banqueros e industriales, mediante la intervención del Estado. El quiso reformar el sistema de inmediato y demostró en modo claro y  específico que una distribución de la riqueza más equitativa era indispensable para la prosperidad económica y la estabilidad. Algo parecido a los principios que guiaron a Bismarck en Prusia primero y luego en Alemania desde los 1860, algo bien distante de la mesiánica propuesta radical incluida en la teoría anti-capitalista que Marx desarrolló luego.

 

Sismondi ve en el trabajo la única fuente genuina de valor, abundancia y riqueza. Fue el primero en analizar las causas estructurales de la pobreza y miseria impuesta a los trabajadores del mundo por la Revolución Industrial. Fue el primero en hablar de lucha de clases y de la explotación del proletariado, mientras busca una solución práctica, equitativa e inmediata. En su opinión esa miseria tiene cuatro grandes causas. a) la apropiación de la plus-valía del trabajo por el capital; b) la precariedad del empleo, agudizada por la automatización del proceso productivo; c) el exceso de capital que nutre una sobreproducción que satura mercados, provoca quiebras y causa desempleo; d) la pérdida de la estructura social que permitía al trabajador proporcionar su familia a sus medios. Sismondi pensaba que su aporte a la ciencia de la economía política era el de llenar un vacío dejado por Adam Smith, sobre la distribución de la riqueza. Esa es la razón por la que su principal trabajo en economía lleva por título Nuevos Principios de Economía Política o de la riqueza en su relación con la población.

 

Sus propuestas para solucionar el problema de la repartición de la riqueza, serían, especialmente hoy día, novedosos y practicables, aunque tropezarían con privilegios enraizados. Propuestas tales, como: a) dar a los trabajadores una participación en las ganancias y eventualmente una parte en la propiedad de las empresas donde trabajan; b) absorber el  incremento de productividad  derivado de la automatización y mejoras tecnológicas con una disminución de las horas de trabajo, sin disminución de salarios; c) mejorar la educación, para inducir una conciencia de las responsabilidades reproductivas; d) controlar la libertad de los bancos en la emisión de dinero, crédito y deuda.

 

Sismondi piensa que el Estado debe ser quien garantice una relación harmoniosa entre el trabajo y el capital, para mutuo beneficio, porque los buenos salarios expanden y dan vigor al mercado, mientras que la expansión de la propiedad entre los trabajadores produce una sociedad más próspera, equitativa y estable.

 

Un detalle interesante en Sismondi es que ya entonces, hace casi doscientos años, crítica cuatro  rasgos del sistema capitalista cuyo desarrollo monstruoso hoy día amenaza la entera economía mundial. El primero es la idea de que el gobierno no deba entrometerse en asuntos financieros y se deba dejar libertad a los bancos en la emisión de dinero y quasi-dinero. Sismondi dice que el dinero y sus facsímiles son bienes públicos y que por lo tanto el Estado debe mantener vigilancia y control sobre su emisión y circulación. El segundo cuando describe la economía de los Estados Unidos de América como una basada en la deuda como fuente de financiamiento y donde la especulación que busca el máximo lucro se ve allí como única medida del éxito. El tercero es el uso deliberado de préstamos impagables para obtener el sometimiento político de países insolventes y cita el caso de Inglaterra en la América Española. El cuarto es el daño y miseria causados por las exportaciones subsidiadas de los países industrializados en la economía de los países en desarrollo y ve a las economías que dependen de la exportación como víctimas de un exceso de capital que las hace intrínsecamente inestables.

 

Otro mérito particular de Sismondi es haber sido el primero en situar el crecimiento económico en un marco sociológico y encuadrar el progreso de la masa de bienestar en una escala global.

 

La percepción social de Marx

 

Karl Marx otorga a la miseria y las privaciones una fuerza redentora. Su teoría presume una solidaridad entre los obreros miserables, que sería superior al llamado del egoísmo y la urgencia individual; una rabia común canalizable de manera consciente y operativa hacia la liberación de la opresión de la oligarquía burguesa. Eso le hace mirar las miserias de los trabajadores como un hecho  necesario para que su aumento y acumulación eleven la presión a un nivel insoportable para la masa de los pobres hasta causar una explosión incontrolable. Esto debe suceder a causa de un proceso dialéctico cuyo tema es puramente económico, materialista, cuyas mecánicas convierten una revolución contra el capitalismo burgués, en un evento históricamente inevitable.

 

Marx llama esa explosión, la Revolución Proletaria, que anulará el sistema de propiedad privada que desde hace milenios oprime a la clase trabajadora bajo las clases propietarias. Esa opresión se hizo peor después de la Revolución Francesa y la Revolución Industrial que trajeron el capitalismo burgués.

 

Marx propone un programa de diez puntos, que presento por primera vez en el Manifiesto del Partido Comunista y que luego desarrolla en su libro Capital. Ese programa muestra muy claramente los antecedentes intelectuales de su teoría, que también es confirmado por la lista bibliográfica de El Capital. Su teoría combina muchas ideas y observaciones de esos autores, mientras comenta sobre una amplísima gama de actividad humana que abarca desde la antigüedad hasta la sociedad que le era contemporánea. Marx desarrolló una enorme, aguda, detallada y erudita descripción de ancestrales conflictos de clase, que combinó brillantemente con una precisa disección del proceso de producción capitalista, resaltando su injusticia y su carácter explotativo. Él cree que el Capitalismo Burgués es la última manifestación de la explotación de la clase trabajadora que a través de un proceso dialéctico ha llegado a su final histórico, que culmina en una lucha final. Los más pobres entre los pobres, los proletarios, prevalecerán y tomarán el poder para luego gobernar imponiendo su Dictadura del Proletariado a la clase propietaria.

 

Bajo ese gobierno, el sistema de propiedad privada será eliminado, substrayendo gradualmente capital a la burguesía y centralizando todos los medios de producción bajo la propiedad del Estado. Al final, cuando se haya abolido la propiedad privada, no habrá mas distinciones de clase y todos los medios de producción serán propiedad pública. Inesperadamente, Marx considera incluir a las mujeres entre estos.  

 

El proceso de razonamiento que sigue Marx para llegar a sus conclusiones y hacer sus pronósticos es evidentemente especulativo y no siempre consistente, pero si es muy convincente, porque a la gente gusta creer en aquello que desean que suceda, en particular cuando están desesperados, llenos de angustia y odio. La lista de autores citados por Marx se expande desde Moisés, Homero, Aristóteles, Platón, Jenofonte y Antiparos, pasando luego por las luminarias del las escuelas económicas mercantilista, fisiócrata y liberal, hasta llegar a filósofos sociales como Hegel, Carlyle, Darwin y Engels. Entre los economistas, como ya dijimos, Adam Smith, David Ricardo y Charles Sismondi son los autores más citados.

 

Marx no es conocido por tratar con benevolencia a los autores de quien toma las ideas y hay casos  en que ni siquiera los menciona. Es extraño que en El Capital no haya mención de François “Grachus” Babeuf, quien fuera el primero en hablar del comunismo como propuesta, en tiempos de la Revolución Francesa, a pesar de haber dejado, como periodista que fue, muchos documentos escritos y que  forjó un cuerpo de doctrina coherente y popular: el babouvismo, que le costó la vida. Lo menciona sólo una vez y de paso en el Manifiesto del Partido Comunista. Ya en su tiempo, Marx, fue muchas veces criticado por apropiarse de ideas ajenas, por cambiar el significado usual de términos económicos, por copiar sin citar autores y por distorsionar a veces, cuando los cita, indicios de eso pueden leerse en el prefacio de Frederich Engels a la cuarta edición alemana de El Capital, que puede leerse en la primera edición inglesa, cuando contradice esas acusaciones.

 

Otra tendencia curiosa en Marx, es la de criticar y descalificar a los autores de quien toma inspiración y sobre cuyas ideas elabora. Tal es el caso con Georg Wilhelm Hegel de quien toma el método dialéctico de interpretar la historia y el enfoque del individualismo como el problema a superar; lo convierte en suyo con la estratagema de reducir la interacción dialéctica hegeliana basada en una amplia gama de conflictos culturales a una dialéctica de conflictos de clase exclusivamente económica, que denomina materialismo dialéctico. Después de lo cual afirma que mi método dialéctico no sólo es diferente del hegeliano, sino que es directamente su opuesto.

 

Otro caso similar es el de Sismondi de quien tomó el método de análisis económico, incluyendo sus definiciones y algunos de sus ejemplos, su percepción de la lucha de clases, y su preocupación por  la concentración de la riqueza  y la proletarización de la clase trabajadora. Luego lo etiqueta como socialista pequeño burgués

 

Igual descalificación tendenciosa hace con Proudhon y en su explicación aparece la razón de su rivalidad con los otros socialistas de una  manera más explícita: …este Socialismo busca depreciar cualquier movimiento revolucionario ante los ojos de la clase trabajadora, demostrando que no basta una mera reforma política, porque sólo  un cambio en las condiciones materiales de existencia y en las relaciones económicas puede ser ventajoso para ellos. Por cambio en las condiciones materiales de existencia esta forma de Socialismo, sin embargo, de ninguna manera lo entiende como abolición de las relaciones burguesas de producción – una abolición que sólo puede hacerse por una revolución – sino sólo reformas administrativas. Está claro aquí que no es el bienestar inmediato de las clases trabajadoras lo que persigue, sino la realización de un sueño, de una revolución violenta que acabe con las presentes condiciones burguesas de producción, pero sin un proyecto claro y definido de como sustituirlas, porque la Dictadura del Proletariado, sin una elaboración institucional que defina sus órganos y las políticas concretas de producción, como dice Marx del socialismo de Proudhon, se convierte en una mera figura retórica.   

 

Tampoco escapan a su descalificación gratuita Saint Simon, Fourier y Owen, que en el Manifiesto del Partido Comunista, amarra juntos en la categoría de socialistas utópicos.

 

Claude Henry de Saint Simon (1760 – 1827) acuño el término industrialización y fundó la escuela “organicista positivista” de cuya teoría sobre la evolución orgánica Marx derivó gran parte de sus doctrinas de evolución social.

 

Charles Fourier (1772 – 1837), que acuño el término feminismo y defendió la igualdad de género. Su primer libro fue El destino social del hombre. Fourier propuso una reconstrucción social basada en asociaciones comunales experimentales llamadas Falanges, donde el producto social fuese distribuido según las necesidades sociales, una asignación de responsabilidades de acuerdo a las facultades e inclinaciones individuales para hacer del trabajo un goce y un mínimo decente para quien no pudiese trabajar. Su influencia en la visión de una sociedad sin clases de Marx, con iguales condiciones de educación e ingreso es evidente.

 

Robert Owen (1771 -1858), fue un industrial que escribió Una nueva visión de la sociedad, de donde surge la escuela a la que primero se aplica el nombre de socialista. Owen consideraba la pérdida del sentido comunitario el principal problema de la revolución industrial en Inglaterra y puso en práctica sus ideas construyendo una ciudad modelo para los trabajadores de su fábrica textil en New Lanark, donde los horarios de trabajo eran más cortos, los salarios más elevados y la educación de los niños gratuita. Luego construyó otra en Harmony, Indiana, Estados Unidos. El objetivo básico del socialismo owenista era una felicidad humana racional, idea compartida con Bentham, pero de la que no hay trazas en Marx; pero si de otra idea suya que es la importancia dada al ambiente de crianza para el futuro comportamiento del individuo. Los owenistas consideraban a Marx como un simple teórico de armario.

 

Además de ponerlos juntos, aunque técnicamente no tengan en común más que el deseo de mejorar la sociedad y de haberle servido de fuente, Marx dice de ellos que el grupo ha producido mucho material instructivo para iluminar a la clase trabajadora. Añade: Las medidas prácticas propuestas por ellos, tales como la abolición de la diferencia entre ciudad y campo; abolición de la familia, de la ganancia privada y del sistema de salarios; la proclamación de la armonía social; la conversión de las funciones del Estado en una mera superintendencia de la producción. Todas estas propuestas apuntan solamente a la desaparición de los antagonismos de clase, que en esa época apenas comenzaban a nacer y que en estas publicaciones son reconocidas en su forma temprana, indistinta e indefinida. Luego de lo cual gratuitamente concluye: Estas propuestas, por lo tanto, sólo tienen carácter utópico.

 

Ese desdén hostil de Marx hacia autores que compartían su interés en mejorar la condición de los trabajadores y que reclamaban una distribución más justa de la riqueza, es probable que se deba más a su carácter tumultuoso y su temperamento desordenado y agresivo, que a mezquindad personal.

 

En el caso específico de Sismondi, de alguna manera Marx presume que es parte de la aristocracia arruinada o de la nueva clase pequeño burguesa y sumariamente nombra a Sismondi como el economista jefe de ese grupo. En el Manifiesto del Partido Comunista, en el Capítulo III, sobre Literatura Socialista y Comunista; en el grupo b) Socialismo pequeño burgués Marx explica que En países como Francia donde los campesinos constituyen más de la mitad de la población es natural que los escritores que estaban del lado del proletariado y contra la burguesía, utilizaran en su crítica contra el régimen burgués, el estandarte de los campesinos y los pequeños burgueses, y desde la posición de estas clases intermedias enarbolasen los garrotes por la clase trabajadora. Es así como surgió el socialismo pequeño burgués. Sismondi era la cabeza de esa escuela no sólo en Francia sino en Inglaterra.

 

Luego añade algo que explica la razón por la que desea descalificar a Sismondi. Dice Marx: Esta escuela disectó con mucha agudeza las contradicciones de la producción moderna. Puso al desnudo las apologías hipócritas de los economistas. Probó de manera incontrovertible los desastrosos efectos de las maquinas y de la división del trabajo, la concentración del capital y de la tierra en pocas manos, la sobreproducción y las crisis; señaló la ruina inevitable de la pequeña burguesía y los labradores, la miseria del proletariado, la anarquía en la producción, las evidentes desigualdades en la distribución de la riqueza, la guerra industrial de exterminio entre las naciones, la disolución de los viejos vínculos morales, de las viejas relaciones familiares, de las viejas nacionalidades.

 

A pesar de sus objetivos positivos, sin embargo, esta forma de socialismo aspira bien sea a restaurar los viejos medios de producción e intercambio y con eso de las viejas relaciones de propiedad y la vieja sociedad, o a estorbar los modernos medios de producción e intercambio dentro del marco de las viejas relaciones de propiedad que existieron y que estaban destinadas a ser explotadas por esos medios. En ambos casos, es a la vez utópica y reaccionaria.

 

En ningún lugar ni en el Manifiesto del Partido Comunista o en El Capital, explica Marx –a quien gusta expandirse en minuciosos detalles- las razones por las que afirma que eso sea reaccionario y utópico. Parece fuera de lugar calificar a Sismondi como reaccionario a la propuesta marxista de revolución, porque Sismondi, publicó sus dos obras sobre economía, Nuevos Principios de Economía Política, (1819 y 1827) y Estudios sobre Economía Política (1836), bien antes de las convocatorias de Marx a la revolución proletaria. En cuanto a etiquetarlas de utópicas, hoy día podemos pensar, mirando el pasado, que las propuestas de Sismondi hubiesen ahorrado muchos sufrimientos a los trabajadores con una distribución más justa de la riqueza, que sigue siendo una preocupación muy moderna. Marx tiene alguna responsabilidad en los doscientos años de demora en esas reformas que siguen siendo cada vez más urgentes y necesarias.

 

Sobre Sismondi añade finalmente Marx Sus últimas palabras son: Gremios corporativos para la manufactura; relaciones patriarcales en la agricultura. Una afirmación completamente fabricada y falsa. Sismondi dice claramente en sus Nuevos Principios de Economía Política y en sus Estudios de Economía Política que no quiere volver a los gremios corporativos, pero que se deben buscar los medios de dar la estabilidad al empleo y a la producción que dieron en su tiempo las corporaciones, a pesar de sus defectos. Para eso hace proposiciones novedosas y útiles aún hoy día, como la participación de los trabajadores en la propiedad de las empresas y el salario mínimo. En cuanto a la agricultura, Sismondi rechaza explícitamente el patriarcado como forma de producción. Lo que aconseja es una producción agrícola en pequeñas propiedades agrupadas, porque dice que permiten mayor seguridad alimentaria a los campesinos, dan empleo más estable, mejor calidad en la producción y mayor distribución de la riqueza, algo comprobado con las cooperativas modernas. Así lo dice él mismo: No, yo no quiero volver al pasado, pero quiero algo mejor de lo que hay…no es contra las máquinas, no es contra los descubrimientos que van mis objeciones, es contra la organización moderna de la sociedad….Hoy no son los descubrimientos lo que está mal; es la repartición injusta que el hombre hace de sus frutos.

 

El Sismondi en Marx

 

Para estudiar cuanto de las ideas de Sismondi hay en Marx, el primer paso evidente es mirar cuantas veces Marx cita a Sismondi en el Primer Volumen de El Capital – que es cuando más lo cita y es el único de los tres volúmenes cuya edición atendió Marx personalmente. La técnica que usaremos será la de identificar la cita en los textos de Sismondi, exponerla y luego examinar el contexto en que Marx lo cita y analizar sus comentarios y exponer los nuestros.

 

Marx no siempre menosprecia a Sismondi y por buena causa, porque hay mucho de Sismondi en lo mejor de Marx, tanto o más de cuánto hay de Hegel. Así lo dice Maximilien Rubel (1905 -1996) en su Marx critique du marxisme. Oblicuamente también lo dice el mismo Marx: Sismondi es tan importante como Ricardo; la historia de la economía política moderna… se completa con Ricardo y Sismondi, dos antípodas. Continúa diciendo en la misma obra: El análisis de Ricardo con frecuencia es absurdo. Sismondi, al contrario, muestra  no sólo la existencia de límites a la producción sino como el mismo capital los crea y se encierra en sus propias contradicciones. Más adelante hablando del plus valor- un concepto descubierto por Sismondi- precisa: Para Sismondi las crisis no son accidentes, como para Ricardo, sino explosiones esenciales. Esto viene a sumarse a los reconocimientos ya mencionados en el Manifiesto del Partido Comunista.

 

La influencia de Sismondi en la obra de Marx es grande, innegable y evidente. Sismondi es quien remplaza las tres clases del cuadro de Quesnay por dos clases que luchan entre si: los dueños del capital y los obreros asalariados. Es también de Sismondi el esquema social de un movimiento circular del ingreso nacional donde cada efecto se convierte a su vez en causa y cada paso esta regulado por el que le precede y determina el que le sigue el último devuelve al primer orden. Ese proceso debe regular el gasto nacional, que al absorber totalmente la producción determina una reproducción igual o superior. Es Sismondi quien primero logra abstraer las relaciones de producción en un esquema del mundo capitalista, donde la renta, ganancia, beneficios comerciales e interés del capital son separados y vistos como ingresos del capital; mientras que el consumo es dividido en dos, aquella indispensable a mantener en vida los obreros y el consumo del lujo reservado a los capitalistas. Este esquema es adoptado íntegramente por Marx en su esquema de la reproducción, aunque al mismo tiempo critique el modo como Sismondi explica la transformación del ingreso en capital.

 

El primer libro de El Capital tiene una estructura, que si bien ofrece un orden diverso, expone continuamente temas ya abordados por Sismondi en sus Nuevos Principios de Economía Política  y parafrasea lo esencial de sus argumentos, aunque las conclusiones no sean siempre iguales. La diferencia esencial entre Sismondi y Marx es el modo en que miran la propiedad privada. Sismondi cree que la propiedad privada es una fuente de bienestar que debe ser a repartida a todos, pero por medio de reformas al sistema, porque las soluciones violentas son crueles y efímeras. Marx cree que la propiedad privada es una forma de violencia que desde tiempo inmemorial ejerce una minoría contra la mayoría y por lo tanto debe ser abolida y eso -dice- sólo puede hacerse genuinamente con una revolución violenta.

 

Pero hay muchos puntos de acuerdo En su prefacio a la segunda edición inglesa de El Capital, Marx señala que Ricardo toma los conflictos de clase de Inglaterra como una ley social de la naturaleza y admite que “ya en la vida de Ricardo, en oposición a él, encontró críticas en la persona de Sismondi.”  En El Capital, Capitulo I – La mercancía, cuando Marx habla de la diferencia entre valor de uso y valor de cambio hay frases con idéntico contenido a las de Sismondi, solo que más elaboradas. Dice Sismondi que entre los elementos que componen el precio del productor el trabajo es el más importante; y hasta cierto punto regula los otros, porque hay un salario necesario, por debajo del cual, ni la misma competencia puede reducir por mucho tiempo al obrero. Dice Marx: La igualdad de todas las formas de trabajo humano, se expresa objetivamente porque todos sus productos tienen igualmente valor: su medida es el gasto de poder de  trabajo necesario que asume la forma de la cantidad de valor del producto del trabajo.

 

En El Capital, Parte II. Transformación del dinero en capital, Marx asume como propia la definición de capital que da Sismondi y de nuevo lo parafrasea, pero luego cita sólo su más breve definición. Sismondi explica que la noción de un capital nace de la existencia de la sociedad porque el hombre solo no puede utilizar un exceso de producción. Muestra que es una producción superior a sus necesidades lo que le permite contratar a otras personas a cambio de ese excedente. Luego expone como La formación de la sociedad y la introducción de los intercambios, permite multiplicar casi indefinidamente esa semilla [trigo]  esa parte fructífera de la riqueza acumulada y eso es lo que llamamos capital, que es usado para pagar la ayuda de la gente. Esa participación aumenta más aún la producción, que a su vez forma un nuevo capital. Antes el productor consumía su excedente como una renta pero desde que ese resto que es utilizado en pagar obreros productivos …, se convierte en un valor permanente, que ya no perece más; esto es, en un capital. Ese valor se separa de la mercancía que lo creó; permanece como una cantidad metafísica e insustancial.

 

Marx dice que sólo cuando el dinero asume la forma de una mercancía se convierte en capital y es un medio maravilloso para hacer del dinero más dinero. Por su mera circulación las mercancías tienen valor y es así como la circulación del capital se presenta de pronto como una sustancia independiente, dotada de un movimiento propio … que tiene relaciones privadas consigo misma… Sale y entra de nuevo en la circulación, se preserva y se multiplica el mismo dentro del circuito, sale de él con un volumen expandido y recomienza siempre de nuevo.

 

Después de la filosófica descripción de Sismondi y la muy similar y algo más pintoresca de Marx, ambos describen como el capital comercial y el capital industrial funcionan siempre comprando más barato de lo que venden, unos la mercancías y los otros comprando insumos que luego se convierten en mercancías. En este punto, Sismondi ya sugiere la plusvalía, que luego describirá explícitamente y acuñara ese término: el obrero tiene por única renta su trabajo,…mientras que su trabajo se convierte en capital para su patrón. Luego Sismondi pasa a describir como la división del trabajo hizo nacer la diferencia de las clases y acentuó el sometimiento del que nace sin otro ingreso que su capacidad de trabajar. Señala que la reducción a operaciones simples y repetitivas aumenta la dependencia del empleador y el embrutecimiento de la persona, otro tema que será desmenuzado por Marx. 

 

En la parte II del Vol. I de El Capital, Capítulo VI – La compra y venta del poder de trabajo, de nuevo aparece la influencia de Sismondi, que además es citado. Dice Sismondi: Mal grado la oposición que hemos establecido entre los ingresos que vienen de la riqueza y aquellos que solo son una potencia de trabajo, reina entre ellos no obstante, una relación esencial: tienen el mismo origen, pero en épocas distintas. Entre quienes se reparten el ingreso nacional hay unos que adquieren cada año un nuevo derecho con un nuevo trabajo, los otros adquirieron un derecho anterior permanente por un trabajo primitivo… que equivale al interés y ganancia de los capitales circulantes a los que hizo nacer otro trabajo primitivo.  

 

En cuanto a la venta específica del poder de trabajo, dice Sismondi y Marx lo cita parcialmente: Los pobres, como solo tienen por ingreso su trabajo, dependen, antes de gastarlo, de las clases superiores. Es necesario que realicen un trabajo, es necesario que lo vendan antes de obtener el goce de sus frutos….La potencia de trabajar da un ingreso sólo cuando es empleada; sino encuentra comprador,  no es nada.

 

Sobre ese tema dice Marx: Cuando hablamos de capacidad de trabajar, no hablamos de trabajo, como tampoco cuando hablamos de capacidad de digerir hablamos de digestión. Este último proceso necesita algo más que un buen estómago. Cuando hablamos de capacidad de trabajo, no nos abstraemos de los medios de subsistencia necesarios. Al contrario, sus valores se expresan en ese valor. Si su capacidad de trabajar se queda sin vender el trabajador no deriva algún beneficio de eso, y en este punto cita en una nota esa última frase de Sismondi.

 

La Plus-Valía

 

En Nuevos Principios de Economía Política, Libro II, Capítulo V, Sismondi describe como funciona la plus-valía y la identifica con ese nombre (mieux-value). También se referirá a ella en una obra anterior, Estudios sobre las constituciones de los pueblos libres. Marx lo cita cuando explica el concepto de plus valía y lo describe en modo parecido, pero luego elabora sobre él y explica su noción de como se produce una plus-valía relativa. Algo parecido a lo que hizo con el método hegeliano de análisis dialéctico.

 

Cuando Sismondi, explica como se efectúa la repartición del ingreso nacional entre las diversas clases de ciudadanos, dice que hay tres fuentes permanentes de riqueza: la primera es la tierra que tiene una fuerza espontánea que el hombre puede dirigir; la segunda es el capital usado para pagar el trabajo; la tercera es la vida  que da la potencia de trabajar. Todas tres -dice- tienen una relación directa con el trabajo y sin trabajo no hay riqueza. 

 

Luego describe cómo funciona esa relación en la agricultura y en la industria. A diferencia de la agricultura, dice, la potencia de producir de la fábrica se debe enteramente a un trabajo anterior del hombre, que la ha creado en su totalidad…. Las fábricas ponen en juego ayudas infinitamente superiores a las del hombre, el movimiento del aire o del agua, el del vapor, sus productos, por lo menos donde quiera que la tierra se ha convertido en propiedad, son más lucrativos que los provenientes de la agricultura…. A diferencia de la tierra, reúne sólo las otras dos fuentes de riqueza: la vida que da la facultad de trabajar y el capital que paga el salario. Cuando esas dos potencias se reúnen, tienen una fuerza expansiva y el trabajo que el obrero hará durante el año, valdrá siempre más que el trabajo que realizó el año precedente y que lo mantiene. Es a causa de esa plus-valía, que es mucho mayor que la que los progresos que las ciencias han dado a las artes,…que la industria produce un crecimiento constante de la riqueza. Ese crecimiento puede formar la renta de los industriales o añadirse a sus capitales, pero no queda en las manos de quien trabaja. Resulta de eso una repartición desigual entre el capitalista y el obrero, en el cual el capitalista se esfuerza por no dejar al obrero más que lo necesario para mantenerlo en vida, mientras se reserva para si todo lo que el obrero produjo por encima del valor de esa vida. El obrero, de su lado, lucha por conservar una parte mayor del trabajo que hizo.

 

Marx desarrolla este tema sobre la misma base conceptual, pero llevándolo a un nivel de horas de trabajo. Asume que el valor de la mitad de la jornada laboral basta para mantener al obrero y que la otra mitad que el obrero también trabaja se la apropia el capitalista. Primero asume una jornada de 12 horas y divide el trabajo en trabajo necesario y trabajo superfluo, después de hacer una demostración aritmética con valores dados, elabora la diferencia entre plus-valía y plus-valía relativa: La plus-valía producido por la prolongación del día de trabajo la llamo plus valía absoluta. En la otra mano, la plus-valía proveniente de la reducción del tiempo de trabajo necesario y de la correspondiente alteración en la duración respectiva de los dos en la jornada laboral, lo llamo plus-valía relativa.

 

Esta última definición habría debido tal vez preceder un largo párrafo previo donde Marx explica lo que quiere decir por aumento en la productividad del trabajo y donde también cita a Sismondi. El párrafo dice Por incremento en la productividad del trabajo queremos decir, generalmente, una alteración del proceso de trabajo de tal modo que acorta el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir un bien y permitir una cantidad de trabajo dada con el poder de producir una mayor cantidad de valor de uso.

 

En este punto, Marx cita a Fernando Galiani en Della Moneta y también a Sismondi, cuando este dice El ahorro a expensas de la producción es necesariamente ahorro en la cantidad de trabajo usado en la producción. Esta cita de Sismondi es inexacta, fuera de contexto y ni siquiera en la obra y página mencionadas. Esta viene de un párrafo en la introducción de sus Études, cuando Sismondi explica como la concurrencia internacional está causando un daño universal: Si todos trabajan para incrementar su producción, todos trabajan también para producir más barato y cada una de estas acciones es la consecuencia, es el complemento necesario de la otra. Si como hemos dicho, la riqueza es el fruto del trabajo; ahorrar en los gastos de producción no puede ser otra cosa que ahorro en la cantidad de trabajo o ahorro en la retribución del trabajo. Parece que Marx ve, en la frase auténtica de Sismondi, un matiz que contraría esa simplificación suya. 

 

Salarios

 

En relación con los salarios, Sismondi también anticipa algunas ideas de Marx y Marx lo reconoce, por lo que lo cita en El Capital, Parte VI, Capitulo XIX, donde atribuye a Sismondi haber dicho en uno de sus primeros trabajos, De la Richesse commerciale: Debe haber un acuerdo por el cual siempre que haya un cambio entre trabajo hecho por trabajo por hacer, el capitalista debe recibir mayor valor que el trabajador

 

De nuevo encontramos que Marx distorsiona la frase de Sismondi y la saca de contexto. La frase o algo parecido aparece en el libro mencionado, en su Capítulo I, cuando Sismondi explica cómo se creó, al origen de la sociedad, el intercambio de trabajo contra salario: Como cada hombre debe consumir antes de producir, el obrero pobre se encuentra dependiendo del rico, y no puede vivir o trabajar si no tiene los alimentos y bienes que necesita contra aquellos que promete hacer con su trabajo. Ese cambio no puede ser gratuito….Se debe reconocer que cada vez que se intercambia trabajo hecho contra trabajo por hacer, el último tendrá un valor superior al primero, o en otros términos, que el propietario del excedente acumulado sacará un provecho proporcionado a sus adelantos.

 

Pero Sismondi, en sus posterior libro Nuevos Principios de Economía Política, Libro IV, Capítulo V Salarios, que Marx obviamente conocía y que cita con frecuencia, pero que no menciona cuando se refiere a salarios, dice mucho más que eso, y encontramos trazas evidentes de sus ideas en el modo como Marx enfoca el tema.

 

Sismondi dice, que entre los elementos que son tomados en cuenta para fijar el precio del productor en el mercado, la mano de obra es la más importante, porque es el regulador de los otros, porque hay un salario necesario,…; mientras que la reducción del interés del dinero o de la ganancia del capital, parece poder ir al infinito… El bajo precio del trabajo en general permite colocar las manufacturas a bajo precio…Pero el precio del trabajo puede ser real o nominal, dependiendo de que las cosas necesarias  para la vida contra las que se cambia sean insuficientes o abundantes…. Con frecuencia se mira como una ventaja nacional que sea bajo el precio de la mano de obra, sin querer examinar si es nominal o real; se alaba el patriotismo de los industriales que rehúsan aumentar los sueldos de los obreros, y los gobiernos a veces los secundan, fijando salarios y manteniéndolos con la fuerza… No es la ganancia del industrial lo que constituye el interés nacional, sino el beneficio que la fabricación reparte entre todas las clases que concurren en ella… Las naciones se enriquecen cuando aumentan su ingreso, pero no cuando el ingreso de una de sus clases es usurpado por la otra… El salario no es sólo una compensación del trabajo; es el ingreso del pobre; por consecuencia debe ser suficiente no sólo para mantener su actividad, sino también cuando no trabaja. Debe proveer a la infancia y a la vejez, como durante la edad viril, cuando  enfermo como en buena salud.

 

Marx trata los salarios en varios capítulos muy detallados. En su Capítulo XIX dice que La economía clásica tomó de la vida diaria la categoría « precio del trabajo », sin más criticismo y luego se preguntó cómo se determina… Como con las otras mercancías, ese valor lo determina el costo de producción.

 

En el Capítulo XX analiza los salarios mismos y encuentra que pueden presentar muchas formas. En primer lugar por el tiempo de trabajo para el pago, luego por la distinción entre el valor de intercambio del poder de trabajo y la suma de las necesidades  de  la vida en las cuales ese valor se convierte, luego reaparece en la distinción entre salarios reales y nominales. (Pág. 268) La suma de dinero que el obrero recibe por su trabajo diario o semanal constituyen su salario nominal. Pero está claro que…el salario puede representar precios del trabajo distintos…Por consiguiente, los salarios diarios y semanales pueden permanecer iguales aunque el precio del trabajo caiga constantemente. Si por ejemplo, el día de trabajo habitual es de 10 horas y el valor diario del trabajo es de 3 chelines, el precio de la hora de trabajo es de 0,3s. , este precio cae a 0,25 cuando el horario de trabajo sube a 12 horas…El mismo resultado se obtiene si en lugar de la extensión de la jornada laboral se aumenta la intensidad[xxx].

 

Luego Marx habla del pago por pieza terminada  en el Capitulo XXI y pasa a mirar la competitividad internacional del trabajo en el Capítulo XXII donde dice que la calidad del trabajo en este caso se controla a si misma, porque debe tener un promedio de perfección para que el precio por pieza se pague completo….El trabajo por pieza, tiene por lo tanto, una tendencia a que a elevar los salarios por encima del promedio, mientras baja el promedio…y entonces en un agudo análisis concluye que aun cuando con frecuencia los obreros ganen más con este sistema, el precio por hora y los lapsos de desempleo con frecuencia rebajan la ganancia total.

 

En el Capítulo XXII – diferencias en salarios nacionales– Marx afirma muy apropiadamente que En la comparación de los salarios en diferentes naciones, debemos por lo tanto, tomar en cuenta todos los factores que determinan cambios en la cantidad del valor del poder de trabajo; el precio y extensión de las necesidades básicas de la vida ….Pero la ley del valor en su aplicación internacional es aún modificada por el hecho de que en el mercado mundial el trabajo nacional más productivo es también el más intenso, siempre que  la nación más productiva no se vea obligada a bajar el precio de venta de sus mercancías al nivel de su valor. Aún cuando Marx analiza muy agudamente todo el tema de salarios e insinúa la perspectiva internacional, es notable que no aborde en ninguna parte discute el daño que hace esa competencia internacional a los trabajadores extranjeros y a su estabilidad laboral, como Sismondi lo hace una y otra vez. Tampoco  considera aspectos de Seguridad Social para desempleados o para obreros enfermos o viejos, como hizo Sismondi primero y luego propusieron otros autores contemporáneos de Marx, como la bien detallada de  John Ruskin en Unto this Last

 

La reproducción del capital

 

La reproducción del capital es otro tema que abordó Sismondi y luego Marx, que lo cita. En sus Nuevos Principios de Economía Política, Libro II, Capítulo IV – Como nace la renta del capital, Sismondi explica que El comercio, que es el nombre genérico que damos al conjunto de los intercambios, complica la relación que debe existir entre la producción y el consumo, pero aumenta su importancia… desde que cada uno trabaja para todos, la producción de todos debe ser consumida por todos y cada quien debiera tener en vista, al producir, la demanda final de la sociedad …que sabemos que es limitada.

 

Continúa Sismondi: La sociedad sólo puede consumir su renta anual, si menguase su capital destruiría al mismo tiempo sus medios de reproducción y de consumo futuro. La totalidad de cuanto produce está destinado al consumo y si los productos anuales, cuando son llevados al mercado no hayan consumidores, se suspende la producción y la nación se arruina en medio de la abundancia. Es una situación que se repite en los tiempos modernos.

 

Sismondi dice que comprender la naturaleza de lo que es capital y lo que es renta es abordar la cuestión más abstracta y más difícil de la economía política, porque se confunden sin cesar. Vemos como lo que es renta para uno se convierte en capital para otro y que el mismo objeto, al pasar de mano en mano, recibe distintos nombres. Mientras tanto su valor, que se separa del objeto consumido, parece una cantidad metafísica que uno gasta y el otro cambia, que perece  con el objeto mismo en uno y que se renueva en el otro y dura tanto como dure la circulación.

 

El obrero cambia su trabajo por un salario que es su renta y ese trabajo se convierte en capital del patrón, que lo intercambia por otro capital donde cada uno guarda el suyo bajo una forma diferente, hasta llegar al consumidor final que lo compra con su renta.

 

Como sólo el trabajo tiene la facultad de crear riqueza… todo capital debe ser empleado en poner a trabajar, porque toda riqueza… debe ser intercambiada contra una riqueza futura que el trabajo deberá producir….El beneficio de un empresario con frecuencia no es otra cosa que una expoliación del obrero que emplea; no gana porque su empresa produce más de lo que cuesta, sino porque no paga todo lo que cuesta. Sismondi distingue entre Capital Fijo y Capital Circulante y una tercera forma que es el valor con que el producto terminado sobrepasa las inversiones que se hicieron: ese valor que llamamos renta del capital y esta destinado al consumo.   

 

Es inesperado que la cita que Marx hace de Sismondi en este tema no mencione el capítulo y sea de la edición de 1819, que además es la citada en la bibliografía de El Capital. Ese texto fue revisado en la edición de 1827, que Marx conocía bien porque la cita en esta y en otras obras suyas. La parte sustancial de esa cita de Sismondi dice: La riqueza, como el trabajo y a través del trabajo, produce un fruto anual, que puede ser destruido cada año sin que un hombre rico se haga más pobre. Este fruto es la renta que surge del capital. Esta frase se encuentra en Nuevos Principios de Economía Política, Libro II, al final del capítulo III.

 

La explicación de Marx sigue y expande los razonamientos de Sismondi. En El Capital, Parte siete, dice: La conversión de una suma de dinero en medios de producción es el primer paso de la suma de valor que va a funcionar como capital. Esa conversión se realiza en el mercado, dentro de la esfera de la circulación. El segundo paso, el proceso de producción, se completa en cuanto los medios de producción se han convertido en mercancías cuyo valor excede el de sus componentes, de modo que contiene el capital invertido, mas una plus-valía. Esas mercancías deben ser puestas en circulación. Deben ser vendidas, su valor convertido en dinero, ese dinero convertido de nuevo en capital y así una y otra vez. … El capitalista que produce plus-valía – que extrae trabajo que no paga de los trabajadores y lo mete en las mercancías- es el primero en apropiárselo, pero no el último dueño de esa plus-valía. Debe compartirla con el dueño de la tierra, etc., que llenan otras funciones en el complejo de la producción social. La plus-valía se reparte entre varias partes. Sus fragmentos le caen a varias categorías de personas y asumen varias formas, independientes unas de las otras, tales como ganancia, interés, ganancia comercial, renta, etc.… Hasta donde el proceso de acumulación tiene lugar, el capitalista debe haber tenido éxito en vender sus mercancías y reconvertir el dinero de la venta en capital.

 

En el Capítulo XXIII, que sigue a esa introducción de Marx que hemos citado, encontramos que Una sociedad no puede más dejar de producir que cuanto pueda dejar de consumir. ..y cada proceso de producción es un proceso de reproducción…El trabajador no es pagado hasta después de haber gastado su poder de trabajo, y creado en mercancías no sólo su valor sino su plus-valía. Pero ese proceso debió tener un principio de algún tipo …parece probable que el capitalista, alguna vez, obtuvo dinero por una acumulación que sucedió con independencia de los trabajos dejados de pagar a otros, y que fue así como pudo presentarse en el mercado como comprador de poder de trabajo. En este preciso punto Marx cita a Sismondi cuando describe la inferioridad en que se encuentra el obrero al regatear su salario: el trabajador pide la subsistencia para poder vivir: el patrón pide trabajo para obtener una ganancia.

 

Más adelante en el Capítulo XXIV Conversión de la plus-valía en capital, Marx dice Desde un punto de vista concreto, la acumulación se resuelve a si misma en la reproducción del capital en una escala progresiva. El círculo en el cual la reproducción se mueve altera su forma y para usar la expresión de Sismondi, se convierte en una espiral. Esta cita Marx la complementa con una nota donde objeta que el análisis de  Sismondi sobre la acumulación sufre del gran defecto de que él se conforma hasta un cierto punto con la frase “conversión de renta en capital”, sin profundizar en las condiciones materiales de la operación. Una apreciación evidentemente infundada porque, como ya vimos sintéticamente, Sismondi le dedica el entero Capítulo IV y el Capitulo V del Segundo Libro de sus Nuevos Principios de Economía Política al estudio de la transformación de la renta en capital, además de volver sobre ese tema en otros capítulos. Es cierto que Marx le dedica mucho más espacio: toda la Séptima Sección, con sus siete capítulos y también es cierto que todo ese espacio está constelado de citas de Sismondi.

 

Siempre sobre la conversión de la plus-valía en capital, Marx releva otro punto de coincidencia que presenta artificialmente como en polémica con Sismondi: es sobre el origen del primer capital inicial que contrató los primeros obreros de los cuales se extrae luego la plus-valía.

 

Marx asume un capital original de 10.000£. Luego se pregunta ¿Cómo es que el dueño entro en posesión de eso? « De su propio trabajo y el de sus antepasados » dicen unánimemente los portavoces de la economía política y cita a Sismondi en una nota, cuando dice « El trabajo original del cual nace el capital ».   Marx evidentemente quiere poner a Sismondi en el mismo grupo con los miembros de la escuela liberal inglesa, por eso omite que Sismondi especifica claramente que Aquel que tenía provisiones en reserva, ofreció alimentar a quien tenía sus graneros vacíos, a condición de que este último  trabajara para él. Ese alimento dado a cambio de trabajo fue llamado salario. Luego, más adelante, especifica que….cuando una parte de la renta se utiliza para nutrir obreros productivos; una vez cambiada contra el trabajo, o contra frutos provenientes del trabajo…, se convierte en un valor permanente, multiplicador. Un valor que no perece más; se convierte en capital.  Esa específica afirmación es seguida por una detallada descripción de cómo vivir en sociedad trajo consigo intercambio de excedentes para beneficio mutuo y como se establece la diferencia entre renta, capital y salario.   

 

Marx reconoce luego que, en efecto, la suposición de Sismondi parece como la única acorde con las leyes de la producción de mercancías. Aún así, insiste Pero es bien diferente con respecto al capital adicional de 2000£, refiriéndose a esos que produjo la plus-valía de los 10.000 £ iníciales. …No hay un sólo átomo de ese valor que no deba su existencia a trabajo no pagado.  Sismondi hubiese estado bien de acuerdo con Marx en que esas 2000£ venían de una plus-valía del trabajo obrero; como que ya había dicho exactamente eso, 40 años antes.

 

El proceso de producción

 

En el tema de la plus valía Sismondi hace una reflexión que explica la conveniencia del capitalista en mantener a los pobres apartados de la riqueza y tal vez la repugnancia que luego tendrá Marx contra la idea de convertir a los obreros en propietarios, en pequeños burgueses, poco aptos para hacer una revolución. Dice Sismondi que: …cada obrero puede producir cada día más y mucho más de lo necesario para su propio consumo. Pero al mismo tiempo que su trabajo produce riqueza, si se le dejase disfrutar de esa riqueza, eso lo haría inapropiado para el trabajo; es por eso que la riqueza no se deja casi nunca en posesión de aquel que usa sus brazos para vivir.  Continúa Sismondi: La riqueza sin embargo viene de su trabajo, y …aunque el obrero, por su trabajo diario haya producido mucho más de lo que gasta al día, es raro que después de compartirlo con el propietario de la tierra y con el capitalista, le quede gran cosa más allá de lo estrictamente necesario. …El salario no representa una cantidad absoluta de trabajo, sino sólo una cantidad de subsistencias que basta para mantener a los trabajadores del año precedente. La misma cantidad de subsistencias moverá el año siguiente, una cantidad de trabajo más o menos grande; y de esa fluctuación en la proporción de esos dos valores, resulta el aumento o la disminución de la riqueza nacional, la holgura o la miseria de la clase productiva, la multiplicación o la destrucción de la población.    

 

Estas constataciones de hecho, sobre producción de mercancías y sus importantes repercusiones para la prosperidad social y nacional, que Sismondi presenta juntas, serán separadas en varios fragmentos por Marx cuando habla del excedente relativo de población. Luego recorrerá lo expuesto por Sismondi en su Nuevos Principios, Libro II- Formación de la Riqueza, Capítulo III –aumento de las necesidades del hombre social, y límites de la producción y Capítulo IV – como la renta nace del capital, entre la página 79 y la 85, para construir un discurso algo incongruente, pero que deja la impresión de que Sismondi menosprecia al obrero y aprueba la existencia de una masa de obreros población disponible para la explotación. Marx le atribuye a Sismondi haber descubierto que la infinita multiplicación del poder productivo del trabajo solo puede tener por resultado el aumento del lujo y los goces de los ricos ociosos. Sismondi, como hemos visto, afirmó algo parecido, pero en tono reprobatorio, cuando explicó la formación de la riqueza y su distribución entre las diferentes clases sociales.  

 

Cuando explica sus leyes de la producción de mercancía, Marx dirá:

 

Es así como la transformación del dinero en capital procede en estricto acuerdo con las leyes de producción de mercancías, tanto como con los derechos de propiedad que se derivan de ellas. Sin embargo tienen los siguientes resultados:

 

  • Los productos pertenecen al capitalista y no al trabajador.
  • El valor del producto incluye por encima del valor del capital invertido un valor adicional, que ha costado al obrero trabajo y nada al capitalista que sin embargo es su legítimo dueño.

 

  1. El obrero ha reproducido su poder de trabajo, que puede vender de nuevo, si consigue comprador.     

 

Después de esta afirmación, Marx añade: Simple reproducción es sólo la repetición periódica de este ciclo. Cada vez que se repita se transforma de nuevo en capital. La ley general no es violada; al contrario, encuentra ocasión de manifestarse. En este punto Marx cita a Sismondi, cuando dijo: Los varios intercambios sucesivos sólo han convertido al último en el representante del primero. Esta frase la escribe Sismondi en su Nuevos Principios, Volumen I, Libro II Formación y progreso de la riqueza, Capítulo II Formación de la riqueza por intercambios, en la edición de 1827. El párrafo entero dice que los intercambios no alteran la naturaleza de la riqueza; que siempre es una cosa creada por el trabajo… que es la necesidad lo que le da valor, aunque sea otro quien se ponga en el lugar del productor para consumirla…Un hombre la elaboró, un hombre la guardó porque un hombre la necesitaba y la consumiría; poco importa que este hombre sea el mismo, los intercambios sucesivos sólo hacen al último el representante del primero. 

 

Marx acepta y comparte la elegante y estilizada descripción que da Sismondi de la mecánica de los intercambios desde la producción hasta el consumo. Pero resulta desconcertante es que no cita también la descripción, que también comparte, sobre como la mercancía se convierte en capital, que es el tema específico que trata y que Sismondi aborda en el Capítulo VIII Como el comercio secunda  la producción y remplaza el capital productivo, que está en ese mismo Libro II. Puede atribuirse, tal vez, al desorden en sus papeles por el que era notorio Karl Marx.

 

Marx de nuevo cita a Sismondi fuera de contexto cuando comenta sobre la anterior cita de Sismondi Dice Marx: Sin embargo, hemos visto que el proceso de simple reproducción basta para impregnar esta primera operación – hasta donde era considerada como una transacción aislada – con un carácter completamente distinto.  Aquí pone comillas y parafrasea a Sismondi: “Entre aquellos que comparten en ingreso nacional, algunos” (los trabajadores) “adquieren cada año un nuevo título a este por un trabajo nuevo, mientras que otros” (los capitalistas) “han adquirido previamente un título permanente por un trabajo primitivo”. El campo del trabajo, evidentemente, no es el único en el que la primogenitura hace milagros.  Ese sarcasmo está fuera de lugar si recordamos la ya mencionada explicación de Sismondi sobre el proceso de producción y el origen del capital. Además, Marx aquí insinúa que Sismondi es defensor de la primogenitura, mientras que Sismondi, en muchas obras suyas, todo a lo largo de sus Nuevos Principios y específicamente en su Tercer Libro, sobre la riqueza de la tierra (sur la richesse territoriale) aboga por la eliminación de la primogenitura.

 

Como vimos, la cita que menciona Marx viene se encuentra en Nuevos Principios, Libro II, Capítulo V – Repartición del ingreso nacional entre las distintas clases de ciudadanos. En ella Sismondi solo describe el mundo real, que es el prerrequisito de toda ciencia Allí analiza como se distribuye el ingreso anual del proceso de producción capitalista en la agricultura y la manufactura.  Explica la lucha de clases en la repartición entre el capitalista y el obrero, cuyo resultado es importante. Es allí donde se encuentra esa cita y su contexto adecuado para interpretarla. Ese párrafo termina con una frase final que Marx omite: … un trabajo anterior, que hace el trabajo anual más ventajoso. Cuando Marx omite esas últimas siete palabras, elimina la alusión al capital fijo y al capital circulante y distorsiona el entero sentido. El párrafo completo de Sismondi dice: Hemos visto que a pesar de su oposición entre los ingresos que nacen de la riqueza, y los que sólo son una potencia de trabajo, hay entre ellos una relación esencial, su origen es el mismo [el trabajo], pero en época distinta. Entre quienes se reparten el ingreso nacional, unos adquieren cada año un nuevo  derecho a un nuevo trabajo, los otros adquirieron anteriormente un derecho permanente por un trabajo anterior, que hace el trabajo anual más ventajoso

 

En sus Nuevos Principios, LibroII, Capítulo VIII – Como el comercio sostiene éa producción y remplaza el capital productivo, Sismondi hace algunas afirmaciones básicas y elementales: Nunca los intercambios se hicieron sin ventaja de las dos partes… uno saca del dinero que recibe mejor partido que de sus mercancías y el otro saca mejor provecho de las mercancías que de su dinero. Todos ganan  y por consecuencia la nación gana doblemente. Igualmente, cuando un patrón pone a trabajar un obrero, le entrega a cambio de su trabajo un salario que corresponde a su subsistencia, ambos ganan: el obrero porque se le entrega el fruto de su trabajo cuando aún está por hacerse; el patrón, porque el trabajo del obrero valía más que su salario, y la nación gana con los dos: porque como la riqueza nacional debe realizarse, en último análisis, con goces, y todo cuanto sea más cómodo y aumente los goces individuales es ganancia para todos

 

De nuevo, este párrafo de Sismondi sólo describe el funcionamiento de una realidad, pero Marx lo cita y parafrasea en plan de sátira: “Ambos lados ganan: el trabajador porque se le adelanta el fruto de su trabajo”( léase, el trabajo no pagado a otros trabajadores) “cuando aún está por hacerse” (léase, antes de que el suyo de fruto); “el patrón, porque el trabajo del obrero valía más que su salario” (léase, produce más valor que su salario) Marx omite intencionalmente la última oración referida al beneficio individual y nacional. Ese vitriolo es inadecuado, porque Marx sabe muy bien que fue Sismondi quien primero descubrió la apropiación por el capitalista de la plus-valía del trabajo y el primero en criticarla.

 

El concepto de proletario

 

Fue Sismondi quien recuperó de la antigüedad romana la palabra proletario, que con la capacidad sintética del latín describe a la vez la tragedia, el papel socio- económico y la mentalidad de la clase trabajadora paupérrima que surgió de la revolución industrial. En sus Nuevos Principios de Economía Política elabora sobre ese tema varias veces y también lo desarrolla en varias de sus muchas obras.  Sismondi lo presenta como un fenómeno inglés y en varias ocasiones explica que la repartición de tierras que sucedió en Francia durante la Revolución Francesa creó una sociedad donde una mejor distribución de la riqueza y la propiedad han creado un ambiente social más humano y una más amplia participación política.

 

Sismondi describe el origen de la palabra y su significado con trazos dramáticos: Es así como, mientras más privado está el pobre de toda propiedad, más riesgo corre de equivocarse sobre su ingreso, y de contribuir a aumentar una población que, al no corresponder a la demanda de trabajo, no encontrará subsistencia. Esta observación es tan antigua como para haber pasado al lenguaje, y haber sido transmitida de la lengua latina a las lenguas modernas. Los romanos llamaban proletarios a quienes no tenían alguna propiedad, como si más que todos los otros, estuvieran llamados a tener hijos: Ad prolem generandum.[lx]     .

 

En su advertencia a la segunda edición de sus Nuevos Principios Sismondi traza un cuadro angustioso de los efectos de la mala distribución de la riqueza en la economía inglesa y lo atribuye a que sigue los novedosos principios liberales de David Ricardo y sus discípulos: Han pasado siete años y me parece que los hechos han combatido victoriosamente a mi favor. Estos han probado, mejor de cuanto yo hubiese podido hacerlo, que los sabios de quienes me separé estaban persiguiendo una falsa prosperidad; que sus teorías, allá donde fueron puestas en práctica, podían aumentar la riqueza material, pero …que tienden a hacer al rico más rico y también al pobre más pobre….Inglaterra ha dado nacimiento a los más célebres economistas. Su ciencia es profesada hoy con redoblado ardor…La nación inglesa encontró más económico renunciar a los cultivos que demandan más mano de obra y despidió a la mitad de los labradores que habitaban sus campos; encontró más económico remplazar con máquinas a vapor los trabajadores manufactureros y así despidió, retomó y despidió de nuevo los obreros de las ciudades; y los tejedores que dejaron su lugar a los power looms (telares movidos a vapor) hoy día  sucumben al hambre; encontró más económico reducir todos los obreros al salario más bajo con el que puedan vivir y los obreros, no siendo otra cosa que proletarios, no han temido de sumirse en una miseria más profunda aún, criando familias siempre más numerosas; encontró más económico alimentar a los irlandeses solo con papas y vestirlos con harapos, es así como cada packet-boat les trae legiones de irlandeses que como trabajan más barato que los ingleses, los desplazan de todos los oficios.

 

Sismondi menciona de nuevo el papel de los proletarios en sus Nuevos Principios, Libro VI Sobre los impuestos, Capítulo VI – Impuestos al consumo. El tema de los impuestos indirectos al consumo, llamados ahora Impuesto al Valor Agregado, es de gran relevancia hoy día, así que citaré la opinión de Sismondi en su párrafo más sintético: Es por eso una proposición muy injusta e inhumana, la que se  repite, de suprimir todas las imposiciones directas, y exigir todas las rentas del Estado con impuestos sobre los consumos. Eso equivale casi a dispensar de todo impuesto a los ricos, y no exigirlos más que a los pobres. En varios sentidos, sería como volver, al sistema feudal en que el noble nada pagaba; pero esa innovación trae un perfeccionamiento de la aristocracia, porque bastaría hacerse rico para estar dispensado de pagar.

 

Hablando siempre del tema impositivo, vuelve a mencionar a los proletarios y su probable extensión. Se refiere a un proyecto francés de cobrar un impuesto sobre el pan. Lo considera injusto y además inaplicable. Primero porque esos pocos centavos son importantes para los pobres, mientras que no tienen importancia para los ricos, que comen casi la misma cantidad de pan. Además, dice, es  inaplicable. ¿Es que hemos calculado que cinco sextos de habitantes de Francia no compran su pan, sino que lo hacen de su propia cosecha o de la cosecha del patrón? …Quedarían pues, los habitantes de algunas grandes ciudades y los más miserables entre los proletarios, que suman tal vez cinco millones de habitantes, que cada día compran su pan al panadero.

 

Sismondi trata el tema de los proletarios con mayor profundidad en sus Estudios sobre economía política, Primero narra como la burguesía de las ciudades y las corporaciones cometieron excesos de exclusión, que deseaban la justicia, la libertad, la igualdad para ellos mismos; pero sin mirar al resto de la nación…. Cerraban cuanto podían el ingreso a su sociedad, rechazaban a los habitantes del campo que deseaban ser ciudadanos, aumentaban las condiciones para el aprendizaje, con dificultad otorgaban la Maestría… y así lograban que la industria de las ciudades estuviese en inferioridad en cuanto al número de brazos empleados, pero en gran superioridad con respecto a las recompensas que acordaba. Los burgueses se habían reservado tantos monopolios que solo ellos ejercían todos los oficios y recogían de sus conciudadanos los beneficios de esos monopolios. Es decir mantenían el mercado imperfectamente aprovisionado, que vendían caro y con gran beneficio y que ponían poco celo en la calidad de sus mercancías, por la seguridad que tenían de encontrar siempre una salida.[lxv]

 

Su descripción de las corporaciones esos tiempos lejanos nos recuerdan los efectos más recientes de las políticas monopolistas de los carteles en algunos países desarrollados o en desarrollo. Nos cuenta las desventajas de ese sistema, pero luego plantea una pregunta con respecto a la protección social: Ese sistema, considerado en relación a las cosas, en relación a la creación de riquezas, y a las reglas de la crematística, sin duda era malo; ponía al mismo tiempo obstáculos a la abundancia, al perfeccionamiento y al buen precio, pero con respecto a las personas, ¿hemos calculado bien todos los efectos al destruirlo?   

 

 Esos excesos de poder de las corporaciones  llevaron a su abolición y eso dio inició a un descontrol de la producción que creó el proletariado. Dice Sismondi: La abolición de las corporaciones y de todos sus privilegios creo los primeros proletarios, los jornaleros de las ciudades. Todos podían desde entonces entrar en cualquier oficio, sin aprendizaje, sin ser parte de un gremio, sin taller, sin tienda, se pudo trabajar sobre el capital ajeno, en la empresa ajena, sin haber acumulado nada, y se creyó ganar una libertad  al perder una garantía. Al principio los obreros, los proletarios, no eran más que un pequeño número, algo como una situación excepcional…pero bien pronto se multiplicaron por causas que iremos a exponer: cuando todos los antiguos maestros, oficiales y aprendices desaparecieron casi que totalmente y hoy son sólo los proletarios quienes ejecutan la mayor parte de los trabajos en las ciudades.     

 

Sismondi entonces nos explica que, este cambio fundamental y revolucionario, se había agravado y se  había impuesto a la sociedad por la lucha universal creada por la competencia del mercado; que el efecto inmediato de esa lucha, fue la introducción del proletario entre las condiciones humanas.

 

Luego observa que esa revolución no fue tan brusca en el campo y que los campesinos mejoraron su vida al abolirse los derechos feudales. Sólo los arrendatarios, en los países de extensos cultivos, descubrieron que les convenía mas dirigir los trabajos que hacerlo ellos mismos…y hacerlos ejecutar… por los proletarios de la agricultura. La revolución económica que remplazó a los antiguos labriegos con los proletarios de la agricultura sólo ha sucedido en Inglaterra, pero se ve que comienza en todas partes. Su número aumenta y disminuye el de los labriegos. Le añade una reflexión sobre la influencia de la agricultura en la identidad y el espíritu nacional, que se acerca al moderno concepto de la multifuncionalidad que respalda la Política Común Agrícola de la Unión Europea.: El campesino es el cultivador a quien le importa el país, que hereda y que tiene derecho a una parte del país; el jornalero sólo mira a su jornal, cultiva sin interés en el país. El primero mira a la perpetuidad, el segundo no tiene ni pasado ni futuro.

 

Los efectos de la acumulación de grandes capitales en la creación de una clase proletaria son descritos por Sismondi con bastante precisión y asombra por su paralelo con la actualidad. Citaremos algunas frases. Los capitalistas están al asecho para descubrir medios de concentrar del mismo modo todas las industrias, de suprimir en todas partes los oficios e instalar fábricas, de hacer en fábrica todas las piezas…  La escuela crematística queda admirada… ante las empresas de barcos a vapor, de diligencias, de ómnibus, de ferrocarriles, que con la ayuda de inmensos capitales remplazan todas las mezquinas industrias independientes. Cada uno tenía un pequeño capital y era su patrón; todo el trabajo de las grandes empresas es hecho por gente asalariada, por proletarios. La misma admiración estalla cuando mercaderes opulentos han abierto inmensos almacenes en las grandes capitales y ofrecen gracias a los medios de transporte recién inventados, de aprovisionar a domicilio a todos los consumidores… Están en camino de suprimir así todos los mercaderes mayoristas, todos los mercaderes al detalle, todos los pequeños tenderos de provincia y remplazar todos esos hombres independientes por empleados, por asalariados, por proletarios.  Las grandes empresas transnacionales, Internet y su comercio electrónico vienen a la mente.

 

Se anunció su éxito como una conquista prodigiosa de la industria, y sus publicistas, como jefes de la escuela crematística se han felicitado por el rápido crecimiento de la riqueza pública. Pero una realidad pavorosa ha venido de golpe a disturbar los espíritus, a destrozar todos los principios que fueron anunciados tan dogmáticamente: es la aparición del pauperismo, su crecimiento rápido y amenazante, y la confesión, por los oráculos de la ciencia, de su impotencia para remediarlo.        

 

Marx tiene algunas de sus páginas más inspiradas y cáusticas cuando describe este mismo proceso en que cita a una amplia gama de autores, como Moisés, Lutero, Goethe, Aikin, Smith, Say, Malthus, Senior, Scrope, Molinari, Ricardo, Stuart Mill, Benjamin Thomson, Parry y naturalmente, Sismondi. La frase que cita de Sismondi está en el contexto siguiente.

 

Marx comienza con una referencia al conflicto del Fausto de Goethe entre su inclinación a acumular y su inclinación por el placer. Luego pasa a glosar la historia de Manchester del Dr. Aikin que la divide en cuatro períodos.

 

“El primero cuando los manufactureros debían trabajar duro para subsistir” dice Aikin

Cuando se enriquecían principalmente robando a los padres cuyos hijos eran tomados como aprendices; los padres pagaban un alto precio y los aprendices se morían de hambre. Como el promedio de ganancias era bajo, para acumular era necesaria una extrema tacañería. Comenta cáusticamente Marx.

 

“El segundo período, cuando comenzaron a tener pequeñas fortunas, pero trabajaban tan duro como antes” continúa Aikin.

 Porque la explotación directa del trabajo cuesta trabajo, como lo sabe cualquier conductor de esclavos dice Marx.

 

“El tercero, cuando comenzó el lujo y el comercio se empujaba enviando vendedores a cada plaza del reino… Es probable que no hubieran  o hubieran pocos capitales de entre £2000 a £3000 antes de  1690, sin embargo, por esa época los comerciantes comenzaron a construir modernas casas de ladrillo”  sigue Aikin.

 Aún a principios del siglo XVII un industrial de Manchester que se atreviera a poner una pinta de vino delate de sus huéspedes se exponía a críticas y señalamientos de sus vecinos” chismosea Marx que sigue adelante con curiosa información sobre el gasto habitual en las tabernas de la época.

 

 “Es en los últimos treinta años del siglo XVIII, cuando el gasto y el lujo han hecho gran progreso, apoyado en un comercio expandido con vendedores en cada rincón de Europa” concluye Aikin

¿Que diría el bueno del Dr. Aikin si pudiera salir de su tumba y ver el Manchester de hoy? Exclama Marx.        

 

¡Acumulad, acumulad! Eso dijeron Moisés y los profetas. “La industria proporciona el material que el ahorro acumula”, dice Marx, citando a Adam Smith. Acumulación por el gusto de acumular, producción por el gusto de producir; con esa fórmula, la economía clásica expresa la misión histórica de la burguesía y ni por un instante se engaña sobre el dolor de parir la riqueza. Estas frases son de las más animadas en el animado estilo de Marx, pero luego viene una nota al pié de página ambigua que dice: “Hasta J.B. Say dice “Los ahorros del rico son hechos a expensas del pobre” y añade El proletario romano vivía casi enteramente a expensas de la sociedad…Se puede casi decir que la moderna sociedad vive a expensas del proletario, en lo que se queda de la remuneración del trabajo” (Sismondi. Études. Vol. 1, Pág.  24.).

 

Ciertamente, eso de poner juntos a Say y a Sismondi, después de haber de alguna manera atribuido esos exhortos a la economía liberal inglesa, que Marx llama clásica, parece como un elaborado esfuerzo para incluir a Sismondi en ella. Algo bastante fuera de lugar dadas las notorias discrepancias de Sismondi con Ricardo y Say, conocidas por cualquier economista informado y Marx es ciertamente uno de ellos. Sobre todo, en el tema de la sobre-producción, a la que Sismondi atribuye la causa de las crisis periódicas del sistema capitalista. Además, que la cita de Say lo haga decir Los ahorros del rico se hacen a expensas del pobre, sería una afirmación para Say, por lo menos sorprendente; además, no hay siquiera mención de la fuente. La cita de Sismondi, aunque resulte plausible, no pudo ser confirmada en la página 24 de sus Études, ni en alguna página vinculada al tema.

 

Riqueza y población

 

Sismondi estuvo siempre interesado por la repartición equitativa de la riqueza entre la población y en la adecuación del crecimiento de esta a sus medios económicos, para evitar los desequilibrios que causan sufrimiento y miseria. Eso llevó a que algunos lo consideren seguidor de Malthus, una equivocación que encontramos hasta entre estudiosos del pensamiento económico. Esa confusión   fue desmentida en vida por el propio Sismondi en artículos posteriores a la publicación de sus Nuevos principios y con razón. En el texto de la primera edición de sus Nuevos Principios (1819) ya contradecía a Malthus y el texto de la segunda edición (1827) amplia  su cortés discrepancia con él.

 

Dice Sismondi: El Sr. Malthus, ha establecido como principio que en todo país la población estaba limitada a la cantidad de alimento que el país podía suministrar. Esta proposición no es verdadera sino aplicándola a todo el globo terrestre, o a un país sin la posibilidad de sacar de los otros ninguna parte de su subsistencia; en todos los otros casos la modifica el comercio exterior. Pero además, y eso es lo más  importante, esa proposición es verdad sólo en abstracto y no es aplicable a la economía política. Jamás la población alcanzó los límites de subsistencias posibles, y jamás, probablemente, los alcanzará.

 

No todos aquellos que desean alimento siempre tienen los medios o el derecho de sacarlo de la tierra; al contrario, aquellos a quienes las leyes conceden el monopolio de las tierras, no tienen ningún interés en pedirle todo el alimento que puede producir. Mucho antes de que el crecimiento de la población se detenga por la imposibilidad en el país de producir más alimentos, se detendrá por la imposibilidad de poder comprarlos o de trabajar para hacerlos nacer. 

 

La población humana, dice el Sr. Malthus, puede doblarse cada veinte y cinco años, y sigue una progresión geométrica; pero el trabajo para mejorar un terreno que ya es cultivado, solo puede añadir más productos en cantidades decrecientes…Hablando en abstracto, la multiplicación de los vegetales sigue una progresión geométrica infinitamente más rápida que la de los animales, y esta es a su vez infinitamente más rápida que la de los hombres. Un grano de trigo produce veinte el primer año, que producen  cuatrocientos el segundo, ocho mil el tercero, ciento sesenta mil el cuarto. Mas para que la multiplicación proceda así, es necesario que el alimento, esto es, la tierra, no falte al trigo, lo mismo que para el hombre.  

 

Con frecuencia se ha visto a obreros desgraciados no hallar salario por su trabajo, o no hallarlo suficiente; se les ha visto consumirse, faltarles el pan y perecer; pero jamás se ha visto, en ningún país, la especie humana sometida a una pequeña ración como en una ciudad sitiada….Nunca se vio que la producción de alimentos se estanque por la imposibilidad de hacer producir a la tierra frutos nuevos en proporción de las necesidades.

 

Termina Sismondi su argumento señalando como otros factores, que no son falta de alimento, limitan el crecimiento de la población. En este punto señala que La nobleza en todas partes ha tenido una subsistencia suficiente; debería por lo tanto multiplicarse hasta que sus descendientes fuesen reducidos a la última pobreza. Pero, el contrario es precisamente lo que sucede: en todos los países del universo se ve a las antiguas familias extinguirse después de un cierto número de generaciones, y el cuerpo de la nobleza reclutado sin cesar por ennoblecidos. El argumento termina con una graciosa demostración en que aplica la fórmula de Malthus a la vieja, noble y rica familia de los Montmorency, cuya fortuna se remonta entorno al año 1000 y a quien nunca a faltó alimento, y…el universo hoy contendría sólo Montmorecys, porque su número en 1880 sería de 2.147.475.648. Pero no es así, por el obstáculo que la voluntad del hombre opone siempre a esa multiplicación: obstáculo que es del todo independiente de la cantidad de alimento.

 

Una razón de esa confusión sobre Sismondi como seguidor de Malthus puede ser la cita que Marx hace de Malthus en El Capital, Parte 7, Capítulo XXV – La ley general de acumulación capitalista. Dice Marx: Hasta Malthus reconoce la sobrepoblación como una necesidad de la industria moderna, aunque, según su manera estrecha (Marx siempre tan cortés), él lo explica con el absoluto sobrecrecimiento de la población trabajadora y no porque relativamente se convierta en supernumeraria. Luego cita a Malthus, quien en realidad dice: Hábitos prudentes en el matrimonio, si son llevados a una extensión considerable entre la clase trabajadora  de un país que dependa de las manufacturas y el comercio, pueden perjudicarla.  Luego de lo cual comenta que la cantidad de fondos para mantener el trabajo crece más rápido de cuanto  puede crecer la población.

 

La cita de Malthus es atribuida a sus Principles of Political Economy, en la nota 2 de pié de página pero luego Engels le añade a esa nota un comentario ambiguo: En este trabajo, Malthus descubre finalmente, con la ayuda de Sismondi, la bella trinidad de la producción capitalista: sobre-producción, sobre-población, sobre-consumo, tres monstruos muy delicados.

 

Es un comentario gratuito, porque Sismondi ataca y señala la sobreproducción como fuente de un sobreconsumo, que considera responsable de las crisis cíclicas del capitalismo, porque separa el valor útil del valor de cambio. Que al final, cuando se agota el crédito, se genera un subconsumo que provoca la crisis. En cuanto a la población, Sismondi recomienda una y otra vez, que se equilibre la población con la posibilidad de empleo para evitar su explotación y recomienda el pago de salarios que permitan a los trabajadores mayor participación en el consumo y que los lleve a ser propietarios. Como dice claramente: La igualdad de beneficios tiene como resultado dar siempre más expansión de mercado para los productores, mientras que la desigualdad lo reduce más…La concentración de la riqueza en unos pocos propietarios causa que el mercado interno se encoja cada vez más, y la industria se ve forzada a buscar sus ventas en mercados extranjeros.Sismondi encuentra en esta obra y en otras de fondo socio-económico, que este modelo de economía dependiente de la exportación es la causa básica del imperialismo.

 

Sobre el progreso científico aplicado

 

También se acusó a Sismondi de ser contrario al progreso tecnológico, de ser contrario al uso de las máquinas y las aplicaciones científicas a la industria. Es una acusación infundada que el mismo desmintió en varios artículos, que aparecen incluidos en la segunda edición de sus Nuevos Principios de Economía Política, en 1827.

 

Se me ha presentado como que en economía política soy enemigo del progreso de la sociedad, partidario de instituciones bárbaras y opresivas. No, yo no quiero en absoluto lo que ha sido, pero quiero algo mejor que lo que hay. Yo no puedo juzgar lo que tenemos sino comparándolo con el pasado, pero estoy lejos de querer restaurar antiguas ruinas, cuando demuestro con ellas las necesidades eternas de la sociedad.

 

Ruego que se ponga atención; no es en absoluto contra las máquinas, no es contra los descubrimientos, no es contra la civilización, que dirijo mis objeciones; es contra la organización moderna de la sociedad, una organización que, al despojar al hombre que trabaja de cualquier otra propiedad que la de sus brazos, no le deja alguna garantía contra la concurrencia, contra una loca subasta dirigida contra él, y de la cual necesariamente va a ser la víctima.  

 

Supongamos que todos los hombres comparten igualmente entre ellos el producto del trabajo en el que han participado, y entonces todo descubrimiento en la industria será, en todos los casos posibles, un beneficio para todos ellos; porque, con cada progreso de la industria, podrán siempre escoger entre tener menos trabajo y más largo reposo o más goces con el mismo trabajo. Hoy día, no son los descubrimientos lo que es un mal; es la repartición injusta que el hombre hace de sus frutos.

 

Estamos, y no se ha dicho bastante, en una condición completamente nueva de la sociedad, de la cual aún no hay experiencia. Tendemos a separar completamente toda especie de propiedad de toda especie de trabajo, a romper cualquier clientelismo entre jornalero y patrón, a quitar al primero toda especie de asociación en las ganancias del segundo. 

 

Esta organización social es tan nueva que apenas si está establecida a medias, que sólo existe en los países más industriales, los más ricos, los más avanzados en un sistema que estamos apenas ensayando; un sistema donde el trabajo de la agricultura, tanto como el de las manufacturas, es hecho por obreros que se puede despedir al final de cada semana; es hacia eso que tendemos; es en eso donde señalo un peligro, y no en los descubrimientos de las ciencias.

 

Algunos fragmentos de esos comentarios son citados por Marx en su Capítulo XXXII – Tendencia histórica del capitalismo a crear acumulación. Hay algo desconcertante en esa cita, porque esas aclaraciones de Sismondi fueron impresas al final de la segunda edición de sus Nuevos Principios de Economía Política, en 1827, que, como dijimos, Marx no menciona en su bibliografía. Marx le atribuye como fuente a la cita un Volumen III que nunca existió.

 

El contexto de lo que escribe Marx cuando cita a Sismondi esta última vez en el primer volumen de El Capital, es conmovedor: La expropiación  de los productores inmediatos fue hecha con un vandalismo despiadado y bajo el estímulo de las más infames pasiones, las más sórdidas, las más insignificantes, la más malvada odiosidad. Propiedad privada auto concedida, que se basa, digamos, en la fusión del trabajador aislado, individual, independiente en sus condiciones de su trabajo; para suplantarlo con la propiedad privada capitalista, que reposa en la explotación de la libertad nominal de otros, por ejemplo, trabajadores asalariados. Citar a Sismondi en este caso era muy adecuado, porque esa descripción es precisamente lo que Sismondi escribió al final de la introducción de sus  Études sur l’Économie Politique, donde llega a la conclusión de que La escuela crematística  – refiriéndose al tipo de liberalismo de Ricardo- secundó en sus argumentos el poder del dinero con la seducción de los precios baratos. 

 

Conclusión

 

Sismondi fue el primero en desarrollar en un análisis económico sobre las causas de las miserias y desigualdades que trajeron las teorías económicas y sociales que acompañaron la Revolución Industrial. Su idea era mejorar la condición de la gente haciendo a la gran mayoría de la población dueños de propiedad privada. Esa política implica mucho trabajo en superar resistencias estructurales, pero es plausible.

 

Marx hizo una brillante amalgama de las ideas del siglo XIX, con Sismondi como el hilo técnico, para llegar a la conclusión de que esas miserias traerían inevitablemente una revolución violenta y que la historia de explotación económica desembocaría en una Dictadura del Proletariado. Marx miró la abolición de la propiedad privada como el modo de aumentar el bienestar de la mayoría de la gente, lo que suena, por lo menos, quimérico. Pastorear el dolor de la gente hacia poco plausibles soluciones metafísicas es un medio históricamente conocido y eficaz para mantener el Status Quo. Don David Ricardo hubiera sonreído.

 

No podemos saber con precisión lo que hubiese pensado Sismondi de las teorías de Marx, pero podemos imaginarlo por lo que Sismondi escribió argumentando contra el tipo de liberalismo de Ricardo y de las teorías abstractas en general: Debemos en general cuidarnos en economía política de afirmaciones absolutas y tanto como de abstracciones…y toda abstracción es siempre un engaño. Estas líneas pueden también aplicarse al socialismo marxista. Sismondi concluye ese argumento contra las abstracciones con una frase llena de profundo significado que contiene toda su filosofía económica: Además, la política económica no es una ciencia de cálculo, sino una ciencia moral.

 

Ginebra, agosto de 2015.

 

(Versión actualizada el 12/01/2016)

 

BIBLIOGRAFIA

 

John Harrison, Robert Owen and the Owenites in Britain and America, The Quest for the New                           Moral World, Routledge Revivals, 2009.

Karl Marx.: Capital, Encyclopaedia Britannica, inc. Chicago. 1991.

Karl Marx & Frederich Engels. Manifesto of the Communist Party, Encyclopaedia Britannica, inc.                       Chicago. 1991.

Maximilien Rubel. Marx critique du marxisme, Payot, Paris 2000

Jean Charles Sismondi. Nouveaux Principes de Économie Politique, Vols I-II, Delunay, Paris, 1827

Jean Charles Sismondi. Études sur l’ Économie Politique , Treuttel &Würtz, Paris, 1837.

John Ruskin. Unto this last. Penguin Books, Penguin Classics, 1985.