La sociedad olvidada: Sismondi y la escuela humanista de economía

Por Umberto Mazzei

Echenevex, Julio 2016

No hay tal cosa como la sociedad. Hay individuos, hombres y mujeres.

Margaret Thatcher, 1987

La visión de la Baronesa Thatcher de la humanidad como una suma de partículas y átomos está en duro contraste con la de una enfermera china que cuando atendía un niño sacado de las ruinas de un colegio, después del terremoto de Sichuan, en 2008, fue entrevistada por una cadena americana: – ¿Cuál es su nombre? – Mi nombre es China.   

La percepción de la humanidad de Margaret Thatcher es un reflejo de la teoría económica de David Ricardo, que aspiró a ser una ciencia exacta y así se aplica en Inglaterra desde la Revolución Industrial y en general, en el mundo anglosajón. Las ideas de Ricardo se fusionan bien con el modelo político imperante en Inglaterra desde la revolución de 1688. Este se basa en la visión social de John Locke, un sociólogo calvinista, vinculado al tráfico de esclavos, que proclamó que el objetivo de toda  sociedad es proteger la propiedad, la vida y la libertad. Esa amalgama de ideas impregnará la percepción sociopolítica del mundo anglosajón hasta nuestros días.

Esa percepción anglosajona, que mira sus teorías políticas como ciencia exacta aplicable a toda circunstancia, tuvo tempranos contradictores. El primero en afirmar claramente que las normas de conducta económica y política variaban según las circunstancias fue el pensador inglés Edmund Burke. En Alemania y otros países europeos ese escepticismo desarrolló ideas sobre la política y la economía menos abstractas, menos mecánicas, más  orgánicas y elásticas y más útiles para trabajar hacia objetivos políticos, que pueden diferir según las circunstancias nacionales. Esta tendencia tiene raíces múltiples; una es el relativismo romántico, otra es la interpretación dialéctica de la política y la sociedad, y finalmente la convicción  de que toda ciencia social debe basarse en el conocimiento profundo  de la evolución histórica, por eso se le llama la escuela historicista de economía.

Esta escuela fue marginada de la discusión de la teoría económica desde la segunda guerra mundial, a favor de la escuela anglosajona clásica, cuya actualización más radical es la escuela neo-liberal de Chicago. Las crisis recurrentes y el escandaloso aumento de la  concentración de la riqueza que provoca el modelo anglosajón a escala universal, han mostrado los peligros que esa injusta repartición tiene para la estabilidad política. Eso ha despertado un nuevo interés en el enfoque empírico de la escuela historicista, como una alternativa. Su enfoque está más cerca de la naturaleza humana que el traumatismo marxista y tiene mejores credenciales de éxito en su uso para el desarrollo económico y en la distribución equitativa de la prosperidad.  

Jean Charles Simonde de Sismondi fue el primero en utilizar la historia para estudiar el sistema económico capitalista surgido de la revolución industrial. Desde su primera obra publicada, Cuadro de la Agricultura Toscana, su método fue  investigar la historia política, las políticas gubernamentales y el comportamiento económico, para encontrar vínculos entre estímulos y reacciones. Sus conclusiones fueron las primeras en mostrar un divorcio entre las teorías de la escuela clásica anglosajona, de supuesta validez universal y los hechos reales; entre las abstracciones ricardianas y las prácticas económicas conocidas.

Sismondi ya era bien conocido como historiador,.cuando escribió sobre economía política. Ya tenía vastos conocimientos políticos y sociales y además, experiencia de primera mano sobre asuntos económicos. Muy joven trabajo para una empresa comercial en Lyon, luego visitó Inglaterra en plena revolución industrial, fue empresario agrícola en Pescia y fue funcionario de la Cámara de Comercio de Ginebra.

Esas experiencias le dieron conocimientos técnicos y prácticos directos sobre áreas de importancia básica en la economía. Su amplia visión histórica incluía una documentada perspectiva sobre los más extraordinarios éxitos económicos de la Edad Media: el de las republicas italianas. Esas ciudades lograron mantener su independencia y prosperidad durante la época feudal y el absolutismo monárquico, gracias a una potencia militar y una cohesión política que venía de su riqueza industrial y comercial y una mejor distribución de los beneficios entre los ciudadanos.  

En 1919, con una aguda percepción de los asuntos económicos, adquirida estudiando hechos reales y técnicas económicas nacidas de la experiencia, Sismondi presentó su libro Nuevos Principios de Economía Política. Este explicaba las doctrinas económicas anteriores, analizaba las diferentes fuentes de riqueza y el efecto en ellas de la Revolución Industrial y finalmente los efectos negativos de la ya imperante doctrina económica de David Ricardo. Sus nuevos principios surgen como una alternativa al sistema anglosajón. Su mayor novedad es que contraría las tesis anglosajonas desde Adam Smith, porque cree necesaria la intervención política para crear economías nacionales equitativas y orgánicamente estables. Esas economías nacionales ya las ve como partes de un mundo integrado, donde el propósito de la acción política no se restringe a la creación de riqueza, sino que busca asegurar su distribución equitativa, porque la riqueza compartida es necesaria para un crecimiento económico estable a escala global: “el aumento del volumen de ventas universal no puede resultar más que de la prosperidad universal.”

Sismondi como socialista

Sismondi suele ser clasificado como el primer pensador socialista, porque descubrió la plusvalía ( mieux value) del trabajo salariado, porque habló de lucha de clases y pidió la intervención del Estado para proteger a los trabajadores; porque propuso un salario mínimo, la garantía del empleo y la protección del trabajador durante la enfermedad y la vejez, amen de otras medidas sociales. Todas ellas forman hoy parte de un programa socialista, pero aún quedan por adoptarse algunas recomendaciones más avanzadas, como el modo de repartir con mayor equidad los avances de la ciencia y la tecnología, porque tienden a perjudicar el empleo y la seguridad de empleo y favorecen exclusivamente a los dueños del capital.

Es notable que el contenido de los Nuevos Principios de Economía Política de Sismondi fuese  sistemáticamente distorsionado por algunos escritores, desde Marx en adelante. Un ejemplo corriente de distorsión es decir que Sismondi atribuía al subconsumo las crisis recurrentes del sistema capitalista, que fue el primero en notar. Son Marx y Lenin quienes dicen eso. Ese error lo encontramos hasta en trabajos específicos sobre Sismondi y nos preguntamos porque sus autores caen en él, porque en ninguna obra obra suya Sismondi atribuye las crisis capitalistas al subconsumo. Las atribuye muy claramente a la sobreproducción, causada por la abundancia de capital; lo dice una y otra vez. Un viejo caso es el del socialista polaco Henryk Grossman en su obra Simonde de Sismondi y sus teorías económicas quien sin embargo dice que Sismondi fue el primer economista que explicó el capitalismo. En época más reciente, hasta en el excelente trabajo de Diego Guerrero Sismondi precursor de Marx, encontramos matices de ese error.

Puede que ese error venga de que Sismondi afirma que mientras más bajos los salarios es más grande la dificultad de absorber la sobreproducción, porque se encoje el mercado interno. Pero eso no significa que atribuye las recurrentes crisis capitalistas al subconsumo, las esta atribuyendo a la codicia de corta visión de quienes por una ganancia inmediata a expensas de salarios no piensan en las consecuencias del mediano plazo; un comportamiento lógico, si se quiere, de seguir teorías que justifican la codicia individual. La mecánica de esas crisis, como Sismondi explica, viene de que aquellos países, como Inglaterra, donde coinciden abundantes capitales en busca de colocación y una cultura de aumentar ganancias a expensas de salarios, hay tendencia a la sobreproducción y el abarrotamiento. Es un ámbito económico en que coexisten abundancia y miseria; la soluci’on es vender el excedente en mercados extranjeros, que es la causa original del imperialismo moderno.       

Otro error frecuente es atribuir una influencia de Malthus en Sismondi, cuando en realidad sucedió lo opuesto. Sismondi fue el primero en contradecir la idea de Malthus sobre que la población sobrepasaría los medios de producción. Sismondi describe cuan superior son las tasas reproductivas en la agricultura comparadas con las tasas de la reproducción humana. También fue el primero en notar que la tasa de reproducción humana disminuye con el aumento de la instrucción y la prosperidad. Es Malthus quien más tarde muestra la influencia de las ideas económicas de Sismondi.  

Sismondi y la escuela historicista

Sin embargo, al examinar la técnica y la perspectiva con que Sismondi analiza la economía; encontramos que su visión orgánica, sus ideas y sus aportes encajan mejor dentro de la escuela historicista de economía. Es más, algunos eruditos investigadores de la economía, como Werner Stark y Henry William Spiegel, lo consideran uno de sus fundadores. El fue el primero en mirar como simples opciones políticas los axiomas de la escuela anglosajona y en rehusar considerar como ciencia esos mecanismos automáticos y abstracciones; hasta los consideró un fraude.

Como todos los historicistas, Sismondi objeta que al aplicarse a la realidad las teorías anglosajonas, se producen distorsiones socio-económicas y se tiende a concentrar la riqueza en una elite, a expensas del resto de la sociedad. Como ellos, él cree que el costo social y económico de esos desequilibrios es enorme, porque su inherente injusticia desencadena crisis contagiosas que frenan, desordenan y hacen retroceder el crecimiento económico nacional e internacional. Todos ellos están de acuerdo en la suprema importancia de un equilibrio de ingresos más cercano, éporque como dice Sismondi “el salario dado al obrero tiene el mismo efecto que la semilla confiada a la tierra” porque “la riqueza comercial sigue el crecimiento de los ingresos”. Sismondi objeta las ideas de Ricardo porque dice que mira la gente como piezas desechables, que su única preocupación es la de cómo acumular riqueza e ignora el sufrimiento causado por su mala distribución, el cual asume que encontrará un equilibrio automático a causa del sufrimiento mismo.

Esas objeciones a las teorías de Ricardo la vemos repetida por los primeros pensadores de la escuela historicista de economía, que analiza la economía enfocándola desde una secuencia histórica de las prácticas económicas y de sus ámbitos, en oposición a las teorías inglesas presuntamente científicas sobre mecánicas abstractas universalmente válidas y cuya propuesta para la distribución de la riqueza es la del “derrame hacia abajo”(spill down); una imagen que recuerda la caridad medieval, la distribución de sobras o las migas que caen del banquete de los ricos.

La escuela historicista ve como indispensable interpretar las ideas del pasado en su contexto histórico y evaluar sus resultados prácticos según el ámbito de aplicación, antes de elaborar políticas económicas, que deben ser necesariamente casuísticas y que deben corresponder a las circunstancias orgánicas de cada país. Un enfoque a le vez idealista y nacionalista que desconfía de las abstracciones inglesas y coincide con Sismondi cuando dijo que “en economía política, por lo general se debe desconfiar de las proposiciones absolutas, así como de las abstracciones…En ninguna parte se encuentran cantidades absolutas, ni se encuentra nunca una fuerza siempre igual; toda abstracción es un fraude.”

Durante el siglo XX, especialmente en la segunda mitad, el debate económico fue polarizado por las abstracciones del marxismo y del liberalismo anglosajón. Ambas fracasaron en crear un bienestar general sostenible. Por eso en el siglo XXI se buscan otras opciones y los autores de la escuela historicista de economía de nuevo despiertan interés. Su filosofía económica es más humanista, porque procede de la práctica y de hechos humanos; no tiene, como las dos anteriores,  pretensiones de ciencia exacta universal de validez obligatoria y aplicable erga-omnes. Su humanismo viene de saber que los resultados de la aplicación de las mismas políticas y principios económicos pueden variar según las circunstancias y el momento de cada sociedad. El relativismo es un rasgo prominente del  enfoque historicista y sus políticas tienen en su haber notables éxitos en la Europa Continental y en otros lugares, en ambientes sociales y políticos muy distintos.

La escuela historicista de economía

Sin pretender en absoluto se exhaustivos, queremos señalar aquí con algunas pinceladas el parentesco de Sismondi con la escuela historicista de economía, que fue muy influyente en Europa, pero cuyo éxito más notorio es el desarrollo económico de Alemania. Los autores de esta escuela desarrollaron una visión orgánica y evolucionaria de la sociedad, cuya característica es la visión realista, basada en hechos, de los asuntos económicos. El vínculo original con Sismondi es evidente, cuando recordamos que en toda la obra de Sismondi es conspicua su visión de la historia como el marco donde se colocan todas las ciencias relacionadas con la dinámica humana. Esa perspectiva es evidente en sus Nuevos Principios de Economía Política y se acentúa en sus Estudios de Economía Política, una obra posterior más sintética, con nuevos hechos en apoyo a su argumentación, poco citada hoy día, que existe sólo en la edición belga original de 1836.

Este boceto solo quiere sólo señalar coincidencias con  los autores más destacados de esa perspectiva de la economía, que, aunque se le haya descuidado en la enseñanza académica, tenemos la convicción de sigue ofreciendo una opción realista para una distribución equitativa del desarrollo económico.

Adam Müller (1779 – 1829) es, junto con Sismondi, un precursor de la escuela historicista de economía. Coincide con Sismondi en criticar la escuela anglosajona de pretender racionalizar con su teoría la pauperización de las clases trabajadoras y artesanales. Ambos critican el individualismo atomizador de la escuela anglosajona y miran al estado como una entidad orgánica responsable del bienestar general. Ambos analizan el papel de las antiguas  corporaciones en la estabilidad laboral y en el equilibrio entre producción y consumo, aunque difieren en lo que se debe hacerse. Müller desea su retorno. Sismondi las considera superadas y piensa obtener esas ventajas con un estado que promueva la concertación en mutuo beneficio de empresarios y trabajadores. Ambos acusan la escuela anglosajona de dar demasiada importancia al valor de cambio y de disociarlo del valor útil; notando que hay una diferencia en ser útil a la sociedad y ser útil al individuo. Los dos examinan los efectos de la división del trabajo, aunque difieran en sus conclusiones. Ambos coinciden en considerar la herencia cultural y científica acumulada como parte de la riqueza patrimonial de un país. Müller resalta cuatro aspectos en el intercambio económico: los antecedentes históricos, los aspectos sociológicos, el método comparativo y la relatividad evolutiva. Todos ellos fueron contemplados por Sismondi, quien señala que el propio Adam Smith “reconoció que la ciencia de gobierno era experimental, que sólo podía basarse en la historia de los diversos pueblos y que sólo se podían deducir principios de una observación juiciosa de los hechos.” Luego comenta: “Los principios de la ciencia política deben formar un conjunto y dimanar unos de otros.”

Friederich List  (1789 – 1846), el economista alemán por excelencia, coincide con Sismondi en criticar la teoría económica anglosajona por su punto de vista estático de la economía, mientras que ambos interpretan el comportamiento económico en modo dinámico. List no cita a Sismondi en la bibliografía de su obra cumbre “El Sistema Nacional de Economía Política, pero las coincidencias son muchas. Una es haber analizado la experiencia económica de los jóvenes Estados Unidos de América y haberla usado en sus argumentos con una  interpretación muy similar de su comportamiento social y económico. A diferencia de Sismondi que sabía de la economía americana por referencias, List estuvo cinco años en Pennsylvania y dejó sus conclusiones en su libro “Bocetos de Economía Política Americana (1827) publicado el mismo año que la segunda edición de los Nouveaux Principes de Sismondi.

También coinciden en usar el mismo patrón crítico al analizar el liberalismo anglosajón y en concluir que aceptar una política económica basada en la lucha entre egoísmos individuales, en lo interno destruye la armonía nacional y obliga resolver el desequilibrio económico interno con una política exterior imperialista. Ambos critican la ley llamada de Say, que Ricardo comparte, donde se afirma que toda producción produce su propio mercado. Sería cierta, dicen ambos, si se hace abstracción del tiempo y del espacio. También consideran los dos que es necesaria la intervención del estado para desarrollar una economía nacional estable, donde la competencia tenga límites y fomentar industrias que cree empleo y salarios, pero sin caer en las prácticas monopolísticas – como las de grandes transnacionales modernas – del antiguo sistema de producción corporativo.

Wilhelm Roscher (1817 – 1894), considerado el fundador de la escuela historicista alemana es otro economista que tiene importantes coincidencias con Sismondi. Ambos consideran que los principios para lograr el desarrollo económico estable y el bienestar social deben buscarse investigando en la historia de cada sociedad; pero no sólo los aspectos económicos, sino también los antecedentes en otros ámbitos humanistas: políticos, culturales, religiosos y legales. Esto es algo que encaja bien en la dialéctica de Hegel y es más amplio que la estrecha “dialéctica materialista” de Marx. Sismondi asume este método de modo implícito, como algo natural y podemos leer sus descripciones de la evolución histórica en las sociedades nacionales, incluyendo a Inglaterra, para explicar las tendencias  estructurales de sus economías y de sus políticas comerciales. Ambos distinguen etapas en el desarrollo económico de las sociedades, que, según tiempo y lugar, pueden diferir diversamente con los resultados automáticos que se esperan de las supuestas verdades científicas de la escuela anglosajona. Roscher fue profesor en la Universidad de Leipzig desde 1848 y en 1854. En 1854, doce años después de la muerte de Sismondi, publicó sus Principios de Economía Política, donde cita a Sismondi con frecuencia. Ambos coinciden también en explicar la mecánica en la demanda de dinero, señalando la ventaja del dinero metálico que tiene un valor intrínseco y ambos señalan los peligros del papel moneda, que se devalúa fácilmente y facilita que el crédito especulativo cuyas burbujas pueden confundirse con activos reales; un tema muy actual en la economía de hoy.    

Bruno Hildebrand (1812 – 1878) fue profesor en la Universidad de Marburg y su libro critico La economia nacional del presente y el futuro, le costó un exilio en Suiza, junto con su discipulo Karl Knies. Como Sismondi, consideraba que las instituciones políticas, junto con otros factores como clima y religión, moldean la idiosincrasia nacional y son factores que inciden en el comportamiento económico; es una relación que vincula la economía con las otras ciencias sociales y es esa relación lo que hace de cada economía nacional un caso específico. También coincide con Sismondi en diferenciar una política económica basada en la riqueza real y una economía basada en el crédito, que confunde el pasivo con el activo; para ilustrar esa confusión con un ejemplo Sismondi menciona el informe de presenta el ejemplo de Alexander Hamilton, primer Secretario del Tesoro en Estados Unidos y su informe (1791), ante el congreso norteamericano, sobre el financiamiento de la industria       

Karl Knies (1821 – 1898) igual que Sismondi considera equivocado basar la ciencia económica en la persecución del interés individual. Piensa que el desarrollo moral de la sociedad confiere a cada etapa histórica características propias, por lo que la guía para el comportamiento económico sólo puede funcionar por analogías, pero sin repetición exacta, sin certeza científica. Afirmó que dejar que la economía nacional dependa sólo de las fuerzas que compiten en el mercado, sea nacional o mundial, es negar el concepto político de la economía,  es negarle un papel activo al estado. Knies consideró que tanto el liberalismo anglosajón como el naciente socialismo, eran inadecuados para resolver los problemas sociales y económicos de los países, pero señaló que las políticas de la escuela anglosajona crean condiciones que facilitan el triunfo del socialismo. Knies, igual que Sismondi, afirma que las teorías de la escuela ricardiana son especulaciones cuyas formulas se basan en un período particular, alejadas de consideraciones de tiempo y espacio. Es curioso que con esas coincidencias, Knies mire a Sismondi como pensador socialista, un término inexistente en tiempos de Sismondi. Esta es una clasificación arbitraria, porque Sismondi tiene una percepción evolutiva de los cambios sociales; su deseo es mejorarla la distribución de la riqueza con políticas sociales, sin cambios violentos, porque los considera destructivos de la riqueza y efímeros; puede que Knies fuese influenciado por Marx, que, como se sabe, en su Manifiesto del Partido Comunista clasificó al suizo Sismondi como “socialista pequeño burgués” y lo ungió como jefe de esa “escuela” en Francia e Inglaterra.  

Gustav von Schmoller (1838 – 1917) llevó la escuela historicista a rechazar la entera teoría económica anglosajona y argumentó que se podría teorizar sólo cuando hubiese suficiente información histórica sobre la economía, en tantas circunstancias distintas, como para sacar conclusiones. Schmoller sacó la economía del concepto inductivo y sintético anglosajón y la ubicó entre las ciencias de la cultura; esa idea se expresa en su conocida frase: “La economía hoy día es una ciencia solo en cuanto se expande hacia la sociología”. Esta afirmación recuerda los drásticos comentarios de Sismondi sobre los equilibrios automáticos de Ricardo: “En economía política, se debe desconfiar de las proposiciones absolutas así como de las abstracciones…En ninguna parte se encuentran cantidades absolutas, ni se encuentra nunca una fuerza siempre igual; toda abstracción es un fraude. Además, la economía política no es una ciencia de cálculo, sino una ciencia moral. Se extravía cuando se cree guiada por las cifras; solo lleva a la meta cuando se estiman los sentimientos, las necesidades y las pasiones de los hombres”

Schmoller fue el principal arquitecto de la Verein für Sozialpolitik (Asociación para la Política Social) aplicada en 1872, por iniciativa de Otto von Bismarck, en la nueva y consolidada Alemania, copiada en otros países, como en los Estados Unidos con la American Economic Asociation. Esa entidad alemana orientaba la política social alemana y fomentó la colaboración entre empresarios y obreros para el crecimiento económico en mutuo beneficio. Justo lo  que Sismondi predicó a lo largo de su obra económica y como historiador. Con solo mirar el capitulo sobre salarios de Nuevos Principios, encontramos frases como: “La igualdad de beneficios tiene siempre como resultado más expansión del mercado para los productores, mientras que la desigualdad siempre lo reduce más.”…“Debido a la concentración de fortunas en un pequeño número de propietarios, se estrecha siempre el mercado interior y la industria se ve reducida a buscar sus ventas en mercados extranjeros”…“Por lo demás, no es el rico la meta del orden social; la riqueza no es deseable en la sociedad sino por el desahogo que reparte entre todas las clases”

Max Weber (1864 – 1920) fue el sucesor de Knies en la Universidad de Hidelberg. En 1904 fundó la revista Archiv für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik junto con Edgar Jaffé  y Werner Sombart. Su  perspectiva investigadora de la historia separa aquello que él llama “magia” de los hechos concretos, que luego analiza en busca de conclusiones racionales. Ese método lo llevó a conclusiones que es solo en esta época cuando se vislumbra su posibilidad. Weber piensa que sucederá todo lo contrario de cuanto profetizó Marx;  que es cierto que hay en curso una revolución que lleva a una dictadura, pero no a la dictadura de los proletarios, sino la de los técnicos de la burocracia empresarial y gubernamental.

Weber es bien conocido por su interpretación sociológica de la economía, que expuso magistralmente en su celebre obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, donde señala el origen calvinista (puritano), del capitalismo, porque hace del éxito secular en este mundo un indicio de salvación en el otro. Aquí encontramos un paralelo con Sismondi, que también examinó la influencia de la religión en la economía y explicó el modo como algunas influyeron  en comportamientos económicos. Hay un entero capítulo dedicado a la influencia en desequilibrar ingresos y población, donde afirma que “La enseñanza religiosa ha contribuido casi siempre a romper el equilibrio entre la población y la demanda de trabajo de la que debe vivir.” Sismondi comenta cáusticamente luego que para los casados se considera pecado la abstinencia que se predica como virtud a los célibes y que esa contradicción es de origen católico, pero sigue vigente en las iglesias reformadas.

Werner Sombart (1863 – 1941) combinó los procesos de historia y economía para sacar conclusiones teóricas. Su obra más importante es el monumental Der moderne Kapitalismus, donde atribuye el concepto de capital a la contabilidad doble, inventada en Italia durante el siglo XIII. Luego desarrolla su perspectiva histórica del sistema capitalista sobre tres elementos estructurales: el espíritu, la forma y la técnica. El espíritu está dominado por las ideas materialistas de adquisición, competencia y egoísmo racional. La forma tiende a un sistema privado, descentralizado, regulado sólo por el mercado. La técnica se mueve en una evolución constante en busca de productividad. Ese egoísmo racional que busca siempre la ganancia, puede medirla con exactitud gracias a un sistema contable.

Sombart también escribió varias obras donde aplica la misma metodología historicista a temas específicos, como El  burgués, Porque no existe el socialismo en los Estados Unidos, El socialismo alemán y Los judíos y la vida económica. En este último comenta la obra de su amigo Max Weber y dice que es por la esencia judaica del calvinismo, que este influye en el desarrollo del capitalismo.   

Sombart criticó la discusión sobre si clasificar la economía como ciencia natural (nomotética) o cultural (ideográfica) y propuso que se mire tanto la historia como la economía desde una visión de la sociedad que no sea ni a priori desvinculada de la realidad y tampoco caleidoscópicamente descriptiva. El objetivo es la comprensión del conjunto, para así poder entender la esencia de su comportamiento. El esfuerzo de comprender debe tener una visión global, porque con la entrada de nuevos elementos los comportamientos pueden alterarse. Sombart no mira la economía como una ciencia de la riqueza, sino como un instrumento de reforma social. Es un eco de Sismondi, que ya decía “El bienestar físico del hombre, en tanto que puede ser obra del gobierno es el objeto de la economía política”. La obra El Capitalismo Moderno no existe más que en alemán. Los derechos exclusivos para su traducción al inglés, según he leído, los tiene la Universidad de Princeton, que ni lo ha hecho, ni lo deja hacer.

John Maynard Keynes (1883 – 1946) fue el último economista inglés de renombre universal y su libro más famoso es la Teoría General sobre el empleo, el interés y el dinero.. Keynes no pertenece a la escuela anglosajona, porque, como él mismo dice en el prefacio a la edición japonesa de esa obra(1936), considera “insuficientes” los equilibrios automáticos de la escuela clásica inglesa y al contrario de aquella, considera útil la intervención del estado para mantenerlos. Fue el jefe de la delegación inglesa durante la redacción del Tratado de Versalles y renunció por un desacuerdo que después expuso en su libro Las consecuencias económicas de la guerra, donde advierte sobre los efectos nefastos que tendrían para la economía mundial las “reparaciones de guerra” (tributos) impuestas a Alemania. Keynes fue profesor en Cambridge, donde había estudiado;  también fue funcionario público británico e incluso miembro de la directiva del Banco de Inglaterra.

En Bretón Woods (1944), Keynes, que veía el patrón oro como “una reliquia bárbara”, se opuso a la propuesta del americano Harry Dexter White de asumir el US Dólar como moneda internacional, con un patrón de US$ 35 por onza de oro. Su propuesta, que no se aceptó, era una moneda de cuenta llamada Bancor, emitida por un banco supranacional que hacía la función de cámara de compensación. Allí se revisaba anualmente el cambio de las monedas nacionales con el Bancor, según la respectiva balanza de pagos. El Bancor merece estudiarse de nuevo ante la presente fragilidad del US Dólar y la erosión internacional del valor de los capitales, ahorros y salarios en la economía real; la economía sin acceso al Quantitative Easing.

La más conocida contribución de Keynes al ciencia económica es la noción de que la demanda agregada es la suma de los consumos. La demanda nacional – esto es el crecimiento económico- viene así a depender de los salarios y del empleo. Los gobiernos pueden intervenir, para estimular el empleo y salarios, con obras públicas. Esa idea, dice Keynes en el prefacio a su edición japonesa, le vino leyendo a Malthus. Malthus toca ese tema on passant en su critica a la ley de mercados de Say, aquella postulada también por Ricardo, que asume que toda producción encuentra comprador y puede ser considerada como ingreso. Malthus contradice a Say con el mismo argumento que Sismondi, a quien cita y eso parece habérsele escapado a Keynes. Malthus y Sismondi dicen que Say y Ricardo confunden producción con renta y es siempre Sismondi quien insiste en la importancia del empleo y salarios equitativos para el crecimiento económico, porque los salarios son la demanda, son el mercado. La frase de Sismondi que citamos “el salario dado al obrero tiene el mismo efecto que la semilla confiada a la tierra” es una metáfora poética que describe toda la doctrina keynesiana sobre el papel del empleo y los salarios para sostener la demanda.

Pero hay otras frases de Sismondi que también la sintetizan, como en el título del Capítulo IV del Libro IV: Como la riqueza comercial sigue al crecimiento de la renta, donde dice “El fabricante que aumenta su renta con el salario que recorta a sus obreros no añade nada a la renta nacional” Luego es aún más específico y moderno: “No es la utilidad del fabricante la que constituye el interés nacional, es el beneficio que la fabricación reparte entre todas las clases que concurren a ella; es la participación de todas en la renta nacional que nace del trabajo” … “Las naciones se enriquecen cuando aumentan su renta, pero no cuando la renta de una de sus clases es usurpada por la otra.”… El comercio puede aumentar; pero si el crecimiento viene de disminuir lo que antes se pagaba por salarios,…el consumo no marchará del mismo paso con la producción, y el resultado general será menor prosperidad”…”Cuando las rentas disminuyen se compra menos y la producción de la manufactura ya no es proporcional a la demanda del mercado.”…”Puede que el deber del gobierno sea frenar esos movimientos para hacerlos regulares”.

Como ya señalamos, Sismondi deduce de este engranaje lógico que la demanda mundial, a su vez, vendría a depender de los salarios pagados en el resto del mundo. Una tesis muy inconveniente para las relaciones económicas internacionales del Imperio Británico, que a la época de Keynes, gobernaba en más de 400 millones de kilómetros cuadrados. Eso es un indicio del motivo que pudo tener el economista Lord Keynes para no citar a Sismondi, ni en la bibliografía, aunque mencione a Malthus como su inspirador. Keynes trabajó toda su vida para el gobierno británico, que lo ennobleció, a pesar de haber escrito, en 1917, a su amigo Duncan Grant: “Trabajo para un gobierno que desprecio, para fines que estimo criminales”

Joseph Schumpeter (1983 – 1950) fue un austriaco que para tener mayor apertura metodológica, rompió con las ideas tradicionales de la llamada Escuela Austriaca; la neo-clásica que formó a Ludwig von Mieses y a Von Hayek. Sus obras más conocidas son Teoría del Desarrollo Económico (1912), Ciclos Económicos (1939), Capitalismo, Socialismo y Democracia (1942) y su obra póstuma Historia del análisis económico (1954). La idea básica en ellas es la importancia para la actividad empresarial de la innovación en tecnología y organización, para mejorar continuamente el desarrollo económico y la capacidad productiva. Algo mencionado por su maestro Sombart. Eso genera una economía dinámica donde el incremento de salarios crea nuevos equilibrios de demanda y oferta. Es interesante que en esta dinámica, Schumpeter mira el interés pagado a los bancos, como un impuesto sobre créditos inflacionarios. En cuanto al capitalismo de la escuela anglosajona, coincide con Sismondi, Max Weber y Werner Sombart en que destruye el tejido social y dice que con ello se desgasta la capacidad de renovación orgánica de elites que lo dirigen. Algo evidente hoy día en el ámbito dirigido por el mundo anglosajón.

El aporte más conocido de la obra de Schumpeter es aquel en que desarrolla una idea ya previamente expuesta por Sismondi – a quien menciona en el IV capítulo de su History of economic analysis – con respecto a los sistemas económicos en general. Schumpeter dice que la evolución económica en su camino hacia el progreso atraviesa una secuencia de destrucción que llama “creativa”: “un proceso de mutación industrial que revoluciona incesantemente la estructura económica desde adentro, destruyendo sin cesar la vieja y creando sin cesar una nueva. Esta frase es muy cercana a la de Sismondi cuando dice: “Parece que en el progreso de las naciones hay tal vez una época en que la destrucción de la riqueza existente es necesaria para que la actividad creadora pueda volver a ejercerse.”

Raul Prebisch (1901 – 1986) es el más famoso economista de América Latina. Es probable que por haber expuesto sus ideas económicas cuando la escuela historicista fue marginada por la polarización política entre capitalismo anglosajón y marxismo soviético, no se hayan notado sus vínculos con ella. Prebisch, igual que Sismondi y la escuela historicista, afirmó que en la realidad práctica, el comercio internacional no encajaba con la teoría anglosajona, porque la mayor potencia del capital anglosajón manipulaba los términos de intercambio. Como dijo Sismondi “si cada uno busca su interés propio a expensas de los demás…el más fuerte impone su interés y el más débil sabe que el suyo consiste en no resistirse”. Prebisch describe la estructura comercial internacional como un intercambio entre aquellos países que constituyen un centro industrializado y una periferia de países proveedores de materias primas; una descripción que sigue vigente. Prebisch fue educado en la economía de la escuela anglosajona, pero la crisis de 1929 – 30, que lo encontró entre el banco Nación Argentina y la Subsecretaria de Hacienda de Argentina, pronto demostró ser inadecuada y Prebisch comprendió la necesidad de la intervención del estado.

Una negociación con Inglaterra, en Ginebra, durante esa crisis le mostró que la teoría económica anglosajona fue pensada a favor de Inglaterra, en la época en que  era el país más industrializado y con mayores capitales: pero que esa proyección ideológica de sus intereses podía ser contrarios a la prosperidad de los demás. Al preguntarse en su Introducción a Keynes (1947) “¿A qué se debe que las políticas formuladas y aplicadas en el centro no obtengan los mismos resultados en la periferia?” Prebisch reconoce que la teoría económica anglosajona no es una ciencia exacta, que es una hipótesis relativa  cuyos resultados varían según el contexto. Eso lo lleva a desarrollar un estudio sobre lo que llamó “elementos históricos estructurales.” Es  lo mismo que hicieron Sismondi, List y toda la escuela historicista de economía. Por ello su propuesta es muy parecida a la de List y la escuela historicista alemana: protección para desarrollar una industria nacional que permita elevar el nivel de vida de los países en desarrollo. Como señala su amigo Luis Eugenio Di Marco, en su Introducción a Economía Internacional y Desarrollo: Ensayos en Honor de Raúl Prebisch “como economista del desarrollo pensó siempre que la riqueza era un medio y no un fin.” Un principio expresado ciento cincuenta años antes por Sismondi.   

Hay otros autores importantes con propuestas económicas aplicables a la crisis que atraviesa el sistema económico mundial desde 1971 y que ahora (2016) parece entrar su fase terminal. Uno de ellos es Torkel Aschehoug, objeto de un libro de Mathilda C. Fasting. Ella menciona la importancia que, cien años después, daba Aschehoug el aporte de Sismondi al pensamiento de la escuela históricista de economía. Aschehoug sintetiza la filosofía de Sismondi en aquella pregunta que Sismondi le hace a la escuela inglesa en sus Nuevos Principios ¿Como es que la riqueza es todo y los humanos no son nada?  Esa pregunta, decía Aschenhoug, es la tesis económica fundamental de Sismondi, que reitera en toda su obra que la riqueza es sólo un medio y que son los humanos su propósito.

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