Miembros de la Junta Directiva

Umberto Mazzei

Umberto Mazzei

Director
  • Profesor emérito de Comercio Internacional y Relaciones Internacionales
  • Doctor en Ciencias Politicas de la Universidad de Florencia Italia
  • Consultor de varios organismos internacionales y Misiones Permanentes en Ginebra
Osvaldo R. Agatiello

Osvaldo R. Agatiello

Secretario
  • Profesor de Economía y Gobernanza Internacionales
  • Doctorado de la Fletcher School of Law and Diplomacy, Universidad de Tufts
  • Consultor de varias organizaciones internacionales en Ginebra
Jacqueline Veillon de Molo

Jacqueline Veillon de Molo

Tesorera
  • Profesora emérita de Literatura Francesa
  • Doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia
  • Maestría del Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de Ginebra

Manuela Tortora

Manuela Tortora

Coordinadora Académica
  • Doctorado del Instituto de Altos Estudios Internacionales y del desarrollo, Ginebra
  • Ex Coordinadora de Diplomacia Comercial y Jefe de Cooperación Técnica de la UNCTAD, Ginebra
  • Profesora invitada, cursos de posgrado, Escuela de Altos Estudios de Economía y Relaciones Internacionales, Universidad Católica de Milán
David Vivas

David Vivas

Asesor Técnico pro bono
  • Doctorado en Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas
  • Maestría de la Georgetown University, Washington
  • Maestría en Negocios Transnacionales de la Universidad Externado de Bogotá
  • Consultor y ejecutivo de varios organísmos internacionales
Maria Isabel Morales Marcucci

Maria Isabel Morales Marcucci

Gerente de programas
  • Maestría en Gerencia Empresarial del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas - INCAE, San José, Costa Rica
  • Ex- Representante Alterno de Guatemala ante la OMC y Ex- Jefe de la Oficina de Oxfam International en Ginebra
  • Consultor de Misiones Permanentes en Ginebra

El Instituto de Relaciones Económicas Internacionales Sismondi comenzó como un grupo informal de varios especialistas en economía internacional establecidos en Ginebra, que colaboraban entre sí. Ginebra además es un buen escenario para actividades de fondo económico internacional. La importancia de la ciudad como centro que emana normas y patrones de conducta económica es antigua; se remonta a sus ferias en la Edad Media. En aquella época era el nudo donde se encontraban el comercio del norte que subía y bajaba por el Rhin y el comercio de Mediterraneo que subía y bajaba por el Ródano. Fue entonces que comienzó su tradición como ciudad de banqueros, cuyo primer oficio fue intercambiar monedas del norte y del sur.

Durante el siglo XX la tradición economica fue adquiriendo una dimensión diplomática, con la presencia de organísmos internacionales con funciones de foro económico.  La importancia como centro de negociación de un nuevo sistema económico de cobertura universal – o multilateral, como se dice en la jerga – se fue acentuando. Para el último tercio del siglo XX, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo -UNCTAD y la Organización Internacional del Trabajo eran las entidades que contaban con la adhesión del mayor número de paises. El Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) era un club de países ricos y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual – OMPI – tenía una discreta importancia.

En el panorama cambió en los años 80, cuando convergíeron dos temas de importancia. La negociación de la Ronda Uruguay del GATT (1986-1994), que implicaba unos 50 países y la  deuda del Tercer Mundo, que implicaba grandes bancos imprudentes y malos pagadores.  Ambos temas confluían en las recomendaciones con que se ataban los préstamos, que para pagar a los bancos, daban los organísmos financieros internacionales; esto causó la adhesión masiva de países en desarrollo al GATT y su participación en la Ronda Uruguay. Para el año 1994, en que se concluyó la Ronda Uruguay, los actores ya eran 128 países, que por via de esos acuerdos pasaban a ser también miembros de la OMPI.

Esto atrajo a Ginebra, desde los años 90, a un creciente número de diplomáticos y consultores expertos en temas económicos internacionales. Así llegamos aquí muchos de los miembros del IREI Sismondi. Todos tienen antecedentes académicos relacionados con las  Relaciones Internacionales. La mayoría con experiencia docente específica de algunos temas de la diplomacia económica.

La asociación suiza lREI Sismondi  se creó para plasmar oficialmente esa colaboración entre expertos, que tenía vida propia dando apoyo técnico a consultorías con organismos internacionales, a entidades de la sociedad civil,  a misiones de países en desarrollo y participando como IREI en foros internacionales vinculados temas de la economía y el desarrollo internacional.

La experiencia nos permitió notar que existen vacíos en cuanto a la capacitación y la investigación en los temas cubiertos por la actividad diplomática sobre temas económicos. Hay cursos e información cubiertos, generalmente en modo eficaz, por los organísmos respectivos; pero con una visión y un enfoque limitado a su propia cobertura, como es normal e inevitable. Hay iniciativas informativas por obra de entidades de la sociedad civil, pero de cobertura puntual y variable objetividad y ninguna ofrece capacitación académica. Tampoco sabemos de alguna entidad docente con un programa que cubra toda la actividad diplomática sobre los temas económicos que se negocian diariamente en Ginebra: Comercio, Finanzas, Propiedad Intelectual y Trabajo. A estos temas añadimos Inversiones, que es considerado en acuerdos bilaterales .Con este conjunto de temas nos propusimos cubrir toda la gama de la Diplomacia Económica en un programa cuyos particulares se encuentran detallados en  este mismo sitio.

También proponemos una visita introductiva de los organismos internacionales en Ginebra, destinada en principio a estudiantes de pre-grado en Relaciones Internacionales.

Nuestro compromiso es dictar los programas con la mayor objetividad política y la mayor neutralidad técnica, pero para hacerlo es indispensable una posición ética. La ética que nos parece más objetivamente humana y socialmente equilibrada es la de un ginebrino: el eminente economista e historiador Jean Charles Sismond de Sismondi (1773 – 1842).

La vigencia ética de Sismondi

Es notable que la presente crisis social y económica de Europa, causada por un desorden financiero, se asemeja al proceso que sucedió en Latinoamérica, por las mismas razones, hace veinte años. La fatiga con los austeros remedios impuestos para pagar las deudas con los bancos, llevaron varios países latinoamericanos a elegir gobernantes que se proclaman socialistas de alguna manera, aunque lejos del marxismo, porque reconocen la propiedad privada como fuente de empleo y crecimiento económico, aunque orientados a una distribución más equitativa de la riqueza. Las crisis financieras han estimulado – en Europa y América – movimientos políticos, que – parafraseando a Pirandello – andan  en busca de un autor.

Esta situación hace de Sismondi un pensador relevante. Él fue el primero en identificar las inequidades y riesgos de la Revolución Industrial y en buscar en principios económicos soluciones equitativas para el capitalismo. Es en su libro “Nuevos Principios de Economía Política» (1818 y 1827), reaparece el término romano “proletario” – Marx lo usaría después – para designar a aquellos cuyo triste destino es garantizar la mano de obra con su descendencia. Sismondi criticó a Ricardo por recomendar ganancias a costa de bajos salarios, porque los buenos salarios mantienen el consumo que mueve el empleo, el capital y la producción; dicho 100 años antes de John Maynard Keynes.

Sismondi fue el primero en solicitar la intervención del gobierno para proteger a los trabajadores del abuso de los patrones ; también el primero en describir la lucha de clases y abogar por un salario mínimo. Él anticipó que usar el mercado como único árbitro económico conduciría con seguridad a crisis periódicas. También criticó a Ricardo por recomendar la sobreproducción, porque distorciona la relación entre la utilidad del bien y su valor de cambio, lo que conduce a crear burbujas inasimilables, como es hoy el caso inmobiliario. Advirtió contra la emisión irrestricta de dinero por los bancos, porque lleva a fanatasias sobre creación de riqueza, que siempre terminan en quiebra. Habló de una «economía de cantidades globales» con «desbalances globales entre ingreso, gasto y producción.»

Llamó a su amigo Malthus pesimista y explicó que las diferencias en reproducción entre humanos  y vegetales permitía que las tierras agrícolas del mundo alimentasen por mucho tiempo una creciente población global. Un objeto de su preocupación fue el desempleo que causa la inevitable aplicación del progreso tecnológico y científico a la producción. La solución – dijo – es que los beneficios de esos avances se compartan entre los factores humanos de la producción, entre los dueños y los obreros : para el dueño mayores ventas y para el obrero más tiempo libre.

Sismondi pudo haber resuelto esos problemas sociales y económicos que vienen del siglo XIX, pero aquel siglo era hijo de los excesos opuestos de la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. La contradicción se oculta con sofismas abstractos típicos del siglo, como la inevitable demolición violenta del sistema o la solución mecánica de problemas económicos y sociales por el mercado.

Los intereses creados y el estilo retórico de entonces eran hostiles a la evolución equitativa del sistema de Sismondi. Marx lo etiquetó de «socialista pequeño burgués» en el Manifiesto Comunista (1847); sin que eso le impidiese copiar su método de análisis económico en Das Kapital (1867). Es que Sismondi admitía la propiedad privada y mostraba la conveniencia económica general de una equidad salarial, que diera al obrero la holgura del pequeño burgués, en lugar de sufrir las penurias pre-revolucionarias.

Sismondi fue tambien un historiador de aguda mirada sobre las causas y efectos de los hechos políticos. De sus estudios extrajo recomendaciones para modelos institucionales y políticos que pueden ser útiles, en estos días de poca fé en los políticos y en las actuales instituciones de gobierno. De particular interés son sus Estudios sobre las constituciónes de los pueblos libres.

Tenemos la convicción de que Sismondi fue un pensador cuyas ideas serán usadas en el Siglo Ventiuno, no porque pudiese imaginar nuestros problemas, sino porque el sistema sigue siendo el mismo, porque no ha cambiado nada en lo que debió cambiar. Basta recordar que su libro Nuevos Principios de Economía Política tiene como subtítulo De la riqueza en su relación con la población. A juzgar por la actual distribución de la riqueza, que se concentra en menos del 1%  de la población mundial, la suya sigue siendo una asignatura pendiente.