La sociedad olvidada: Sismondi y la escuela humanista de economía

Por Umberto Mazzei

Echenevex, Julio 2016

No hay tal cosa como la sociedad. Hay individuos, hombres y mujeres.

Margaret Thatcher, 1987

La visión de la Baronesa Thatcher de la humanidad como una suma de partículas y átomos está en duro contraste con la de una enfermera china que cuando atendía un niño sacado de las ruinas de un colegio, después del terremoto de Sichuan, en 2008, fue entrevistada por una cadena americana: – ¿Cuál es su nombre? – Mi nombre es China.   

La percepción de la humanidad de Margaret Thatcher es un reflejo de la teoría económica de David Ricardo, que aspiró a ser una ciencia exacta y así se aplica en Inglaterra desde la Revolución Industrial y en general, en el mundo anglosajón. Las ideas de Ricardo se fusionan bien con el modelo político imperante en Inglaterra desde la revolución de 1688. Este se basa en la visión social de John Locke, un sociólogo calvinista, vinculado al tráfico de esclavos, que proclamó que el objetivo de toda  sociedad es proteger la propiedad, la vida y la libertad. Esa amalgama de ideas impregnará la percepción sociopolítica del mundo anglosajón hasta nuestros días.

Esa percepción anglosajona, que mira sus teorías políticas como ciencia exacta aplicable a toda circunstancia, tuvo tempranos contradictores. El primero en afirmar claramente que las normas de conducta económica y política variaban según las circunstancias fue el pensador inglés Edmund Burke. En Alemania y otros países europeos ese escepticismo desarrolló ideas sobre la política y la economía menos abstractas, menos mecánicas, más  orgánicas y elásticas y más útiles para trabajar hacia objetivos políticos, que pueden diferir según las circunstancias nacionales. Esta tendencia tiene raíces múltiples; una es el relativismo romántico, otra es la interpretación dialéctica de la política y la sociedad, y finalmente la convicción  de que toda ciencia social debe basarse en el conocimiento profundo  de la evolución histórica, por eso se le llama la escuela historicista de economía.

Esta escuela fue marginada de la discusión de la teoría económica desde la segunda guerra mundial, a favor de la escuela anglosajona clásica, cuya actualización más radical es la escuela neo-liberal de Chicago. Las crisis recurrentes y el escandaloso aumento de la  concentración de la riqueza que provoca el modelo anglosajón a escala universal, han mostrado los peligros que esa injusta repartición tiene para la estabilidad política. Eso ha despertado un nuevo interés en el enfoque empírico de la escuela historicista, como una alternativa. Su enfoque está más cerca de la naturaleza humana que el traumatismo marxista y tiene mejores credenciales de éxito en su uso para el desarrollo económico y en la distribución equitativa de la prosperidad.  

Jean Charles Simonde de Sismondi fue el primero en utilizar la historia para estudiar el sistema económico capitalista surgido de la revolución industrial. Desde su primera obra publicada, Cuadro de la Agricultura Toscana, su método fue  investigar la historia política, las políticas gubernamentales y el comportamiento económico, para encontrar vínculos entre estímulos y reacciones. Sus conclusiones fueron las primeras en mostrar un divorcio entre las teorías de la escuela clásica anglosajona, de supuesta validez universal y los hechos reales; entre las abstracciones ricardianas y las prácticas económicas conocidas.

Sismondi ya era bien conocido como historiador,.cuando escribió sobre economía política. Ya tenía vastos conocimientos políticos y sociales y además, experiencia de primera mano sobre asuntos económicos. Muy joven trabajo para una empresa comercial en Lyon, luego visitó Inglaterra en plena revolución industrial, fue empresario agrícola en Pescia y fue funcionario de la Cámara de Comercio de Ginebra.

Esas experiencias le dieron conocimientos técnicos y prácticos directos sobre áreas de importancia básica en la economía. Su amplia visión histórica incluía una documentada perspectiva sobre los más extraordinarios éxitos económicos de la Edad Media: el de las republicas italianas. Esas ciudades lograron mantener su independencia y prosperidad durante la época feudal y el absolutismo monárquico, gracias a una potencia militar y una cohesión política que venía de su riqueza industrial y comercial y una mejor distribución de los beneficios entre los ciudadanos.  

En 1919, con una aguda percepción de los asuntos económicos, adquirida estudiando hechos reales y técnicas económicas nacidas de la experiencia, Sismondi presentó su libro Nuevos Principios de Economía Política. Este explicaba las doctrinas económicas anteriores, analizaba las diferentes fuentes de riqueza y el efecto en ellas de la Revolución Industrial y finalmente los efectos negativos de la ya imperante doctrina económica de David Ricardo. Sus nuevos principios surgen como una alternativa al sistema anglosajón. Su mayor novedad es que contraría las tesis anglosajonas desde Adam Smith, porque cree necesaria la intervención política para crear economías nacionales equitativas y orgánicamente estables. Esas economías nacionales ya las ve como partes de un mundo integrado, donde el propósito de la acción política no se restringe a la creación de riqueza, sino que busca asegurar su distribución equitativa, porque la riqueza compartida es necesaria para un crecimiento económico estable a escala global: “el aumento del volumen de ventas universal no puede resultar más que de la prosperidad universal.”

Sismondi como socialista

Sismondi suele ser clasificado como el primer pensador socialista, porque descubrió la plusvalía ( mieux value) del trabajo salariado, porque habló de lucha de clases y pidió la intervención del Estado para proteger a los trabajadores; porque propuso un salario mínimo, la garantía del empleo y la protección del trabajador durante la enfermedad y la vejez, amen de otras medidas sociales. Todas ellas forman hoy parte de un programa socialista, pero aún quedan por adoptarse algunas recomendaciones más avanzadas, como el modo de repartir con mayor equidad los avances de la ciencia y la tecnología, porque tienden a perjudicar el empleo y la seguridad de empleo y favorecen exclusivamente a los dueños del capital.

Es notable que el contenido de los Nuevos Principios de Economía Política de Sismondi fuese  sistemáticamente distorsionado por algunos escritores, desde Marx en adelante. Un ejemplo corriente de distorsión es decir que Sismondi atribuía al subconsumo las crisis recurrentes del sistema capitalista, que fue el primero en notar. Son Marx y Lenin quienes dicen eso. Ese error lo encontramos hasta en trabajos específicos sobre Sismondi y nos preguntamos porque sus autores caen en él, porque en ninguna obra obra suya Sismondi atribuye las crisis capitalistas al subconsumo. Las atribuye muy claramente a la sobreproducción, causada por la abundancia de capital; lo dice una y otra vez. Un viejo caso es el del socialista polaco Henryk Grossman en su obra Simonde de Sismondi y sus teorías económicas quien sin embargo dice que Sismondi fue el primer economista que explicó el capitalismo. En época más reciente, hasta en el excelente trabajo de Diego Guerrero Sismondi precursor de Marx, encontramos matices de ese error.

Puede que ese error venga de que Sismondi afirma que mientras más bajos los salarios es más grande la dificultad de absorber la sobreproducción, porque se encoje el mercado interno. Pero eso no significa que atribuye las recurrentes crisis capitalistas al subconsumo, las esta atribuyendo a la codicia de corta visión de quienes por una ganancia inmediata a expensas de salarios no piensan en las consecuencias del mediano plazo; un comportamiento lógico, si se quiere, de seguir teorías que justifican la codicia individual. La mecánica de esas crisis, como Sismondi explica, viene de que aquellos países, como Inglaterra, donde coinciden abundantes capitales en busca de colocación y una cultura de aumentar ganancias a expensas de salarios, hay tendencia a la sobreproducción y el abarrotamiento. Es un ámbito económico en que coexisten abundancia y miseria; la soluci’on es vender el excedente en mercados extranjeros, que es la causa original del imperialismo moderno.       

Otro error frecuente es atribuir una influencia de Malthus en Sismondi, cuando en realidad sucedió lo opuesto. Sismondi fue el primero en contradecir la idea de Malthus sobre que la población sobrepasaría los medios de producción. Sismondi describe cuan superior son las tasas reproductivas en la agricultura comparadas con las tasas de la reproducción humana. También fue el primero en notar que la tasa de reproducción humana disminuye con el aumento de la instrucción y la prosperidad. Es Malthus quien más tarde muestra la influencia de las ideas económicas de Sismondi.  

Sismondi y la escuela historicista

Sin embargo, al examinar la técnica y la perspectiva con que Sismondi analiza la economía; encontramos que su visión orgánica, sus ideas y sus aportes encajan mejor dentro de la escuela historicista de economía. Es más, algunos eruditos investigadores de la economía, como Werner Stark y Henry William Spiegel, lo consideran uno de sus fundadores. El fue el primero en mirar como simples opciones políticas los axiomas de la escuela anglosajona y en rehusar considerar como ciencia esos mecanismos automáticos y abstracciones; hasta los consideró un fraude.

Como todos los historicistas, Sismondi objeta que al aplicarse a la realidad las teorías anglosajonas, se producen distorsiones socio-económicas y se tiende a concentrar la riqueza en una elite, a expensas del resto de la sociedad. Como ellos, él cree que el costo social y económico de esos desequilibrios es enorme, porque su inherente injusticia desencadena crisis contagiosas que frenan, desordenan y hacen retroceder el crecimiento económico nacional e internacional. Todos ellos están de acuerdo en la suprema importancia de un equilibrio de ingresos más cercano, éporque como dice Sismondi “el salario dado al obrero tiene el mismo efecto que la semilla confiada a la tierra” porque “la riqueza comercial sigue el crecimiento de los ingresos”. Sismondi objeta las ideas de Ricardo porque dice que mira la gente como piezas desechables, que su única preocupación es la de cómo acumular riqueza e ignora el sufrimiento causado por su mala distribución, el cual asume que encontrará un equilibrio automático a causa del sufrimiento mismo.

Esas objeciones a las teorías de Ricardo la vemos repetida por los primeros pensadores de la escuela historicista de economía, que analiza la economía enfocándola desde una secuencia histórica de las prácticas económicas y de sus ámbitos, en oposición a las teorías inglesas presuntamente científicas sobre mecánicas abstractas universalmente válidas y cuya propuesta para la distribución de la riqueza es la del “derrame hacia abajo”(spill down); una imagen que recuerda la caridad medieval, la distribución de sobras o las migas que caen del banquete de los ricos.

La escuela historicista ve como indispensable interpretar las ideas del pasado en su contexto histórico y evaluar sus resultados prácticos según el ámbito de aplicación, antes de elaborar políticas económicas, que deben ser necesariamente casuísticas y que deben corresponder a las circunstancias orgánicas de cada país. Un enfoque a le vez idealista y nacionalista que desconfía de las abstracciones inglesas y coincide con Sismondi cuando dijo que “en economía política, por lo general se debe desconfiar de las proposiciones absolutas, así como de las abstracciones…En ninguna parte se encuentran cantidades absolutas, ni se encuentra nunca una fuerza siempre igual; toda abstracción es un fraude.”

Durante el siglo XX, especialmente en la segunda mitad, el debate económico fue polarizado por las abstracciones del marxismo y del liberalismo anglosajón. Ambas fracasaron en crear un bienestar general sostenible. Por eso en el siglo XXI se buscan otras opciones y los autores de la escuela historicista de economía de nuevo despiertan interés. Su filosofía económica es más humanista, porque procede de la práctica y de hechos humanos; no tiene, como las dos anteriores,  pretensiones de ciencia exacta universal de validez obligatoria y aplicable erga-omnes. Su humanismo viene de saber que los resultados de la aplicación de las mismas políticas y principios económicos pueden variar según las circunstancias y el momento de cada sociedad. El relativismo es un rasgo prominente del  enfoque historicista y sus políticas tienen en su haber notables éxitos en la Europa Continental y en otros lugares, en ambientes sociales y políticos muy distintos.

La escuela historicista de economía

Sin pretender en absoluto se exhaustivos, queremos señalar aquí con algunas pinceladas el parentesco de Sismondi con la escuela historicista de economía, que fue muy influyente en Europa, pero cuyo éxito más notorio es el desarrollo económico de Alemania. Los autores de esta escuela desarrollaron una visión orgánica y evolucionaria de la sociedad, cuya característica es la visión realista, basada en hechos, de los asuntos económicos. El vínculo original con Sismondi es evidente, cuando recordamos que en toda la obra de Sismondi es conspicua su visión de la historia como el marco donde se colocan todas las ciencias relacionadas con la dinámica humana. Esa perspectiva es evidente en sus Nuevos Principios de Economía Política y se acentúa en sus Estudios de Economía Política, una obra posterior más sintética, con nuevos hechos en apoyo a su argumentación, poco citada hoy día, que existe sólo en la edición belga original de 1836.

Este boceto solo quiere sólo señalar coincidencias con  los autores más destacados de esa perspectiva de la economía, que, aunque se le haya descuidado en la enseñanza académica, tenemos la convicción de sigue ofreciendo una opción realista para una distribución equitativa del desarrollo económico.

Adam Müller (1779 – 1829) es, junto con Sismondi, un precursor de la escuela historicista de economía. Coincide con Sismondi en criticar la escuela anglosajona de pretender racionalizar con su teoría la pauperización de las clases trabajadoras y artesanales. Ambos critican el individualismo atomizador de la escuela anglosajona y miran al estado como una entidad orgánica responsable del bienestar general. Ambos analizan el papel de las antiguas  corporaciones en la estabilidad laboral y en el equilibrio entre producción y consumo, aunque difieren en lo que se debe hacerse. Müller desea su retorno. Sismondi las considera superadas y piensa obtener esas ventajas con un estado que promueva la concertación en mutuo beneficio de empresarios y trabajadores. Ambos acusan la escuela anglosajona de dar demasiada importancia al valor de cambio y de disociarlo del valor útil; notando que hay una diferencia en ser útil a la sociedad y ser útil al individuo. Los dos examinan los efectos de la división del trabajo, aunque difieran en sus conclusiones. Ambos coinciden en considerar la herencia cultural y científica acumulada como parte de la riqueza patrimonial de un país. Müller resalta cuatro aspectos en el intercambio económico: los antecedentes históricos, los aspectos sociológicos, el método comparativo y la relatividad evolutiva. Todos ellos fueron contemplados por Sismondi, quien señala que el propio Adam Smith “reconoció que la ciencia de gobierno era experimental, que sólo podía basarse en la historia de los diversos pueblos y que sólo se podían deducir principios de una observación juiciosa de los hechos.” Luego comenta: “Los principios de la ciencia política deben formar un conjunto y dimanar unos de otros.”

Friederich List  (1789 – 1846), el economista alemán por excelencia, coincide con Sismondi en criticar la teoría económica anglosajona por su punto de vista estático de la economía, mientras que ambos interpretan el comportamiento económico en modo dinámico. List no cita a Sismondi en la bibliografía de su obra cumbre “El Sistema Nacional de Economía Política, pero las coincidencias son muchas. Una es haber analizado la experiencia económica de los jóvenes Estados Unidos de América y haberla usado en sus argumentos con una  interpretación muy similar de su comportamiento social y económico. A diferencia de Sismondi que sabía de la economía americana por referencias, List estuvo cinco años en Pennsylvania y dejó sus conclusiones en su libro “Bocetos de Economía Política Americana (1827) publicado el mismo año que la segunda edición de los Nouveaux Principes de Sismondi.

También coinciden en usar el mismo patrón crítico al analizar el liberalismo anglosajón y en concluir que aceptar una política económica basada en la lucha entre egoísmos individuales, en lo interno destruye la armonía nacional y obliga resolver el desequilibrio económico interno con una política exterior imperialista. Ambos critican la ley llamada de Say, que Ricardo comparte, donde se afirma que toda producción produce su propio mercado. Sería cierta, dicen ambos, si se hace abstracción del tiempo y del espacio. También consideran los dos que es necesaria la intervención del estado para desarrollar una economía nacional estable, donde la competencia tenga límites y fomentar industrias que cree empleo y salarios, pero sin caer en las prácticas monopolísticas – como las de grandes transnacionales modernas – del antiguo sistema de producción corporativo.

Wilhelm Roscher (1817 – 1894), considerado el fundador de la escuela historicista alemana es otro economista que tiene importantes coincidencias con Sismondi. Ambos consideran que los principios para lograr el desarrollo económico estable y el bienestar social deben buscarse investigando en la historia de cada sociedad; pero no sólo los aspectos económicos, sino también los antecedentes en otros ámbitos humanistas: políticos, culturales, religiosos y legales. Esto es algo que encaja bien en la dialéctica de Hegel y es más amplio que la estrecha “dialéctica materialista” de Marx. Sismondi asume este método de modo implícito, como algo natural y podemos leer sus descripciones de la evolución histórica en las sociedades nacionales, incluyendo a Inglaterra, para explicar las tendencias  estructurales de sus economías y de sus políticas comerciales. Ambos distinguen etapas en el desarrollo económico de las sociedades, que, según tiempo y lugar, pueden diferir diversamente con los resultados automáticos que se esperan de las supuestas verdades científicas de la escuela anglosajona. Roscher fue profesor en la Universidad de Leipzig desde 1848 y en 1854. En 1854, doce años después de la muerte de Sismondi, publicó sus Principios de Economía Política, donde cita a Sismondi con frecuencia. Ambos coinciden también en explicar la mecánica en la demanda de dinero, señalando la ventaja del dinero metálico que tiene un valor intrínseco y ambos señalan los peligros del papel moneda, que se devalúa fácilmente y facilita que el crédito especulativo cuyas burbujas pueden confundirse con activos reales; un tema muy actual en la economía de hoy.    

Bruno Hildebrand (1812 – 1878) fue profesor en la Universidad de Marburg y su libro critico La economia nacional del presente y el futuro, le costó un exilio en Suiza, junto con su discipulo Karl Knies. Como Sismondi, consideraba que las instituciones políticas, junto con otros factores como clima y religión, moldean la idiosincrasia nacional y son factores que inciden en el comportamiento económico; es una relación que vincula la economía con las otras ciencias sociales y es esa relación lo que hace de cada economía nacional un caso específico. También coincide con Sismondi en diferenciar una política económica basada en la riqueza real y una economía basada en el crédito, que confunde el pasivo con el activo; para ilustrar esa confusión con un ejemplo Sismondi menciona el informe de presenta el ejemplo de Alexander Hamilton, primer Secretario del Tesoro en Estados Unidos y su informe (1791), ante el congreso norteamericano, sobre el financiamiento de la industria       

Karl Knies (1821 – 1898) igual que Sismondi considera equivocado basar la ciencia económica en la persecución del interés individual. Piensa que el desarrollo moral de la sociedad confiere a cada etapa histórica características propias, por lo que la guía para el comportamiento económico sólo puede funcionar por analogías, pero sin repetición exacta, sin certeza científica. Afirmó que dejar que la economía nacional dependa sólo de las fuerzas que compiten en el mercado, sea nacional o mundial, es negar el concepto político de la economía,  es negarle un papel activo al estado. Knies consideró que tanto el liberalismo anglosajón como el naciente socialismo, eran inadecuados para resolver los problemas sociales y económicos de los países, pero señaló que las políticas de la escuela anglosajona crean condiciones que facilitan el triunfo del socialismo. Knies, igual que Sismondi, afirma que las teorías de la escuela ricardiana son especulaciones cuyas formulas se basan en un período particular, alejadas de consideraciones de tiempo y espacio. Es curioso que con esas coincidencias, Knies mire a Sismondi como pensador socialista, un término inexistente en tiempos de Sismondi. Esta es una clasificación arbitraria, porque Sismondi tiene una percepción evolutiva de los cambios sociales; su deseo es mejorarla la distribución de la riqueza con políticas sociales, sin cambios violentos, porque los considera destructivos de la riqueza y efímeros; puede que Knies fuese influenciado por Marx, que, como se sabe, en su Manifiesto del Partido Comunista clasificó al suizo Sismondi como “socialista pequeño burgués” y lo ungió como jefe de esa “escuela” en Francia e Inglaterra.  

Gustav von Schmoller (1838 – 1917) llevó la escuela historicista a rechazar la entera teoría económica anglosajona y argumentó que se podría teorizar sólo cuando hubiese suficiente información histórica sobre la economía, en tantas circunstancias distintas, como para sacar conclusiones. Schmoller sacó la economía del concepto inductivo y sintético anglosajón y la ubicó entre las ciencias de la cultura; esa idea se expresa en su conocida frase: “La economía hoy día es una ciencia solo en cuanto se expande hacia la sociología”. Esta afirmación recuerda los drásticos comentarios de Sismondi sobre los equilibrios automáticos de Ricardo: “En economía política, se debe desconfiar de las proposiciones absolutas así como de las abstracciones…En ninguna parte se encuentran cantidades absolutas, ni se encuentra nunca una fuerza siempre igual; toda abstracción es un fraude. Además, la economía política no es una ciencia de cálculo, sino una ciencia moral. Se extravía cuando se cree guiada por las cifras; solo lleva a la meta cuando se estiman los sentimientos, las necesidades y las pasiones de los hombres”

Schmoller fue el principal arquitecto de la Verein für Sozialpolitik (Asociación para la Política Social) aplicada en 1872, por iniciativa de Otto von Bismarck, en la nueva y consolidada Alemania, copiada en otros países, como en los Estados Unidos con la American Economic Asociation. Esa entidad alemana orientaba la política social alemana y fomentó la colaboración entre empresarios y obreros para el crecimiento económico en mutuo beneficio. Justo lo  que Sismondi predicó a lo largo de su obra económica y como historiador. Con solo mirar el capitulo sobre salarios de Nuevos Principios, encontramos frases como: “La igualdad de beneficios tiene siempre como resultado más expansión del mercado para los productores, mientras que la desigualdad siempre lo reduce más.”…“Debido a la concentración de fortunas en un pequeño número de propietarios, se estrecha siempre el mercado interior y la industria se ve reducida a buscar sus ventas en mercados extranjeros”…“Por lo demás, no es el rico la meta del orden social; la riqueza no es deseable en la sociedad sino por el desahogo que reparte entre todas las clases”

Max Weber (1864 – 1920) fue el sucesor de Knies en la Universidad de Hidelberg. En 1904 fundó la revista Archiv für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik junto con Edgar Jaffé  y Werner Sombart. Su  perspectiva investigadora de la historia separa aquello que él llama “magia” de los hechos concretos, que luego analiza en busca de conclusiones racionales. Ese método lo llevó a conclusiones que es solo en esta época cuando se vislumbra su posibilidad. Weber piensa que sucederá todo lo contrario de cuanto profetizó Marx;  que es cierto que hay en curso una revolución que lleva a una dictadura, pero no a la dictadura de los proletarios, sino la de los técnicos de la burocracia empresarial y gubernamental.

Weber es bien conocido por su interpretación sociológica de la economía, que expuso magistralmente en su celebre obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, donde señala el origen calvinista (puritano), del capitalismo, porque hace del éxito secular en este mundo un indicio de salvación en el otro. Aquí encontramos un paralelo con Sismondi, que también examinó la influencia de la religión en la economía y explicó el modo como algunas influyeron  en comportamientos económicos. Hay un entero capítulo dedicado a la influencia en desequilibrar ingresos y población, donde afirma que “La enseñanza religiosa ha contribuido casi siempre a romper el equilibrio entre la población y la demanda de trabajo de la que debe vivir.” Sismondi comenta cáusticamente luego que para los casados se considera pecado la abstinencia que se predica como virtud a los célibes y que esa contradicción es de origen católico, pero sigue vigente en las iglesias reformadas.

Werner Sombart (1863 – 1941) combinó los procesos de historia y economía para sacar conclusiones teóricas. Su obra más importante es el monumental Der moderne Kapitalismus, donde atribuye el concepto de capital a la contabilidad doble, inventada en Italia durante el siglo XIII. Luego desarrolla su perspectiva histórica del sistema capitalista sobre tres elementos estructurales: el espíritu, la forma y la técnica. El espíritu está dominado por las ideas materialistas de adquisición, competencia y egoísmo racional. La forma tiende a un sistema privado, descentralizado, regulado sólo por el mercado. La técnica se mueve en una evolución constante en busca de productividad. Ese egoísmo racional que busca siempre la ganancia, puede medirla con exactitud gracias a un sistema contable.

Sombart también escribió varias obras donde aplica la misma metodología historicista a temas específicos, como El  burgués, Porque no existe el socialismo en los Estados Unidos, El socialismo alemán y Los judíos y la vida económica. En este último comenta la obra de su amigo Max Weber y dice que es por la esencia judaica del calvinismo, que este influye en el desarrollo del capitalismo.   

Sombart criticó la discusión sobre si clasificar la economía como ciencia natural (nomotética) o cultural (ideográfica) y propuso que se mire tanto la historia como la economía desde una visión de la sociedad que no sea ni a priori desvinculada de la realidad y tampoco caleidoscópicamente descriptiva. El objetivo es la comprensión del conjunto, para así poder entender la esencia de su comportamiento. El esfuerzo de comprender debe tener una visión global, porque con la entrada de nuevos elementos los comportamientos pueden alterarse. Sombart no mira la economía como una ciencia de la riqueza, sino como un instrumento de reforma social. Es un eco de Sismondi, que ya decía “El bienestar físico del hombre, en tanto que puede ser obra del gobierno es el objeto de la economía política”. La obra El Capitalismo Moderno no existe más que en alemán. Los derechos exclusivos para su traducción al inglés, según he leído, los tiene la Universidad de Princeton, que ni lo ha hecho, ni lo deja hacer.

John Maynard Keynes (1883 – 1946) fue el último economista inglés de renombre universal y su libro más famoso es la Teoría General sobre el empleo, el interés y el dinero.. Keynes no pertenece a la escuela anglosajona, porque, como él mismo dice en el prefacio a la edición japonesa de esa obra(1936), considera “insuficientes” los equilibrios automáticos de la escuela clásica inglesa y al contrario de aquella, considera útil la intervención del estado para mantenerlos. Fue el jefe de la delegación inglesa durante la redacción del Tratado de Versalles y renunció por un desacuerdo que después expuso en su libro Las consecuencias económicas de la guerra, donde advierte sobre los efectos nefastos que tendrían para la economía mundial las “reparaciones de guerra” (tributos) impuestas a Alemania. Keynes fue profesor en Cambridge, donde había estudiado;  también fue funcionario público británico e incluso miembro de la directiva del Banco de Inglaterra.

En Bretón Woods (1944), Keynes, que veía el patrón oro como “una reliquia bárbara”, se opuso a la propuesta del americano Harry Dexter White de asumir el US Dólar como moneda internacional, con un patrón de US$ 35 por onza de oro. Su propuesta, que no se aceptó, era una moneda de cuenta llamada Bancor, emitida por un banco supranacional que hacía la función de cámara de compensación. Allí se revisaba anualmente el cambio de las monedas nacionales con el Bancor, según la respectiva balanza de pagos. El Bancor merece estudiarse de nuevo ante la presente fragilidad del US Dólar y la erosión internacional del valor de los capitales, ahorros y salarios en la economía real; la economía sin acceso al Quantitative Easing.

La más conocida contribución de Keynes al ciencia económica es la noción de que la demanda agregada es la suma de los consumos. La demanda nacional – esto es el crecimiento económico- viene así a depender de los salarios y del empleo. Los gobiernos pueden intervenir, para estimular el empleo y salarios, con obras públicas. Esa idea, dice Keynes en el prefacio a su edición japonesa, le vino leyendo a Malthus. Malthus toca ese tema on passant en su critica a la ley de mercados de Say, aquella postulada también por Ricardo, que asume que toda producción encuentra comprador y puede ser considerada como ingreso. Malthus contradice a Say con el mismo argumento que Sismondi, a quien cita y eso parece habérsele escapado a Keynes. Malthus y Sismondi dicen que Say y Ricardo confunden producción con renta y es siempre Sismondi quien insiste en la importancia del empleo y salarios equitativos para el crecimiento económico, porque los salarios son la demanda, son el mercado. La frase de Sismondi que citamos “el salario dado al obrero tiene el mismo efecto que la semilla confiada a la tierra” es una metáfora poética que describe toda la doctrina keynesiana sobre el papel del empleo y los salarios para sostener la demanda.

Pero hay otras frases de Sismondi que también la sintetizan, como en el título del Capítulo IV del Libro IV: Como la riqueza comercial sigue al crecimiento de la renta, donde dice “El fabricante que aumenta su renta con el salario que recorta a sus obreros no añade nada a la renta nacional” Luego es aún más específico y moderno: “No es la utilidad del fabricante la que constituye el interés nacional, es el beneficio que la fabricación reparte entre todas las clases que concurren a ella; es la participación de todas en la renta nacional que nace del trabajo” … “Las naciones se enriquecen cuando aumentan su renta, pero no cuando la renta de una de sus clases es usurpada por la otra.”… El comercio puede aumentar; pero si el crecimiento viene de disminuir lo que antes se pagaba por salarios,…el consumo no marchará del mismo paso con la producción, y el resultado general será menor prosperidad”…”Cuando las rentas disminuyen se compra menos y la producción de la manufactura ya no es proporcional a la demanda del mercado.”…”Puede que el deber del gobierno sea frenar esos movimientos para hacerlos regulares”.

Como ya señalamos, Sismondi deduce de este engranaje lógico que la demanda mundial, a su vez, vendría a depender de los salarios pagados en el resto del mundo. Una tesis muy inconveniente para las relaciones económicas internacionales del Imperio Británico, que a la época de Keynes, gobernaba en más de 400 millones de kilómetros cuadrados. Eso es un indicio del motivo que pudo tener el economista Lord Keynes para no citar a Sismondi, ni en la bibliografía, aunque mencione a Malthus como su inspirador. Keynes trabajó toda su vida para el gobierno británico, que lo ennobleció, a pesar de haber escrito, en 1917, a su amigo Duncan Grant: “Trabajo para un gobierno que desprecio, para fines que estimo criminales”

Joseph Schumpeter (1983 – 1950) fue un austriaco que para tener mayor apertura metodológica, rompió con las ideas tradicionales de la llamada Escuela Austriaca; la neo-clásica que formó a Ludwig von Mieses y a Von Hayek. Sus obras más conocidas son Teoría del Desarrollo Económico (1912), Ciclos Económicos (1939), Capitalismo, Socialismo y Democracia (1942) y su obra póstuma Historia del análisis económico (1954). La idea básica en ellas es la importancia para la actividad empresarial de la innovación en tecnología y organización, para mejorar continuamente el desarrollo económico y la capacidad productiva. Algo mencionado por su maestro Sombart. Eso genera una economía dinámica donde el incremento de salarios crea nuevos equilibrios de demanda y oferta. Es interesante que en esta dinámica, Schumpeter mira el interés pagado a los bancos, como un impuesto sobre créditos inflacionarios. En cuanto al capitalismo de la escuela anglosajona, coincide con Sismondi, Max Weber y Werner Sombart en que destruye el tejido social y dice que con ello se desgasta la capacidad de renovación orgánica de elites que lo dirigen. Algo evidente hoy día en el ámbito dirigido por el mundo anglosajón.

El aporte más conocido de la obra de Schumpeter es aquel en que desarrolla una idea ya previamente expuesta por Sismondi – a quien menciona en el IV capítulo de su History of economic analysis – con respecto a los sistemas económicos en general. Schumpeter dice que la evolución económica en su camino hacia el progreso atraviesa una secuencia de destrucción que llama “creativa”: “un proceso de mutación industrial que revoluciona incesantemente la estructura económica desde adentro, destruyendo sin cesar la vieja y creando sin cesar una nueva. Esta frase es muy cercana a la de Sismondi cuando dice: “Parece que en el progreso de las naciones hay tal vez una época en que la destrucción de la riqueza existente es necesaria para que la actividad creadora pueda volver a ejercerse.”

Raul Prebisch (1901 – 1986) es el más famoso economista de América Latina. Es probable que por haber expuesto sus ideas económicas cuando la escuela historicista fue marginada por la polarización política entre capitalismo anglosajón y marxismo soviético, no se hayan notado sus vínculos con ella. Prebisch, igual que Sismondi y la escuela historicista, afirmó que en la realidad práctica, el comercio internacional no encajaba con la teoría anglosajona, porque la mayor potencia del capital anglosajón manipulaba los términos de intercambio. Como dijo Sismondi “si cada uno busca su interés propio a expensas de los demás…el más fuerte impone su interés y el más débil sabe que el suyo consiste en no resistirse”. Prebisch describe la estructura comercial internacional como un intercambio entre aquellos países que constituyen un centro industrializado y una periferia de países proveedores de materias primas; una descripción que sigue vigente. Prebisch fue educado en la economía de la escuela anglosajona, pero la crisis de 1929 – 30, que lo encontró entre el banco Nación Argentina y la Subsecretaria de Hacienda de Argentina, pronto demostró ser inadecuada y Prebisch comprendió la necesidad de la intervención del estado.

Una negociación con Inglaterra, en Ginebra, durante esa crisis le mostró que la teoría económica anglosajona fue pensada a favor de Inglaterra, en la época en que  era el país más industrializado y con mayores capitales: pero que esa proyección ideológica de sus intereses podía ser contrarios a la prosperidad de los demás. Al preguntarse en su Introducción a Keynes (1947) “¿A qué se debe que las políticas formuladas y aplicadas en el centro no obtengan los mismos resultados en la periferia?” Prebisch reconoce que la teoría económica anglosajona no es una ciencia exacta, que es una hipótesis relativa  cuyos resultados varían según el contexto. Eso lo lleva a desarrollar un estudio sobre lo que llamó “elementos históricos estructurales.” Es  lo mismo que hicieron Sismondi, List y toda la escuela historicista de economía. Por ello su propuesta es muy parecida a la de List y la escuela historicista alemana: protección para desarrollar una industria nacional que permita elevar el nivel de vida de los países en desarrollo. Como señala su amigo Luis Eugenio Di Marco, en su Introducción a Economía Internacional y Desarrollo: Ensayos en Honor de Raúl Prebisch “como economista del desarrollo pensó siempre que la riqueza era un medio y no un fin.” Un principio expresado ciento cincuenta años antes por Sismondi.   

Hay otros autores importantes con propuestas económicas aplicables a la crisis que atraviesa el sistema económico mundial desde 1971 y que ahora (2016) parece entrar su fase terminal. Uno de ellos es Torkel Aschehoug, objeto de un libro de Mathilda C. Fasting. Ella menciona la importancia que, cien años después, daba Aschehoug el aporte de Sismondi al pensamiento de la escuela históricista de economía. Aschehoug sintetiza la filosofía de Sismondi en aquella pregunta que Sismondi le hace a la escuela inglesa en sus Nuevos Principios ¿Como es que la riqueza es todo y los humanos no son nada?  Esa pregunta, decía Aschenhoug, es la tesis económica fundamental de Sismondi, que reitera en toda su obra que la riqueza es sólo un medio y que son los humanos su propósito.

El dinero como bien público

Por Umberto Mazzei

Ginebra, 14/03/2016

 

Hoy parece que la política es privatizar el dinero, que los bancos creen y sean dueños de todo el dinero. Estamos lejos de Adam Smith,  Ricardo, Sismondi, cuando afirmaron que sólo el trabajo crea valor y que el dinero es sólo el medio de contabilizarlo. Ellos describieron el capital como una cantidad de cosas útiles producidas por el trabajo y que se pueden comerciar. Desde entonces, el dinero se consideraba sólo un bien que expresa el valor del capital y facilita el comercio.

 

Esa diferencia entre capital y dinero, establecida hace doscientos años, está a la base de la ciencia económica y no ha dejado de ser cierta, lo que sucede ahora es que se confunde riqueza o capital con crédito y deuda. Sismondi ya dijo que El dinero es riqueza adquirida por el trabajo,… y es una parte del capital circulante. Por confundir dinero con capital… se ha creído…poder aumentar el capital nacional con dinero ficticio.

 

La confusión entre deuda y riqueza, que es tan corriente en la economía actual, se origina, según Sismondi, en el primer gobierno independiente de los Estados Unidos de América. Desde la administración de George Washington, en que Alexander Hamilton fue el primer Secretario del Tesoro. Dice Sismondi “¿como ha podido confundirse deuda con riqueza? Es imposible hacerse una ilusión mas completa que la de Alexander Hamilton, 1er. Secretario del Tesoro de Estados Unidos, hombre apreciado. En su memoria a la Cámara dice:”Hay una especie de capital…en los EE UU, que excluye toda inquietud sobre la falta de capital: es la deuda financiada” y consagra 20 páginas a confundir activo con pasivo »  A este comentario Sismondi le añade, en el capítulo siguiente, algo que muestra un comportamiento consistente en los bancos de los Estados Unidos: « Los bancos americanos…incitan las empresas especulativas, con capitales fácilmente obtenidos.»

El dinero como medio de pago

 

Según los tres clásicos de la economía moderna, el dinero facilita el comercio, porque es el patrón neutro que sirve de referencia a lo que es siempre un intercambio subjetivo de los productos del trabajo. Un cambio en que cada actor percibe mayor valor en lo que recibe que en lo que entrega. Para dar estabilidad al valor recibido y constituir en si mismo una garantía intrínseca, desde tiempo inmemorial se usan metales raros reducibles a una calidad homogénea y divisible

 

Sismondi explica que se escogieron el oro y la plata porque ambos son divisibles hasta el infinito y susceptibles de volverse a reunir sin pérdida; incorruptibles durante todo el tiempo que se les conserve, susceptibles de purificarse hasta un grado que los haga perfectamente iguales a sí mismos y perfectamente similares en cantidades. Creemos probable que también influyera una asociación mágica con el color de los reflejos del Sol y el brillo pálido de la luna, que son las dos primeras fuentes de efectos vitales evidentes. La división de esos metales en trozos de peso y calidad idéntica es lo que llamamos moneda. El progreso científico y tecnológico en el acuñamiento permitió gravar en ellas, con exactitud, la descripción de su peso y calidad. La garantía de su veracidad fue asumida desde la antigüedad por los gobiernos, que se atribuyeron por eso el monopolio del acuñamiento. Hasta allí coinciden los tres famosos economistas y a partir de allí comienzan sus divergencias.

 

Smith no quiere que la intervención del gobierno vaya más allá de garantizar su valor, de efectuar el  acuñamiento. Ricardo tampoco lo quiere y llega incluso a preferir las notas de papel emitidas por los bancos privados como la forma perfecta del dinero: La moneda está en el estado más perfecto cuando se compone únicamente de papel, pero de un papel cuyo valor es igual a la suma de oro que dice representar. El uso del papel en lugar del oro remplaza un agente muy dispendioso, por otro que lo es muy poco; lo cual pone al país, sin que resulte alguna pérdida para los particulares, en condición de cambiar todo el oro que empleaba antes para ese propósito, contra materias primeras, utensilios y subsistencias, cuyo uso aumenta a la vez la riqueza y los goces de la nación.

 

Sismondi se burla de Ricardo y dice que eso le recuerda al Almirante inglés Anson quien en su viaje a China, advirtió que las fortificaciones hechas a lo largo del río de Cantón, y destinadas a hacer respetar aquella potencia, aunque tenían muy buena apariencia desde lejos, estaban hechas con papel machacado, y guarnecidas con cañones de cartón. Los chinos habían razonado poco más o menos como M. Ricardo. El uso del papel en lugar de cobre, para la artillería, remplaza un agente muy dispendioso, por otro que lo es muy poco, lo que pone al país, sin que resulte ninguna pérdida a los particulares, en estado de cambiar todo el cobre que empleaba antes para sus cañones contra materias primeras, utensilios y subsistencias, cuyo uso aumenta a la vez la riqueza y los goces de la nación. Esto será muy bueno todo el tiempo que dure la paz, pero a la primera guerra, se sabrá que los escudos de papel y los cañones de cartón no equivalen los de plata, cobre y bronce.

 

La similitud que encuentra Sismondi entre el dinero de papel de Ricardo con los cañones de cartón que el Almirante Anson viera en Cantón, puede encontrarse también en el anuncio de que tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo piensan retirar de la circulación los billetes de US$ 100 y los de € 500 y €100, para obligar a que la circulación del dinero se haga a través de los bancos.  Esta idea viene de economistas neoliberales como Larry Summers y hasta hay otros, como Kenneth Rogoff, que quieren sólo dinero electrónico, para que sólo gastándolo se pueda sacar dinero del banco. Esto permite que luego, al llevar los bancos centrales la tasa de interés a cero, que en realidad es tasa negativa, los bancos capitalicen a su favor la devaluación del dinero.

 

El pretexto sería que los billetes de alta denominación facilitan el lavado de dinero proveniente de la droga. Prescindiendo de que el comercio al detalle de las drogas en realidad se hace con billetes de menor valor, el resultado de retirar las banco notas de alta denominación sería concentrar todo tipo de ahorro en los bancos y afirmar la tendencia convertirlos en los intermediarios obligados de toda transacción. Ya existen limitaciones en cuanto a las cantidades que se pueden retirar de los depósitos propios, cosa que es de dudosa legalidad, pero esa medida adicional busca evitar toda autonomía y privacidad en el gasto personal. ¿Que sucederá, en un mundo sin dinero físico si, como es harto probable, quiebran los bancos? ¿Como hará la gente para comprar o vender si los capitales y los ahorros sólo consisten en impulsos electrónicos contabilizados en los archivos virtuales de los bancos? A la hora de la crisis financiera, las tarjetas de plástico que mueven el consumo electrónico van a ser tan útiles como los cañones de cartón que viera el Almirante Anson.

 

En cuanto al pretexto de combatir el lavado de dinero al dejar al público sólo billetes de baja denominación y entregar a los bancos el control de la circulación del comercio, nada pudiera ser más falso. Hay uno de los más grandes, el HSBC, valorado en  US$ 215 millardos, que está vinculado a la droga desde el comienzo. Desde  que, en 1865, fue creado justo para manejar el dinero proveniente del tráfico del opio que la mojigata Inglaterra victoriana impuso, con una guerra, a la China de los cañones de cartón. Hoy, sus continuos escándalos hacen titulares y sus 556 subsidiarias en paraísos fiscales lo muestran como una institución fiel a su origen. Hace tres años fue multado con US$ 1,9 millardos por lavado de dinero proveniente de la droga. En este momento está acusado por el gobierno de Estados Unidos de lavar US$ 881 millones proveniente de carteles de la droga en México y Colombia. Lo curioso es que, a pesar de que los delitos penales son de personas naturales, por definición, los banqueros, aunque cómplices de traficantes que van presos, no son acusados y es la persona jurídica del banco quien paga una multa, que es siempre menor que las ganancias obtenidas. Pudiera decirse que con la multa el gobierno sólo reclama su parte.

 

De acuerdo al Informe Mundial sobre Drogas (World Drug Report) de las Naciones Unidas (2005) “las ganancias del tráfico de drogas forman una parte importante del sistema financiero mundial”. No por nada el mismo informe señala que desde la ocupación de Afganistán, este país se ha convertido en el origen del 87% del opio. Según ese informe, para el año 2005 el tráfico de drogas ilegales ya valía US$ 177 millardos.  La última cifra de la ONU lo pone en 320 millardos por año. Alain Labrousse, del Geopolitical Drug Dispatch, estima que cerca del 80% de las ganancias son lavadas en los bancos de los países ricos. Antonio Maria Costa, jefe de la Oficina de las Naciones Unidas para el crimen y las drogas, atestiguó que fue sólo el lavado del dinero de la droga y la corrupción lo que evitó el colapso de la economía global durante la crisis del 2007-8. No es precisamente la abuelita que atesora billetes de € 500 para regalar a los nietos en sus cumpleaños quién estimula el lavado de dinero.

 

El fraude del papel moneda

 

Para Sismondi El dinero es una riqueza adquirida por el trabajo, como los otros valores, y forma, lo mismo que ellos, una parte del capital circulante, por lo tanto es un bien público de gran importancia porque garantiza el valor de todos los otros bienes y servicios. Dice que el dinero es el camino del comercio; que por esa razón los gobiernos deben intervenir para impedir la fluctuación de su valor y vigilar su uso. Esa es la razón de ser de los bancos centrales. Añade luego, basado en una experiencia de abusos que Smith no conoció y que hoy es evidente: el principio de que la ley no debe regular a los bancos privados, es totalmente  falso. Estos bancos toman prestado el dinero nacional, una propiedad pública, que está y debe estar siempre bajo la vigilancia de la autoridad soberana.

 

Dice Sismondi que la propuesta de Ricardo de sustituir la circulación de monedas con valor intrínseco por una circulación de papel se debe a la confusión  entre dinero y capital. Las ideas de Ricardo moldearon la Economía de los Estados Unidos desde su independencia y el dinero de papel se adoptó allí desde un principio. En Inglaterra se aplicó por primera vez durante la crisis de los bancos ingleses de 1826, cuando se recogió todo el dinero metálico. Desde entonces los países anglosajones tienden a sostener una circulación de papel moneda y fueron fomentando su uso en el resto del mundo después de la Primera Guerra Mundial.

 

Desde entonces los principios de Sismondi que exigen al Estado garantizar el valor del dinero obtenido con el trabajo, resultan incómodos para las prácticas actuales y no es la última razón por la que se abandonó su estudio y se le quiere ignorar.  Hoy los ciudadanos reciben, a cambio de su trabajo y su ahorro, papeles con una denominación monetaria cuyo valor en los términos reales, en términos de su poder de compra, fluctúa siempre hacia abajo. El papel de los Bancos Centrales como garantes del valor de las monedas, es algo que parece completamente olvidado. Tanto que se usa la devaluación o los subsidios para promover exportaciones, que según Sismondi es pagar a sus mercaderes para ponerlos en estado de vender más barato, pero a expensas de sus otros súbditos Sismondi contradice a lo largo de su obra la manipulación de la moneda y del precio para favorecer un sector minoritario de la economía nacional a expensas de los otros, como desde entonces se  practica a favor de los exportadores y como ahora que se sacrifica todo ante el sector financiero.

 

Un ejemplo reciente lo da el Banco Central Europeo -BCE – Presidido por el Sr. Mario Draghi, antiguo ejecutivo de Goldman Sachs, quien hizo el relevo a la Reserva Federal en la emisión de dinero sin fondos (Quantitative Easing), cuando eso comenzaba a afectar el valor del US$. Al BCE le parece adecuado emitir un millardo seiscientos mil millones de Euros en una economía europea estancada. El Sr. Draghi, al comentar las críticas a su emisión de dinero sin fondos, acusando de sabotear el valor del Euro, respondió que su intención es hacer bajar el Euro hasta su paridad con el US dólar. Una afirmación evidentemente hecha para precipitar una fuga del Euro hacia el Dólar. La última hazaña del Sr. Draghi es hacer el relevo a la Reserva Federal también en cobrar cero interés por los préstamos del Banco Central Europeo, lo que en realidad es una tasa de interés negativa: es pagar por prestar. La medida, anunciada el 10 de marzo,2016, con el pretexto de promover la inversión y el empleo, tendrá el efecto real de sostener los valores ficticios de las burbujas en las bolsas creadas por la especulación del sector financiero y retardar la explosión de las burbujas, para que los ejecutivos de los bancos sigan cobrando su premios millonarios.

 

Los banqueros centrales deberían escuchar a Sismondi, cuando señala que el estancamiento económico no se debe a falta de dinero, sino a que el dinero del consumidor que no remplaza con suficiente rapidez el capital. El Libro V de sus Nuevos Principios es sobre el dinero y tiene un Capítulo IV cuyo título Que el interés es fruto del capital y no del dinero. Eso merecería alguna reflexión del Sr. Mario Draghi del BCE y de la Sra. Janet Yellen, de la Reserva Federal, cuyas entidades, que aún son ejes de la economía mundial, emiten cantidades siderales de dinero sin fondos para prestarlo a los bancos a cero tasa de interés. Una reflexión útil sólo en el caso de que ambos quieran mejorar la economía mundial y no las ganancias de los banqueros.

 

La moneda fiduciaria privada y universal

 

El principio de que el Estado debe regular los bancos privados y vigilar e intervenir en el manejo del dinero, porque es una cosa pública del mayor interés, nunca fue mejor justificada. Los desmanes cometidos por los bancos no han hecho sino aumentar desde 1913. Ese año un grupo de bancos privados constituyó la Reserva Federal en los Estados Unidos de América y convirtió el dinero en propiedad privada al sustituirse al gobierno – concretamente a la Secretaría del Tesoro- en su emisión. Desde entonces no es el gobierno de Washington el dueño del dinero norteamericano, sino ese consorcio de bancos privados, que decide la política monetaria, emite el dinero que considera oportuno y se lo presta, con cobro de intereses, al Gobierno Federal. Es de temer que esas funciones las realicen en su exclusivo beneficio.

 

Después de la Segunda Guerra Mundial esa privatización norteamericana del dinero se fue expandiendo al resto del mundo. En Bretton Woods los Estados Unidos se comprometieron a cumplir con la condición ricardiana de mantener un dinero de papel cuyo valor sea igual a la suma de oro que dice representar. A cambio de la garantía por la Reserva Federal de un patrón de US$ 35 por onza de oro, su US$- pasaba a ser la moneda de referencia internacional. Eso duró 25 años, lo que duró la ventaja de ser la única economía favorecida por el daño causado por dos guerras mundiales.

 

En 1973, cuando su balanza comercial ya era deficitaria, Estados Unidos renegaron su patrón oro y desde entonces el mundo comercia y acumula reservas en US$, emitidos por la Reserva Federal sin alguna garantía de valor. Ese mismo año los Estados Unidos lograron de los países de la OPEP el compromiso de vender petróleo sólo en US$. Desde entonces ese dinero fiduciario universal se emite según las necesidades de los bancos dueños de la Reserva Federal.  Como dijo Emmanuel Todd en Aprés l’Empire,.. La América ya no es esencial al mundo por su producción sino por su consumo… Los Estados Unidos crearon un mundo keynesiano, como el de los faraones egipcios, en que la América sería ahora nuestra pirámide, mantenida con el trabajo de todo el planeta. Su déficit comercial se mantiene porque pagan sus compras en su moneda, que tiene un comportamiento talmente mágico que algunos economistas han deducido que el papel económico de los Estados Unidos ya no es, como las otras naciones, el producir bienes sino dinero.  

 

El fraude bancario universal

Sismondi ya decía, cuando hablaba de los Estados Unidos e Inglaterra de hace dos siglos: Sus banqueros, en virtud de su crédito, parecen  tener capitales inagotables… Ese crédito parece  tener un poder creador, y los especuladores…se  entregan a ilusiones peligrosas para ellos y para  los estados que les prestan fe…Cada día un nuevo especulador presenta un proyecto gigantesco…si logra arrastrar a los más ricos capitalistas de la nación, puede hacer que su especulación se convierta en un negocio nacional. El negocio nacional que ha atraído a los más ricos capitalistas, que hoy son bancos y gigantescas empresas, es la especulación en bolsa. Allí se comercian valores que no son más que deuda basada en los créditos mal garantizados. En general sólo son variaciones sobre el viejo tema de la justamente llamada Pirámide de Ponzi, en que se colocan papeles de crédito sobre los que se pagan ganancias emitiendo y colocando más papeles de crédito (deuda). No son otra cosa las burbujas de la bolsa. El procedimiento mecánico es comprar intensamente ciertos créditos para inflar su valor y luego venderlos a los inversores en cuyas manos explotan.  

 

Es un viejo fraude descrito ya por Sismondi, como señala el Profesor Fabrizio Bientinesi, de la Universidad de Pisa, en un importante artículo titulado Sismondi y los peligros del sistema financiero En ese escrito Bentinesi señala que después de las guerras napoleónicas, el auto financiamiento, que antes era la norma para las empresas y que contribuía a regular la inversión según la demanda, fue suplantado por el recurso al crédito y el crédito en cuanto tal, no tiene prácticamente límite. De allí el pasaje final hacia las finanzas internacionales como sistema que garantiza la propia existencia a expensas del resto de la economía.

 

Bientinesi cita textualmente a Sismondi, que en sus Études sur les sciences sociales en frases que son pertinentes hoy día, porque nada ha cambiado. Escribe Sismondi: “Los banqueros que negocian los préstamos para Grecia, para los nuevos Estados de América, para España o Portugal, a falta de la garantía de un ingreso proporcionado a los intereses, imaginaron otra; la de conservar en sus manos, sobre los fondos mismos que adelantan al gobierno, una porción de capital suficiente para pagar los intereses de los dos primeros años. De ese modo dan a entender que después de la crisis que se trata de superar, el Estado encontrará nuevos recursos; pero contando más bien con que la regularidad de esos primeros pagos ilusionará a la masa de los capitalistas, y estos se adelantarán para comprar todos los cupones que tienen encima, cuando ellos los vendan.   

 

Esos fraudes se repitieron cien años después especulando con las deudas de las economías afectadas por la Primera Guerra Mundial y con las reparaciones exigidas por el Tratado de Versalles. Eso contribuyó mucho a la crisis del 1929 y la recesión que le siguió. Como consecuencia de esa crisis, durante la Administración de Franklyn D. Roosevelt se aprobaron en Estados Unidos normas que protegían los ahorristas de ese tipo de fraude, entre ellas la separación entre bancas de ahorro y bancas de inversión. Eso y la economía de guerra que continuó durante la Guerra Fría dieron a Occidente una estabilidad financiera internacional que duró hasta la época en que Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Inglaterra comenzaron a de-regular la actividad bancaria. Sin embargo, la eliminación de la regulación que aún protegía a los ahorristas de especulaciones y fraudes tuvo lugar en Estados Unidos bajo la Administración de William Clinton.       

 

Desde entonces la actividad bancaria, con el apoyo natural del consorcio que constituye la Reserva Federal, se desencadenó en especulaciones de todo tipo que llevaron a la crisis financiera que explotó en 2008. Crisis en que para evitar la quiebra de los especuladores, la Reserva Federal y los bancos centrales europeos usaron dinero público, imprimieron dinero sin fondos y pidieron prestado a los bancos … para dar dinero a esos mismos bancos y salvarlos de la quiebra. Entre 2008 y 2014 la Reserva Federal emitió 3 billones (US trillions) de US$ – deuda pública – sin otro objeto que salvar a los bancos de sus malas especulaciones. En 2015 el Banco Central Europeo tomo el relevo emitiendo € 1,6 billones para que pudiera continuar el carnaval en las bolsas.

 

Gráfico 1. Emisiones de “Quantitative Easing” por la Reserva Federal 2008- 2014

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Un carnaval en que magos financieros pronuncian en inglés conjuros de sonido técnico con que transfieren los ahorros del 99,5% de la población, a un 0,5% que ya es rico. Una jerga engañadora donde Quantitative Easing quiere decir emitir dinero público sin fondos para darlo a los bancos; Default Equity Swaps significa garantía mutua sobre deudas impagables; Sub-prime mortages está por hipotecas sin garantía real. Estos y otros eufemismos de la palabra fraude se cobijan bajo el término amplio de Derivativos, que son apuestas que se entrecruzan en la bolsa. De acuerdo al Banco Internacional de Pagos (Bank for International Settlements) de Basilea, los Derivativos en lugar de disminuir después de la crisis que causaron, han doblado. En 2015 alcanzaron una cifra que ronda los US$ 800 billones (US trillions), con un comercio diario entorno a los 25 billones (US trillions). Para dar una idea de su exceso sobre la economía real, recordamos a nuestros lectores que el PIB de los Estados Unidos es de US$ 18 billones (US trillions).

 

El monto de las deudas de los bancos es impagable, pero la FED y el BCE procuran retardar el colapso exprimiendo la riqueza del 99,5% de la población mientras los directivos de los bancos aún sigan ganando dinero en sus apuestas fraudulosas. Mientras tanto, los banqueros también cometen otros delitos claramente penales. Por las dimensiones de esos delitos, creemos que buena parte del 0,5% favorecido por los bancos centrales debiera estar en la cárcel. En un caso escandaloso se descubrió que los « traders » usaban seudónimos como The Cartel, The Mafia, Bandit’s Club que muestran clara conciencia de sus actividades. Sin embargo, hasta ahora el único país que ha puesto banqueros en la cárcel es Islandia, que además se negó a pagar sus deudas con dinero público.

 

Sería imposible y tedioso recorrer en este espacio la lista de los fraudes cometidos por los bancos y por eso citaremos tan sólo un par de ejemplos, entre tantos escándalos que siguen haciendo titulares a pesar de que la insólita discreción que muestra la prensa cuando se trata de bancos.  

 

Leemos, el 20 de agosto, 2014, que el Bank of America, el segundo en importancia en Wall Street, fue multado con 17 millardos por fraude. La multa fue la más grande que haya pagado banco alguno hasta hoy. Un año después, el 14 de agosto, 2015, la prensa anunció que 9 bancos de los más importantes del mundo – algunos son parte de la Reserva Federal – fueron acusados de manipular las tasas de cambio a expensas de sus clientes. El delito se saldó con una multa de US$ 2 millardos y el pago de otros US$ 2 millardos a los inversionistas. Los bancos culpables fueron Goldman Sachs, Bank of America, Citi, Barclays, BNP Paribas, HSBC, JPMorgan, RBS and UBS. Hubo otros bancos extranjeros acusados de complicidad y fueron Standard Chartered Plc, Societe Generale SA, Bank of Tokyo-Mitsubishi UFJ Ltd., RBC Capital Markets, Deutsche Bank AG, Credit Suisse Group AG y Morgan Stanley . El mercado de las tasas de cambio interbancarias tiene un movimiento de US$ 5,3  billones (US trillions) diario. Se ve que robar es buen negocio bancario, aún que se les descubra y multe. Nadie fue preso.

 

Conclusiones

Sismondi tenía razón al calificar el dinero de bien público, que debe ser legislado y vigilado por el Estado. La independencia de los bancos centrales es un falso mito sagrado, bajo el que se cobijan pandillas que usan las finanzas nacionales en beneficio de intereses privados internacionales.   

 

El sistema financiero actual es un parásito de la economía mundial, que despoja al público del dinero que gana con su trabajo en la economía real, la economía de bienes tangibles y servicios útiles. El crédito irresponsable y el endeudamiento frauduloso de banqueros privados llevaron en Europa a liquidar activos públicos y sistemas de seguridad social para pagar deudas privadas. Es curioso que sean los mismos países que, hace dos siglos, mencionó Sismondi como víctimas de las mismas especulaciones financieras. Tal como Grecia, donde con sus museos se privatizó el milenario testimonio cultural de nuestra civilización.

 

Los bancos dominan los gobiernos y eso hace imposible una solución política antes de la explosión financiera final. Habrá entonces tres remedios, que no son excluyentes:

  1. a) recuperar el control de los bancos centrales y de la emisión de dinero, imponer un patrón para evitar la erosión de valor del dinero, que sólo sirve a los deudores y exportadores pero perjudica a todos los salarios y ahorros.   
  2. b) estatizar los bancos rescatados y administrarlos bajo estricta vigilancia colegiada para el desarrollo económico y social del país.
  3. b) aplicar la ley anti-monopolio a los bancos y repartirlos en bancos comunitarios, bajo normas de separación de actividades, como antes de Bill Clinton y las fusiones que siguieron.

 

Estas medidas básicas obedecen a los principios de la economía política de Sismondi,  pensada hace tiempo y más valiosa que nunca. Los crecientes problemas de concentración de riqueza y fraudes financieros de hoy vienen de las abstracciones sesgadas que Sismondi denunció en la economía ricardiana, esa  que aún guía la política económica del mundo anglo-sajón. Son efectos de esa mano invisible furtiva que, si no la controlamos con firmeza, continuara hasta robarnos todo.  

Validez del pensamiento de Sismondi en la economía de hoy

Por Umberto Mazzei

Pisa, Diciembre de 2015

 

El análisis de Sismondi sobre las contradicciones, disfunciones y malas consecuencias sociales y económicas del capitalismo desenfrenado, ese modo de producción basado en las ideas de David Ricardo y sus discípulos, sigue siendo válido. Dos siglos de experiencia en política económica lo confirman. Las críticas de Sismondi las repitió más tarde,  de manera apasionada y radical, Karl  Marx y sus seguidores. En esa escuela el enfoque de Sismondi tuvo gran influencia, aun cuando hay divergencias básicas sobre las conclusiones y, sobre todo, en las recomendaciones.

 

El hecho de que las críticas y observaciones de Sismondi o de Marx aún sean aún válidas, no se debe a que ellos tuviesen especial talento para pronósticos tan lejanos. Son válidas porque el sistema de hoy es el mismo – sólo que expandido y empeorado – que aquel que comenzó hace doscientos años. Todavía se obedecen las ideas de Ricardo y de su escuela anglosajona. El sistema de producción capitalista  no ha evolucionado; los principios básicos son los mismos, a pesar de los fracasos sociales y de sus recurrentes crisis arrasadoras. Todavía se enseñan esos principios como  ciencia económica indiscutible en la mayoría de las universidades anglosajonas y aún en muchas otras. Se le ha etiquetado ahora como Neo-Liberalismo, después de retoques por la escuela austriaca de Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek y por la Escuela de Chicago dirigida por el Milton Friedman

 

Las consecuencias de aplicar políticas económicas basadas en la doctrina de la vieja escuela liberal o de la nueva son las mismas. Son las ya denunciadas por Sismondi: concentración de la riqueza o fracaso de la teoría del derrame automático hacia abajo (trickle down effect) en su distribución. Esa famosa teoría suena como si se quisiera  mantener a la población trabajadora con las migajas que caen del banquete de los ricos.

 

Distribución de la riqueza entre las clases productivas

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Tanto Sismondi y Marx fueron muy escépticos ante las virtudes del mercado para convertir el egoísmo general y el interés propio en instrumento para la equidad social y económica. Marx, siempre radical,  ni se molestó en estudiar cómo mejorar la distribución de la riqueza. Consideró al capitalismo como irredimible y propuso eliminar completamente la propiedad privada.  Donde quiera que se aplicó su propuesta hacer propiedad pública los medios de producción, sucedió una curiosa tendencia económica: servicios públicos accesibles y escasez de bienes de consumo. Podríamos elaborar sobre eso, pero Marx o el marxismo no es nuestro tema de hoy.

Al exponer la vigencia de las ideas de Sismondi para el siglo XXI, abordaremos primero el tema de la distribución de la riqueza, o mejor dicho, de la concentración de la riqueza. A eso se refiere el título de su principal obra de economía: Nuevos Principios de economía política o de la riqueza en relación con la población. Sismondi fue el primer filósofo preocupado por la distribución de la riqueza entre la población. Él explica que Adam Smith, de quien se considera discípulo, fue el primero en demostrar que el trabajo era la única fuente de valor y que el valor acumulado constituye riqueza. Pero aclara que Smith no abordó el tema de la distribución de la riqueza entre la población y esa omisión dejó un vacío sobre como enfrentar los efectos de la Revolución Industrial en el nivel de vida de los trabajadores. Por eso Sismondi da ese título a su libro principal de economía política. Su propósito es exponer el modo como la riqueza creada se distribuye entre la población que la produce y proponer un reparto más equitativo. Lo que entonces era la preocupación solitaria de Sismondi, ahora, dos siglos después, es preocupación universal y el mayor tema de debate político.

En el año 2014, un estudio realizado por Oxfam y Credit Suisse y publicado por la revista francesa Le Monde, mostraba que un 80% de la población mundial sólo tenía 5,5% de la riqueza mundial. Lo que significa que un 20% de la población posee el 94,5% de la riqueza total del mundo. Es una acumulación que sólo empeora.

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En 2010, Tony Judt, en su último libro Ill Fares the Land: A  treatise on our present Discontents[1], un estudio profundo de la distribución de la riqueza, dijo que «a diferencia de sus padres y abuelos, los niños de hoy, tanto en el Reino Unido como en el EE.UU. tienen muy pocas expectativas de mejora en  la condición en la que han nacido ». Eso recuerda la descripción de Sismondi del proletariado: esos desposeídos cuya función permanente en la antigua Roma era suministrar con sus hijos los brazos necesarios para la producción: ad prolem generanda[2]. Hoy también esa acumulación está en contra de la movilidad de clase. La estratificación de clases y la concentración de riqueza es más marcada en EE.UU., que se dice el modelo económico universal. Le siguen en concentración de riqueza Holanda, Alemania, Francia Noruega y Gran Bretaña acercándose. Todos ellos miembros de la OTAN, que reclaman austeridad a otros miembros de la OTAN con mejor distribución de riqueza.

 

Una investigación sobre la distribución de la riqueza por Emmanuel Sáez y Gabriel Zucman, dos especialistas de la London School of Economics, publicado en la revista Fortune en octubre de 2014, encontró que no hay duda de que la desigualdad de ingresos ha ido en aumento en los Estados Unidos durante las cuatro décadas pasadas. En Estados Unidos, las 160.000 familias más ricas poseen tanta riqueza como los 145 millones de familias más pobres, y que la riqueza es aproximadamente 10 veces más desigual que el ingreso.

Ellos argumentan que el aumento drástico en la desigualdad de la riqueza se ha producido por las mismas razones que la desigualdad de ingresos; es decir, la tendencia, desde la década de 1970, a que los impuestos menos progresivos, y a que un mercado de trabajo cambiante obligue a muchos trabajadores de cuello azul [obreros] ha competir con mano de obra barata en el extranjero. La desigualdad de riqueza específica se ve afectada por la falta de ahorros en la clase media.[3]

 

Hoy encontramos una creciente desigualdad con dimensiones mucho más grandes que en el siglo XIX, pero su crecimiento se debe a tres factores ya denunciados por Sismondi: a) la desigualdad de los impuestos; b) la competencia de la mano de obra extranjera y c) ausencia de ahorro, porque la sobreproducción provoca un gasto excesivo.

 

Siempre en Fortune, encontramos otra confirmación de la notoria desigualdad de la riqueza en los EE.UU., en un artículo de Chris Matthews, donde afirma que la desigualdad de la riqueza es peor de lo que se piensa… Mientras que la desigualdad es un resultado natural de la competencia en las economías capitalistas, hay mucha evidencia que demuestra que los niveles extremos de desigualdad son malos para los negocios.[4]

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Eso ya fue dicho por Sismondi hace doscientos años; incluso dijo más que eso: Insistió, una y otra vez, que los buenos salarios son necesarios para movilizar y ampliar el mercado interno; lo mismo que repitió John Maynard Keynes cien años más tarde. Algo parecido a lo que China hace en este momento para aumentar su mercado interior y asegurar un crecimiento económico independiente. Esa política ha sacado a 700 millones de chinos de la pobreza.

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Sismondi también señaló que una mayor igualdad en la riqueza aumenta el poder de compra de los consumidores nacionales, mientras que la desigualdad en la riqueza empuja las economías a depende r de la exportación, que es el móvil principal del imperialismo. [5]  Sismondi también señaló que los mercados mundiales también tienen límites y que la competencia universal, provocada por la desigualad doméstica desplaza a trabajadores en el extranjero. Eso crea conflictos comerciales en todo el mundo, que suelen terminar en conflictos armados. La prueba de que esos conflictos continúan son los debates que tienen lugar en Ginebra, en la OMC. Están todos relacionados con la apertura de los mercados y la erosión del espacio para políticas económicas nacionales de desarrollo interno.

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Sismondi también fue quien desplazó la división de Quesnay, que encontraba tres clases en la sociedad y la dividió en dos clases que protagonizan la dinámica económica y política: la clase obrera y la clase capitalista, que se disputan los beneficios de la producción. Es Sismondi quien encuentra que hay una plus-valía [mieux value] en el aporte de los obreros a la producción, del cual se apropia por la clase capitalista. Sismondi comenta con agudeza que las naciones se enriquecen cuando aumentan sus ingresos totales, pero no cuando una clase usurpa el ingreso de otra clase[6]. Marx elaboró sobre ese tema.

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Ese mismo comentario puede aplicarse al criterio de producción internacional propuesto como cadenas de valor. Su percepción del valor aportado por las partes en un proceso de producción internacional atribuye a los insumos locales y al trabajo local, menos valor y menos retribución que el atribuido a factores foráneos como inversión, distribución y propiedad intelectual. Es el caso del socio capitalista – en este caso corporaciones transnacionales-  usurpando la participación en los ingresos del socio local.

 

Este concepto también tiende a reducir los ingresos de las clases trabajadoras en el mundo desarrollado, porque los obliga a competir con las clases obreras de países en desarrollo. Como Sismondi afirma la riqueza es algo bueno cuando extiende su confort a todas las clases;… Sin embargo, un Estado puede ser miserable incluso si algunos individuos acumulan fortunas colosales.[7] O cuando luego dice, un fabricante que aumenta sus ingresos con lo que recorta en salarios a los trabajadores no añade nada a la renta nacional;El mismo ingreso es bien gastado sea por los ricos o los pobres, pero no se gasta de la misma manera. El primero sustituirá mucho más capital y creará mucho menos trabajo que el segundo; eso favorece mucho menos a la gente y como consecuencia ayuda mucho menos en aumentar la reproducción de la riqueza[8].

 

Hemos documentado lo suficiente, por hoy, la modernidad trascendencia de la riqueza y su relación con la población. Es algo que suele  ser descuidarse en la economía política de Washington y Bruselas, que aún son centros líderes del sistema económico mundial. Pero la gente en las calles de los Estados Unidos y Europa empieza a estar consciente y también cansada de eso. Puede que se etiqueten como Occupy Wall Street o Indignados o Frente Nacional o Syriza, pero hay una reacción popular evidente ante la concentración de la riqueza y eso tiene consecuencias políticas. Esa oposición puede llegar al poder, pero será bueno que sus líderes no lo tomen como revancha y recuerden a Sismondi cuando escribió: El orden social perfeccionado en general es ventajoso para los pobres y para los ricos, y la economía política enseña a mantener ese orden corrigiéndolo, no derrocándolo.[9]

 

Distribución mundial de riqueza entre las naciones

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Además de la concentración de la riqueza nacional, donde ciertos países desarrollados y en vías de desarrollo pueden tener parecidos – US e Indonesia comparten el podium – también hay concentración y falta de equidad en las relaciones económicas internacionales o en la distribución internacional de la riqueza. 15 países tienen el 75% de la riqueza mundial. Cabe señalar que todos esos países, con la excepción de China, también tienen grandes deudas, lo que es indicio de que su mayor participación en la riqueza mundial no proviene de mayor eficiencia económica sino de una especie de plus-valía recogida sobre los recursos de esos 182 países restantes que poseen sólo el 25% de la riqueza mundial.

Pero la distribución de la riqueza mundial muestra una tendencia a cambiar.  Ahora China es el país con mayor riqueza, con una participación del 16%, mientras que los EE.UU. se ha reducido al 13%, pero debemos tomar en cuenta que EE.UU. tiene sólo 315 millones (2014) habitantes, mientras que China tiene 1.357 millones (2013), eso da mayor riqueza per capita a Estados Unidos. Pero si se consideran las deudas, en EE.UU., hay una deuda per cápita de $ 58. 400, contra $ 2.200 en China.

 

Japón es el tercer país rico, con el 9% de la riqueza mundial, su población es de 127 millones y la deuda per cápita es de $ 24.000. Alemania, Italia, Reino Unido, Francia y España, las mayores economías de la UE, tienen juntas el 18% de la riqueza mundial  y su deuda suma US$ 25.771 millardos. El Reino Unido tiene la mayor deuda per capita con US $ 160.158. Italia la menor con $ 43.621. Que una clase minoritaria es quien aprovecha las deudas se prueba fácilmente: el ciudadano corriente tiene una la deuda per capita  mayor que su valor neto.

 

La desigualdad en la distribución de la riqueza mundial hace más lenta la economía mundial, porque, como ya dijo Sismondi: la concentración de la riqueza provoca estancamiento del crecimiento económico.[10]

 

Abandonaremos aquí el tema de la distribución de la riqueza, para comentar otros asuntos modernos en que Sismondi es un buen guía. Tocaré algunos temas de actualidad y citaré trozos pertinentes de sus Nouveaux Principes d’économie politique (1827, su libro principal de la economía, aunque hay otro posterior (1837) muy importante cuyo título es Études sur Economie Politique.

 

Nouveaux Principes d’Economie Politique

 

El primer libro de Nouveau Principes trata de El objeto de la economía política y los origines de esa ciencia. En las primeras líneas del primer capítulo Sismondi afirma que la ciencia del gobierno tiene, o debiera tener, como objetivo el bienestar de los hombres en la sociedad. Esta ciencia investiga los medios para asegurar el más alto bienestar posible que sea compatible con su naturaleza; mientras que trata al mismo tiempo de hacer participar al mayor número posible de personas en ese bienestar…. En ninguna de las ciencias políticas este doble objetivo debe ser olvidado por el legislador. Creemos que esto sigue siendo un principio muy válido para orientar la acción de los gobiernos, pero, por desgracia, no siempre se aplica.

 

Repartición equitativa de los avances científicos y tecnológicos

Untitled8Ahora, como en el tiempo de Sismondi, la ciencia y la tecnología mejoran el modo de  producir bienes y servicios. Esto aumenta la productividad. Ahora, como entonces, en vez de ser una bendición para todos, es causa de desempleo y marginalización de gentes con habilidades ganadas con esfuerzo. Ahora, como entonces, las ganancias por el aumento de productividad no se comparten equitativamente entre los trabajadores y los propietarios. Hay tal  injusticia que esa ganancia es toda para el propietario. Por esa mezquindad, el aumento en productividad en lugar de ampliar mercados con un incremento en la capacidad de compra, crea una mayor concentración de la riqueza, que luego restringe los mercados.

Los avances en la automatización aumentan la productividad, pero para el obrero sólo precarizan el empleo.  La amenaza de redundancia inicia una tendencia a aceptar salarios aún más bajos, para no quedar desempleado. Ese fenómeno existe desde la Revolución Industrial, desde el tiempo de Sismondi. Por eso dijo que las mejoras en ciencia y tecnología son un avance para el conjunto de la humanidad, que debe ser compartido entre todos los que participan en el proceso de producción. Una manera obvia para que los obreros participen en el beneficio – dice- es un aumento de sueldos o un aumento del tiempo libre, con el mismo salario. Lo que está mal hoy día no son los descubrimientos, sino la repartición injusta que el hombre ha hecho de los beneficios.[11]

 

El impuesto al Consumo o de Valor Agregado

 

Untitled14Existen sistemas de impuesto al consumo en más de 120 países de todo el mundo, incluidos todos los países de la OCDE, menos Estados Unidos, donde es más complejo. Las tarifas van desde 3 por ciento al 25 por ciento. El impuesto, generalmente llamado al Valor Agregado (IVA), se paga en la  las transacciones en todos los niveles de la cadena de suministro, desde la producción hasta la venta final del producto al consumidor. La percepción de ese impuesto no es visible para el consumidor final. Esos impuestos no deben ser un costo para las empresas y en general son recuperables por el productor y el distribuidor. En última instancia, es el consumidor final quien  carga con todo el costo del IVA; la mayoría de esos consumidores son personas que viven de un salario.

 

El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras instituciones financieras internacionales recomiendan el uso de IVA o impuesto al consumo como una forma simple y segura para aumentar los ingresos fiscales. El IVA es también un tributo oficial de la Comisión Europea, que le impuso un mínimo de 17%.

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Sismondi se opone a este impuesto al consumo. Primero explica que afecta desigualmente porque hay muchos modos de consumo y algunos escapan completamente, como por ejemplo aquellos que se consumen en la fuente o los que son de producción doméstica. Su oposición al uso generalizado de impuestos al consumo se debe a que nunca sabemos quién va a terminar pagándolo…. y se vuelven siempre más pesados en relación con los ingresos a medida que se desciende la escala de la riqueza en las diferentes clases, hasta que se llega a la más pobre, la de los trabajadores industriales. Su consumo se compone casi siempre de productos que se compran e introducen en las ciudades, y no hay alguna parte de eso que pueda eludir el impuesto.

 

La proposición de eliminar los impuestos directos  y recaudar todos los ingresos del Estado con los impuestos sobre el consumo es injusta e inhumana… En cierto sentido, sería como volver al sistema feudal, en el que los ricos no pagaban ningún impuesto…

Los impuestos sobre el consumo suben el precio de cada cosa. Los que viven de su trabajo y esos son la clase más numerosa, no tendrían suficiente para vivir…. Como las ventas totales disminuirían se haría necesario aumentar el precio de cada mercancía, en particular, aquellas esenciales, porque quienes las venden pueden imponer su ley a los compradores que no puede hacer a menos. El aumento de los precios de los alimentos pone nueva presión sobre los salarios y ganancias … la competencia en los mercados extranjeros será más difícil; el crecimiento se detendrá … Aquí alude a la distribución de la riqueza llamada del goteo hacia abajo (trickle down) propuesta por Ricardo, que es aún la doctrina económica oficial de Estados Unidos y dice: Evitemos creer que al gravar los bienes de primera necesidad, en el que los pobres adelantan el pago, los ricos van a terminar reembolsándolos.[12]

 

Sobre los acuerdos de libre comercio internacional

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El antepasado de los acuerdos bilaterales o plurilaterales, actualmente llamados Acuerdos de Libre Comercio o Acuerdos de Asociación, son los monopolios comerciales que fueron dados a empresas específicas como la Compañía Británica de las Indias Orientales. Hoy en día, a pesar de la etiqueta, el objetivo sigue siendo administrar el comercio de una manera preferencial y discriminatoria. Sismondi ya tenía una opinión contraria a ese tipo de comercio. Afirmó que cuando se trata de la riqueza comercial, en general, los gobiernos sólo han visto el interés de los comerciantes; creen que ese interés es igual al de la nación en su conjunto; por eso es siempre de acuerdo a sus consejos que ajustan su legislación. Siempre buscan hacerlos ricos lo más rápido posible. … Esos acuerdos se obtienen a veces por el favor de un gobierno extranjero, que por miedo o por la esperanza de llegar a una alianza, dan ventajas a los comerciantes de una nación en particular sobre los de cualquiera otra,… ese es el objetivo de los acuerdos comerciales que, durante medio siglo, han sido un tema importante en las políticas europeas.

 

Una excepción de los aranceles de importación que son pagados por otras naciones … da, sin duda, a la nación que la obtiene, casi todo el comercio de la nación que la otorga … Cuando el acuerdo comercial implica la concesión de exenciones recíprocas, cada país podría encontrar que compró demasiado caro el monopolio que consiguió para sus productores, a cambio del monopolio que dio a los extranjeros contra sus propios consumidores … Ningún acuerdo comercial puede satisfacer la avaricia de los comerciantes, porque siempre quieren un monopolio.[13]

 

Esta observación atemporal de Sismondi, describe la eterna aspiración de quienes empujan detrás del comercio negociado por los gobiernos. Cuando Sismondi describe los monopolios comerciales que las potencias europeas impusieron a sus colonias, asoma una propuesta válida para hoy día y  que sería contraria al trato discriminatorio y excluyente encerrado en la Asociación Trans-Atlántica de Comercio e Inversiones – (TTIP según sus siglas inglesas) propuesto por los EE.UU. a la UE.

 

Dice que: un libre comercio de toda Europa, con todas sus colonias habría sido, sin duda, más ventajoso para todos ellos, porque incrementaría infinitamente el mercado para la primera y aceleraría el desarrollo de las segundas. Es algo que la UE, en su conjunto, esta de alguna manera tratando de hacer ahora con los países APC (antiguas colonias).

 

Los acuerdos del tipo TPP y TTIP afectan no sólo a las cuestiones comerciales, sino también áreas no comerciales que impactan mucho en la vida de los ciudadanos en todos los países participantes. Es la razón por la que  siempre son negociados en secreto, pero los detalles son bien conocidos por los especialistas debido a otros acuerdos similares como el NAFTA, el CAFTA y otros más. La reciente publicación de las cláusulas del TPP por Nueva Zelanda confirmó la sospecha de que se trata de las mismas cláusulas. La experiencia de México y Canadá en el TLCAN puede ser servir para advertir sobre las consecuencias económicas y sociales.

 

En subvenciones a la exportación

 

Untitled9La OMC en Ginebra, es el teatro de las negociaciones comerciales multilaterales. En la OMC se aceptó la Ronda de Doha sólo con el fin de eliminar los subsidios que bajan artificialmente los precios de las exportaciones agrícolas. La negociación sobre los demás aspectos del comercio están paralizadas porque no ha habido un acuerdo para la eliminación de los subsidios a las exportaciones agrícolas, principalmente las de EE.UU. y en menor grado, las de la UE.

 

El problema no es nuevo. Lo causan economías cuyo crecimiento no se basa en la prosperidad del mercado interno, sino en las exportaciones. Es un problema que ya existía a principios del siglo XIX, y el análisis de Sismondi relativo a los subsidios a la exportación es tan válido hoy como lo era entonces. Cuando todos los demás medios para la expansión de los mercados extranjeros resultaban ser insuficientes, algunos gobiernos han llegado incluso a pagar a sus comerciantes para permitirles vender a un mejor precio; cuanto más extraño parece este sacrificio, contrario a los más simples cálculos, más se le atribuye a una alta política. Este subsidio es una recompensa del Estado al fabricante por la fabricación y reemplaza los beneficios: el resultado es alentar la continuación de industrias que no producen alguna ganancia; y cuando se le da a las exportaciones, el gobierno paga a sus comerciantes a costa de sus ciudadanos, para que los extranjeros puedan comprar a un mejor precio. Suponemos que esta maniobra se realiza con frecuencia para llevar a la quiebra las fábricas extranjeras cuya competencia se teme. Este sacrificio parece estar muy fuera de proporción con el objetivo propuesto; las gentes que durante diez años  pagaron para desalentar a un rival, corre el riesgo, si eso se discontinua el decimoprimero año, de encontrarlo listo para comenzar de nuevo. Esta puede ser la razón por la que los EE.UU. y la UE encuentran tan difícil eliminar o reducir los subsidios a su agricultura y, sobre todo, a sus exportaciones agrícolas. Sin esas subvenciones que bajan los precios internacionales, algunos países agrícolas podrían dejar de importar y además empezar a exportar de nuevo.

 

Continúa Sismondi Los subsidios como una política sólo pueden justificarse cuando son para bienes cuya fabricación se considera necesaria para la defensa o para la alimentación de la nación, por lo cual su producción se debe garantizar a cualquier precio, al igual que las armas, aparejos para las naves, las medicinas, los alimentos del país o incluso aquellos cuyo cultivo es aún desconocido. La acumulación de riqueza no es el objetivo principal de un país y debe ser sacrificada a todo lo demás que garantiza la seguridad y la salud de la nación.[14] En este párrafo Sismondi recomienda una industria de defensa autónoma y la soberanía alimentaria. Son principios que existen desde las Guerras Napoleónicas y el bloqueo continental. Las recientes sanciones de la UE contra Rusia los ponen a la vanguardia de la política económica actual de Rusia y China.

 

Sobre-producción y consumo

Untitled10La sobreproducción es la bête noir de Sismondi y también con mucho una preocupación actual.

David Ricardo y Jean Baptiste Say declararon que la producción podría ser ilimitada; que no había límites a la producción. Que cada producción crea su propio mercado. Esa idea está todavía se enseña como verdad básica en los cursos de economía. Es la base teórica de la llamada Economía de la oferta (Supply Side Economícs), que es la doctrina que guía de los Estados Unidos desde el Presidente Reagan

Sismondi cita a Ricardo cuando dijo que M. Say [Jean Baptiste Say] ha demostrado, de la manera más satisfactoria que no hay capital, por grande que sea, que no pueda ser empleado en un país, porque la demanda de los productos sólo la limita la producción.[15]

 

Sismondi contradijo esa doctrina con vehemencia. Explicó como la abundancia de capitales  concentraba las inversiones en grandes fábricas de gran capacidad productiva. La concentración industrial creó desempleo y restringió el mercado interior y eso empujó a exportar la producción a otros países y al imperialismo. El descubrimiento de Sismondi se asemeja al teorema  de Hecksher y Olin sobre los patrones del comercio internacional. Ese teorema muestra que los países exportan productos según su recurso productivo más abundante: se exportan productos intensivos en capital contra productos intensivos en mano de obra. Sismondi argumenta que los mercados internacionales también son limitados y que la exportación de la sobreproducción se vende a menudo recurriendo al dumping, lo que arruina la producción local. El frecuente uso de  medidas anti-dumping y las protestas que se escuchan en la OMC y en la UNCTAD confirman lo dicho por Sismondi.

 

Sismondi explica que Su error es que ven la producción anual, como si fuera lo mismo que los ingresos…. Con tal principio es imposible entender el hecho más demostrado en toda la historia del comercio; la saturación del mercado… es imposible explicar cómo es que las ganancias del capital y los salarios bajan, al mismo tiempo que aumenta la producción.[16] Es el mismo efecto burbuja que vemos cuando en medio de desempleo y estancamiento mundial, suben  los mercados de valores por la sobreproducción de dinero.

 

Muchos de los problemas actuales causados por exceso de producción están relacionados con los errores de Say y de Ricardo. Marx encontraba en la objeción de Sismondi la causa de las crisis periódicas del sistema capitalista. También lo hicieron otros críticos del capitalismo como Mihail Bakunin o Rosa Luxemburgo. El día de hoy lo sostienen economistas como Robert Brenner o J.A. Hobson. Ambos explican la actual crisis económica por la sobreproducción, que implica una tendencia al despilfarro que va en contra de la idea del desarrollo sostenible.

 

Untitled11Robert Brenner dice que La causa principal, aunque no sea la única, de la disminución de la tasa de ganancia ha sido una persistente tendencia al exceso de capacidad en las industrias manufactureras globales.[17] Vale la pena leerlo, porque su descripción de la actualidad es parecida a las descripciones de Sismondi, solo que la descripción de Sismondi está más cerca de la raíz primaria.

 

J.A.Hobson explica lo que Sismondi dijo dos siglos antes. Hobson afirma que la sobre-producción y el posterior sub-consumo desata una compleja cadena de reacciones y eventos que resultan en el imperialismo. Hobson atribuye la crisis de 1929 y la depresión posterior a un exceso de inversiones industriales y agrícolas, que fueron financiados por los bancos y crearon una gran sobre-producción. Los productos sin vender vaciaron las cuentas de depósitos, causaron quiebras y los bancos fueron arrastrados con ellas.  Sismondi describe el proceso: Tal vez hayamos notado que los capitales pueden acumularse más rápido de cuanto aumenta la demanda de inversión, cuando eso sucede el interés que se paga disminuye, y eso empuja a más producción, a la vez que empuja hacia abajo el consumo; que cada transformación de capital de trabajo en capital fijo implica una producción futura, sin consumo equivalente; y que si la sociedad sigue algún tiempo en esa carrera de prosperidad … habrá muy pronto, a causa de la acumulación de capital, una aterradora falta de proporción entre producción y consumo. Parece que son necesarios terribles flagelos para llevar las sociedades humanas de vuelta a la armonía,….Pudiera ser que hay un tiempo en el progreso de las naciones, en donde es necesaria la destrucción de la riqueza existente para que la actividad creativa pueda comenzar de nuevo.[18] Es tal cual la Teoría de la Destrucción Creativa de Joseph Schumpeter (1942).

 

Sobre la justicia en la política económica

 

Cuando el público confunde las Escuelas de Negocios con Escuelas de Economía, es útil recordar a la sociedad la distinción de Sismondi: la Economía Política no es una ciencia del cálculo sino una ciencia moral.[19]

[1]   Mal le va a la tierra: Un tratado sobre los presentes descontentos.

[2]   Les Romains appelèrent prolétaires ceux qui n’a-vaient point de propriété, comme si, plus que

tous les autres, ils étaient appelés à avoir des enfans : Ad prolem generandam.   Sismondi. Nouveaux Principes, Libro VII, Cap. II, pag. 264.

[3]          http://fortune.com/2014/10/31/inequality-wealth-income-us

[4]          http://fortune.com/2014/10/31/inequality-wealth-income-us

[5]   L’ égalité des jouissances doit avoir pour résultat de donner toujours plus d’étendue au marché des producteurs ; leur inégalité, de le resserrer toujours davantage. …la concentration des fortunes entre un petit nombre de propriétaires, le marché intérieur se resserre toujours plus, et l’industrie est toujours réduite à chercher ses débouchés dans les marchés étrangers,  Sismondi. Ibidem.Livre IV, Chap.IV, pags. 357 – 361

[6]    Les nations s’enrichissent quand elles augmentent leur revenu, mais non pas quand le revenu de l’une de leurs classes est usurpé par l’autre. Sismondi ibidem. Livre IV, Chap. V, Pag.378.

[7]   La richesse est un bien lorsqu’elle répand l’aisance dans toutes les classes ; …Mais un État peut être misérable encore que quelques individus y accumulent des fortunes colossales.

[8]   Le fabricant qui augmente son revenu de tout le salaire qu’il retranche à ses ouvriers, n’ajoute rien au revenu national….Le même revenu est bien employé par le riche et par le pauvre, mais il n’est pas employé de la même manière. Le premier remplace beaucoup plus de capital et beaucoup moins de travail que le second ; il favorise beaucoup moins la population, et sert par conséquent bien moins à la reproduction de la richesse.

[9]   L’ordre social perfectionné est en général avantageux au pauvre aussi bien qu’au riche, et l’économie politique enseigne à conserver cet ordre en le corrigeant, non pas à le renverser. Sismondi. Ibidem. Livre I, Chap. II.

[10] Aussi ce que nous avons vu au commencement de ce chapitre, que le marché intérieur ne pouvait s’étendre que par la prospérité nationale…. l’augmentation du débit universel ne peut résulter que de la prospérité universelle. Sismondi. Nouveaux Principes d’économie politique, Livre IV, Chap.IV. Page 362.

[11]  Supposez tous les hommes partageant également entre eux le produit du travail auquel ils auront concouru, et toute découverte dans les arts sera alors, dans tous les cas possibles, un bienfait pour eux tous ; car, après chaque progrès de l’industrie, ils pourront toujours choisir, ou d’avoir avec moins de travail un plus long repos, ou d’avoir avec le même travail plus de jouissances. Aujourd’hui, ce n’est pas la découverte qui est le mal ; c’est le partage injuste que l’homme fait de ses fruits. Sismondi. Ibidem. Clarifications, Pages. 433 – 434.

[12] C’est un grave inconvénient des impôts sur la consommation, qu’on ne sache jamais, en les établissant, par qui ils seront payés en dernier analyse. …que ses droits s’élèvent toujours plus dans leur proportion avec les revenus, à mesure qu’on descend vers les clases plus indigentes, et que la plus malheureuse de toutes, celle des ouvriers manufacturiers , dont la dépense se compose presque uniquement de denrées achetées et introduites dans les villes, n’y échappe pour aucune partie de son revenu.

C’est donc une proposition très-injuste et inhumaine que celle qu’on a souvent répétée, de supprimer toutes les impositions directes, et de lever la totalité des revenus de l’État par des impôts sur la consommation ; …à plusieurs égards ce serait rentrer dans l’ancien système féodal oû le noble ne payait rien ;…

D’autre part, lorsque les impôts sur la consommation ont élevé le prix de toutes choses, les hommes qui vivent de leur industrie, et qui forment une classe nombreuse parmi les consommateurs, ne trouvent plus dans l’industrie des ressources suffisantes pour vivre….Comme la vente totale diminue, il faut, pour qu’ils vivent, que chaque article leur rapporte davantage,…mais surtout celui des denrées de première nécessité, parce que leurs vendeurs font la loi aux acheteurs, qui ne peuvent s’en passer. Le renchérissement de ces denrées réagit de nouveau sur les salaires et les profits. … Gardons-nous de croire qu’en chargeant d’un impôt les objets de première nécessité, si les pauvres font l’avance, les riches finiront par le rembourser !  Sismondi. Ibidem , Livre VI, Chap. VI

[13] En général, les gouvernements, dans la richesse commerciale, n’ont vu que les marchands : ils ont cru l’intérêt de ceux-ci constamment conforme à celui de la nation ; et c’est presque toujours d’après leurs conseils qu’ils ont réglé leur législation. Ils ont cherché à les rendre riches le plus tôt possible ; …mais on pouvait quelquefois, par la faveur d’un gouvernement étranger, par la crainte, pas l’espérance d’une alliance, des avantages pour les commerçans d’une nation de préférence à toute autre,…C’est le but des traités de commerce qui, pendant un demi-siècle, ont été un objet important de la politique européenne. …Lorsque le traité de commerce portait une concession d’exemptions réciproques, chaque état aurait dû trouver qu’il achetait trop cher le monopole accordé à ses producteurs, par le monopole accordé aux étrangers contre ses consommateurs. …Aucun traité de commerce ne peut satisfaire pleinement l’avidité des marchands qui désirent un monopole.  Ibidem. Livre IV, Chap. IX, pages 413, 414, 417, 418, 421.

[14] Tous les autres expédiens pour étendre le marché des producteurs s’étant trouvés insuffisans, quelques gouvernemens sont allés jusqu’à payer leurs marchands pour les mettre en état de vendre meilleur marché ; plus ce sacrifice était étrange et contraire aux calculs plus simples, plus on l’a attribué à une haute politique. La prime est une récompense que l’état décerne au fabricant en raison de sa fabrication, et qui lui tient lieu de bénéfice : elle encourage par conséquent à suivre une industrie qui ne donne aucun revenu ; et lorsqu’elle est accordée sur l’exportation, le gouvernement paie ses marchands aux dépens de ses sujets, pour que les étrangers puissent acheter d’eux à meilleur marché. On a supposé que cette manouvre a été souvent suivie pour ruiner des établissements étrangers dont on redoutait la concurrence. Le sacrifice paraît bien disproportionné avec le but qu’on se serait proposé ; le peuple qui pendant dix ans, aurait payé une prime pour décourager ses rivaux, risquerait, s’il la discontinuait à la onzième année, de les trouver tout prêts à recommencer.

Une prime ne peut se justifier en politique, que lorsqu’elle est accordée sur la fabrication d’une marchandise  que l’on juge assez nécessaire ou à la défense, ou à la subsistance d’un peuple pour vouloir s’en assurer à tout prix la production, comme des armes, des agrès de navire, des médicamens, des denrées propres au pays, quoique leur culture y soit encore inconnue. L’accumulation de la richesse n’est pas le but principal de l’existence d’une nation, et elle doit être sacrifiée à tout ce qui garantit sa sûreté ou sa santé.

[15] Sismondi citando a Ricardo : M. Say a prouvé, de la manière la plus satisfaisante, dit-il, qu’il n’y a point de capital, quelque considérable  qu’il soit,  qui ne puisse être employé dans un pays, parce que la demande des produits n’est bornée que par la production. Sismondi. Ibidem. Livre IV, Chap. IV, pag.366.

[16] L’erreur dans laquelle ils sont tombés tient tout entière à ce faux principe, c’est qu’à leurs yeux la production annuelle est la même chose que le revenu. …..Avec ce principe, il devient absolument impossible de comprendre ou d’expliquer le fait le plus démontré dans l’histoire du commerce ; c’est l’engorgement des marchés. …il est  impossible d’expliquer comment le profit des capitaux et le taux des salaires baissent souvent en même temps que la fabrication augmente. Sismondi, Ibidem, Livre IV, Chap. IV, pages 336, 367

[17] Robert Brenner, Overproduction not Financial Collapse is the Heart of the Crisis: the US, East Asia, and the World. http://www.japanfocus.org/-Robert-Brenner/3043/article.html

[18]          Toutefois, on peut déjà avoir remarqué, que les capitaux peuvent s’accumuler plus rapidement que les demandes pour l’ouvrage qu’ils font produire n’augmentent; que dans ce cas l’intérêt qu’ils portent diminue, et qu’ainsi ils font produire plus , en même temps qu’ils font consommer moins; que chaque transformation de capital circulant en capital fixe entraîne la création d’une production future, sans consommation correspondante; et que, si la société continuait quelque temps dans son cours de prospérités, sans pouvoir s’étendre sur des régions nouvelles, et faire naître un nouveau peuple sur une nouvelle terre , il y aurait bientôt, en raison même de l’accumulation de ses capitaux , une disproportion effrayante entre ses productions et sa consommation. Il semble que de terribles fléaux sont chargés du soin de ramener à l’ordre les sociétés humaines, ….De même il y a peut-être telle époque dans le progrès des nations, où la destruction de la richesse existante est nécessaire pour que l’activité créatrice puisse recommencer à s’exercer.. Sismondi. Ibidem. Livre VI, Chap. VII, pages 248, 249.

[19] Aussi, l’économie politique n’est-elle pas une science de calcul, mais une science morale. Sismondi. Ibidem. Livre III, Chap. XIII, page 313.