Validez del pensamiento de Sismondi en la economía de hoy

Por Umberto Mazzei

Pisa, Diciembre de 2015

 

El análisis de Sismondi sobre las contradicciones, disfunciones y malas consecuencias sociales y económicas del capitalismo desenfrenado, ese modo de producción basado en las ideas de David Ricardo y sus discípulos, sigue siendo válido. Dos siglos de experiencia en política económica lo confirman. Las críticas de Sismondi las repitió más tarde,  de manera apasionada y radical, Karl  Marx y sus seguidores. En esa escuela el enfoque de Sismondi tuvo gran influencia, aun cuando hay divergencias básicas sobre las conclusiones y, sobre todo, en las recomendaciones.

 

El hecho de que las críticas y observaciones de Sismondi o de Marx aún sean aún válidas, no se debe a que ellos tuviesen especial talento para pronósticos tan lejanos. Son válidas porque el sistema de hoy es el mismo – sólo que expandido y empeorado – que aquel que comenzó hace doscientos años. Todavía se obedecen las ideas de Ricardo y de su escuela anglosajona. El sistema de producción capitalista  no ha evolucionado; los principios básicos son los mismos, a pesar de los fracasos sociales y de sus recurrentes crisis arrasadoras. Todavía se enseñan esos principios como  ciencia económica indiscutible en la mayoría de las universidades anglosajonas y aún en muchas otras. Se le ha etiquetado ahora como Neo-Liberalismo, después de retoques por la escuela austriaca de Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek y por la Escuela de Chicago dirigida por el Milton Friedman

 

Las consecuencias de aplicar políticas económicas basadas en la doctrina de la vieja escuela liberal o de la nueva son las mismas. Son las ya denunciadas por Sismondi: concentración de la riqueza o fracaso de la teoría del derrame automático hacia abajo (trickle down effect) en su distribución. Esa famosa teoría suena como si se quisiera  mantener a la población trabajadora con las migajas que caen del banquete de los ricos.

 

Distribución de la riqueza entre las clases productivas

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Tanto Sismondi y Marx fueron muy escépticos ante las virtudes del mercado para convertir el egoísmo general y el interés propio en instrumento para la equidad social y económica. Marx, siempre radical,  ni se molestó en estudiar cómo mejorar la distribución de la riqueza. Consideró al capitalismo como irredimible y propuso eliminar completamente la propiedad privada.  Donde quiera que se aplicó su propuesta hacer propiedad pública los medios de producción, sucedió una curiosa tendencia económica: servicios públicos accesibles y escasez de bienes de consumo. Podríamos elaborar sobre eso, pero Marx o el marxismo no es nuestro tema de hoy.

Al exponer la vigencia de las ideas de Sismondi para el siglo XXI, abordaremos primero el tema de la distribución de la riqueza, o mejor dicho, de la concentración de la riqueza. A eso se refiere el título de su principal obra de economía: Nuevos Principios de economía política o de la riqueza en relación con la población. Sismondi fue el primer filósofo preocupado por la distribución de la riqueza entre la población. Él explica que Adam Smith, de quien se considera discípulo, fue el primero en demostrar que el trabajo era la única fuente de valor y que el valor acumulado constituye riqueza. Pero aclara que Smith no abordó el tema de la distribución de la riqueza entre la población y esa omisión dejó un vacío sobre como enfrentar los efectos de la Revolución Industrial en el nivel de vida de los trabajadores. Por eso Sismondi da ese título a su libro principal de economía política. Su propósito es exponer el modo como la riqueza creada se distribuye entre la población que la produce y proponer un reparto más equitativo. Lo que entonces era la preocupación solitaria de Sismondi, ahora, dos siglos después, es preocupación universal y el mayor tema de debate político.

En el año 2014, un estudio realizado por Oxfam y Credit Suisse y publicado por la revista francesa Le Monde, mostraba que un 80% de la población mundial sólo tenía 5,5% de la riqueza mundial. Lo que significa que un 20% de la población posee el 94,5% de la riqueza total del mundo. Es una acumulación que sólo empeora.

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En 2010, Tony Judt, en su último libro Ill Fares the Land: A  treatise on our present Discontents[1], un estudio profundo de la distribución de la riqueza, dijo que «a diferencia de sus padres y abuelos, los niños de hoy, tanto en el Reino Unido como en el EE.UU. tienen muy pocas expectativas de mejora en  la condición en la que han nacido ». Eso recuerda la descripción de Sismondi del proletariado: esos desposeídos cuya función permanente en la antigua Roma era suministrar con sus hijos los brazos necesarios para la producción: ad prolem generanda[2]. Hoy también esa acumulación está en contra de la movilidad de clase. La estratificación de clases y la concentración de riqueza es más marcada en EE.UU., que se dice el modelo económico universal. Le siguen en concentración de riqueza Holanda, Alemania, Francia Noruega y Gran Bretaña acercándose. Todos ellos miembros de la OTAN, que reclaman austeridad a otros miembros de la OTAN con mejor distribución de riqueza.

 

Una investigación sobre la distribución de la riqueza por Emmanuel Sáez y Gabriel Zucman, dos especialistas de la London School of Economics, publicado en la revista Fortune en octubre de 2014, encontró que no hay duda de que la desigualdad de ingresos ha ido en aumento en los Estados Unidos durante las cuatro décadas pasadas. En Estados Unidos, las 160.000 familias más ricas poseen tanta riqueza como los 145 millones de familias más pobres, y que la riqueza es aproximadamente 10 veces más desigual que el ingreso.

Ellos argumentan que el aumento drástico en la desigualdad de la riqueza se ha producido por las mismas razones que la desigualdad de ingresos; es decir, la tendencia, desde la década de 1970, a que los impuestos menos progresivos, y a que un mercado de trabajo cambiante obligue a muchos trabajadores de cuello azul [obreros] ha competir con mano de obra barata en el extranjero. La desigualdad de riqueza específica se ve afectada por la falta de ahorros en la clase media.[3]

 

Hoy encontramos una creciente desigualdad con dimensiones mucho más grandes que en el siglo XIX, pero su crecimiento se debe a tres factores ya denunciados por Sismondi: a) la desigualdad de los impuestos; b) la competencia de la mano de obra extranjera y c) ausencia de ahorro, porque la sobreproducción provoca un gasto excesivo.

 

Siempre en Fortune, encontramos otra confirmación de la notoria desigualdad de la riqueza en los EE.UU., en un artículo de Chris Matthews, donde afirma que la desigualdad de la riqueza es peor de lo que se piensa… Mientras que la desigualdad es un resultado natural de la competencia en las economías capitalistas, hay mucha evidencia que demuestra que los niveles extremos de desigualdad son malos para los negocios.[4]

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Eso ya fue dicho por Sismondi hace doscientos años; incluso dijo más que eso: Insistió, una y otra vez, que los buenos salarios son necesarios para movilizar y ampliar el mercado interno; lo mismo que repitió John Maynard Keynes cien años más tarde. Algo parecido a lo que China hace en este momento para aumentar su mercado interior y asegurar un crecimiento económico independiente. Esa política ha sacado a 700 millones de chinos de la pobreza.

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Sismondi también señaló que una mayor igualdad en la riqueza aumenta el poder de compra de los consumidores nacionales, mientras que la desigualdad en la riqueza empuja las economías a depende r de la exportación, que es el móvil principal del imperialismo. [5]  Sismondi también señaló que los mercados mundiales también tienen límites y que la competencia universal, provocada por la desigualad doméstica desplaza a trabajadores en el extranjero. Eso crea conflictos comerciales en todo el mundo, que suelen terminar en conflictos armados. La prueba de que esos conflictos continúan son los debates que tienen lugar en Ginebra, en la OMC. Están todos relacionados con la apertura de los mercados y la erosión del espacio para políticas económicas nacionales de desarrollo interno.

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Sismondi también fue quien desplazó la división de Quesnay, que encontraba tres clases en la sociedad y la dividió en dos clases que protagonizan la dinámica económica y política: la clase obrera y la clase capitalista, que se disputan los beneficios de la producción. Es Sismondi quien encuentra que hay una plus-valía [mieux value] en el aporte de los obreros a la producción, del cual se apropia por la clase capitalista. Sismondi comenta con agudeza que las naciones se enriquecen cuando aumentan sus ingresos totales, pero no cuando una clase usurpa el ingreso de otra clase[6]. Marx elaboró sobre ese tema.

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Ese mismo comentario puede aplicarse al criterio de producción internacional propuesto como cadenas de valor. Su percepción del valor aportado por las partes en un proceso de producción internacional atribuye a los insumos locales y al trabajo local, menos valor y menos retribución que el atribuido a factores foráneos como inversión, distribución y propiedad intelectual. Es el caso del socio capitalista – en este caso corporaciones transnacionales-  usurpando la participación en los ingresos del socio local.

 

Este concepto también tiende a reducir los ingresos de las clases trabajadoras en el mundo desarrollado, porque los obliga a competir con las clases obreras de países en desarrollo. Como Sismondi afirma la riqueza es algo bueno cuando extiende su confort a todas las clases;… Sin embargo, un Estado puede ser miserable incluso si algunos individuos acumulan fortunas colosales.[7] O cuando luego dice, un fabricante que aumenta sus ingresos con lo que recorta en salarios a los trabajadores no añade nada a la renta nacional;El mismo ingreso es bien gastado sea por los ricos o los pobres, pero no se gasta de la misma manera. El primero sustituirá mucho más capital y creará mucho menos trabajo que el segundo; eso favorece mucho menos a la gente y como consecuencia ayuda mucho menos en aumentar la reproducción de la riqueza[8].

 

Hemos documentado lo suficiente, por hoy, la modernidad trascendencia de la riqueza y su relación con la población. Es algo que suele  ser descuidarse en la economía política de Washington y Bruselas, que aún son centros líderes del sistema económico mundial. Pero la gente en las calles de los Estados Unidos y Europa empieza a estar consciente y también cansada de eso. Puede que se etiqueten como Occupy Wall Street o Indignados o Frente Nacional o Syriza, pero hay una reacción popular evidente ante la concentración de la riqueza y eso tiene consecuencias políticas. Esa oposición puede llegar al poder, pero será bueno que sus líderes no lo tomen como revancha y recuerden a Sismondi cuando escribió: El orden social perfeccionado en general es ventajoso para los pobres y para los ricos, y la economía política enseña a mantener ese orden corrigiéndolo, no derrocándolo.[9]

 

Distribución mundial de riqueza entre las naciones

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Además de la concentración de la riqueza nacional, donde ciertos países desarrollados y en vías de desarrollo pueden tener parecidos – US e Indonesia comparten el podium – también hay concentración y falta de equidad en las relaciones económicas internacionales o en la distribución internacional de la riqueza. 15 países tienen el 75% de la riqueza mundial. Cabe señalar que todos esos países, con la excepción de China, también tienen grandes deudas, lo que es indicio de que su mayor participación en la riqueza mundial no proviene de mayor eficiencia económica sino de una especie de plus-valía recogida sobre los recursos de esos 182 países restantes que poseen sólo el 25% de la riqueza mundial.

Pero la distribución de la riqueza mundial muestra una tendencia a cambiar.  Ahora China es el país con mayor riqueza, con una participación del 16%, mientras que los EE.UU. se ha reducido al 13%, pero debemos tomar en cuenta que EE.UU. tiene sólo 315 millones (2014) habitantes, mientras que China tiene 1.357 millones (2013), eso da mayor riqueza per capita a Estados Unidos. Pero si se consideran las deudas, en EE.UU., hay una deuda per cápita de $ 58. 400, contra $ 2.200 en China.

 

Japón es el tercer país rico, con el 9% de la riqueza mundial, su población es de 127 millones y la deuda per cápita es de $ 24.000. Alemania, Italia, Reino Unido, Francia y España, las mayores economías de la UE, tienen juntas el 18% de la riqueza mundial  y su deuda suma US$ 25.771 millardos. El Reino Unido tiene la mayor deuda per capita con US $ 160.158. Italia la menor con $ 43.621. Que una clase minoritaria es quien aprovecha las deudas se prueba fácilmente: el ciudadano corriente tiene una la deuda per capita  mayor que su valor neto.

 

La desigualdad en la distribución de la riqueza mundial hace más lenta la economía mundial, porque, como ya dijo Sismondi: la concentración de la riqueza provoca estancamiento del crecimiento económico.[10]

 

Abandonaremos aquí el tema de la distribución de la riqueza, para comentar otros asuntos modernos en que Sismondi es un buen guía. Tocaré algunos temas de actualidad y citaré trozos pertinentes de sus Nouveaux Principes d’économie politique (1827, su libro principal de la economía, aunque hay otro posterior (1837) muy importante cuyo título es Études sur Economie Politique.

 

Nouveaux Principes d’Economie Politique

 

El primer libro de Nouveau Principes trata de El objeto de la economía política y los origines de esa ciencia. En las primeras líneas del primer capítulo Sismondi afirma que la ciencia del gobierno tiene, o debiera tener, como objetivo el bienestar de los hombres en la sociedad. Esta ciencia investiga los medios para asegurar el más alto bienestar posible que sea compatible con su naturaleza; mientras que trata al mismo tiempo de hacer participar al mayor número posible de personas en ese bienestar…. En ninguna de las ciencias políticas este doble objetivo debe ser olvidado por el legislador. Creemos que esto sigue siendo un principio muy válido para orientar la acción de los gobiernos, pero, por desgracia, no siempre se aplica.

 

Repartición equitativa de los avances científicos y tecnológicos

Untitled8Ahora, como en el tiempo de Sismondi, la ciencia y la tecnología mejoran el modo de  producir bienes y servicios. Esto aumenta la productividad. Ahora, como entonces, en vez de ser una bendición para todos, es causa de desempleo y marginalización de gentes con habilidades ganadas con esfuerzo. Ahora, como entonces, las ganancias por el aumento de productividad no se comparten equitativamente entre los trabajadores y los propietarios. Hay tal  injusticia que esa ganancia es toda para el propietario. Por esa mezquindad, el aumento en productividad en lugar de ampliar mercados con un incremento en la capacidad de compra, crea una mayor concentración de la riqueza, que luego restringe los mercados.

Los avances en la automatización aumentan la productividad, pero para el obrero sólo precarizan el empleo.  La amenaza de redundancia inicia una tendencia a aceptar salarios aún más bajos, para no quedar desempleado. Ese fenómeno existe desde la Revolución Industrial, desde el tiempo de Sismondi. Por eso dijo que las mejoras en ciencia y tecnología son un avance para el conjunto de la humanidad, que debe ser compartido entre todos los que participan en el proceso de producción. Una manera obvia para que los obreros participen en el beneficio – dice- es un aumento de sueldos o un aumento del tiempo libre, con el mismo salario. Lo que está mal hoy día no son los descubrimientos, sino la repartición injusta que el hombre ha hecho de los beneficios.[11]

 

El impuesto al Consumo o de Valor Agregado

 

Untitled14Existen sistemas de impuesto al consumo en más de 120 países de todo el mundo, incluidos todos los países de la OCDE, menos Estados Unidos, donde es más complejo. Las tarifas van desde 3 por ciento al 25 por ciento. El impuesto, generalmente llamado al Valor Agregado (IVA), se paga en la  las transacciones en todos los niveles de la cadena de suministro, desde la producción hasta la venta final del producto al consumidor. La percepción de ese impuesto no es visible para el consumidor final. Esos impuestos no deben ser un costo para las empresas y en general son recuperables por el productor y el distribuidor. En última instancia, es el consumidor final quien  carga con todo el costo del IVA; la mayoría de esos consumidores son personas que viven de un salario.

 

El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras instituciones financieras internacionales recomiendan el uso de IVA o impuesto al consumo como una forma simple y segura para aumentar los ingresos fiscales. El IVA es también un tributo oficial de la Comisión Europea, que le impuso un mínimo de 17%.

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Sismondi se opone a este impuesto al consumo. Primero explica que afecta desigualmente porque hay muchos modos de consumo y algunos escapan completamente, como por ejemplo aquellos que se consumen en la fuente o los que son de producción doméstica. Su oposición al uso generalizado de impuestos al consumo se debe a que nunca sabemos quién va a terminar pagándolo…. y se vuelven siempre más pesados en relación con los ingresos a medida que se desciende la escala de la riqueza en las diferentes clases, hasta que se llega a la más pobre, la de los trabajadores industriales. Su consumo se compone casi siempre de productos que se compran e introducen en las ciudades, y no hay alguna parte de eso que pueda eludir el impuesto.

 

La proposición de eliminar los impuestos directos  y recaudar todos los ingresos del Estado con los impuestos sobre el consumo es injusta e inhumana… En cierto sentido, sería como volver al sistema feudal, en el que los ricos no pagaban ningún impuesto…

Los impuestos sobre el consumo suben el precio de cada cosa. Los que viven de su trabajo y esos son la clase más numerosa, no tendrían suficiente para vivir…. Como las ventas totales disminuirían se haría necesario aumentar el precio de cada mercancía, en particular, aquellas esenciales, porque quienes las venden pueden imponer su ley a los compradores que no puede hacer a menos. El aumento de los precios de los alimentos pone nueva presión sobre los salarios y ganancias … la competencia en los mercados extranjeros será más difícil; el crecimiento se detendrá … Aquí alude a la distribución de la riqueza llamada del goteo hacia abajo (trickle down) propuesta por Ricardo, que es aún la doctrina económica oficial de Estados Unidos y dice: Evitemos creer que al gravar los bienes de primera necesidad, en el que los pobres adelantan el pago, los ricos van a terminar reembolsándolos.[12]

 

Sobre los acuerdos de libre comercio internacional

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El antepasado de los acuerdos bilaterales o plurilaterales, actualmente llamados Acuerdos de Libre Comercio o Acuerdos de Asociación, son los monopolios comerciales que fueron dados a empresas específicas como la Compañía Británica de las Indias Orientales. Hoy en día, a pesar de la etiqueta, el objetivo sigue siendo administrar el comercio de una manera preferencial y discriminatoria. Sismondi ya tenía una opinión contraria a ese tipo de comercio. Afirmó que cuando se trata de la riqueza comercial, en general, los gobiernos sólo han visto el interés de los comerciantes; creen que ese interés es igual al de la nación en su conjunto; por eso es siempre de acuerdo a sus consejos que ajustan su legislación. Siempre buscan hacerlos ricos lo más rápido posible. … Esos acuerdos se obtienen a veces por el favor de un gobierno extranjero, que por miedo o por la esperanza de llegar a una alianza, dan ventajas a los comerciantes de una nación en particular sobre los de cualquiera otra,… ese es el objetivo de los acuerdos comerciales que, durante medio siglo, han sido un tema importante en las políticas europeas.

 

Una excepción de los aranceles de importación que son pagados por otras naciones … da, sin duda, a la nación que la obtiene, casi todo el comercio de la nación que la otorga … Cuando el acuerdo comercial implica la concesión de exenciones recíprocas, cada país podría encontrar que compró demasiado caro el monopolio que consiguió para sus productores, a cambio del monopolio que dio a los extranjeros contra sus propios consumidores … Ningún acuerdo comercial puede satisfacer la avaricia de los comerciantes, porque siempre quieren un monopolio.[13]

 

Esta observación atemporal de Sismondi, describe la eterna aspiración de quienes empujan detrás del comercio negociado por los gobiernos. Cuando Sismondi describe los monopolios comerciales que las potencias europeas impusieron a sus colonias, asoma una propuesta válida para hoy día y  que sería contraria al trato discriminatorio y excluyente encerrado en la Asociación Trans-Atlántica de Comercio e Inversiones – (TTIP según sus siglas inglesas) propuesto por los EE.UU. a la UE.

 

Dice que: un libre comercio de toda Europa, con todas sus colonias habría sido, sin duda, más ventajoso para todos ellos, porque incrementaría infinitamente el mercado para la primera y aceleraría el desarrollo de las segundas. Es algo que la UE, en su conjunto, esta de alguna manera tratando de hacer ahora con los países APC (antiguas colonias).

 

Los acuerdos del tipo TPP y TTIP afectan no sólo a las cuestiones comerciales, sino también áreas no comerciales que impactan mucho en la vida de los ciudadanos en todos los países participantes. Es la razón por la que  siempre son negociados en secreto, pero los detalles son bien conocidos por los especialistas debido a otros acuerdos similares como el NAFTA, el CAFTA y otros más. La reciente publicación de las cláusulas del TPP por Nueva Zelanda confirmó la sospecha de que se trata de las mismas cláusulas. La experiencia de México y Canadá en el TLCAN puede ser servir para advertir sobre las consecuencias económicas y sociales.

 

En subvenciones a la exportación

 

Untitled9La OMC en Ginebra, es el teatro de las negociaciones comerciales multilaterales. En la OMC se aceptó la Ronda de Doha sólo con el fin de eliminar los subsidios que bajan artificialmente los precios de las exportaciones agrícolas. La negociación sobre los demás aspectos del comercio están paralizadas porque no ha habido un acuerdo para la eliminación de los subsidios a las exportaciones agrícolas, principalmente las de EE.UU. y en menor grado, las de la UE.

 

El problema no es nuevo. Lo causan economías cuyo crecimiento no se basa en la prosperidad del mercado interno, sino en las exportaciones. Es un problema que ya existía a principios del siglo XIX, y el análisis de Sismondi relativo a los subsidios a la exportación es tan válido hoy como lo era entonces. Cuando todos los demás medios para la expansión de los mercados extranjeros resultaban ser insuficientes, algunos gobiernos han llegado incluso a pagar a sus comerciantes para permitirles vender a un mejor precio; cuanto más extraño parece este sacrificio, contrario a los más simples cálculos, más se le atribuye a una alta política. Este subsidio es una recompensa del Estado al fabricante por la fabricación y reemplaza los beneficios: el resultado es alentar la continuación de industrias que no producen alguna ganancia; y cuando se le da a las exportaciones, el gobierno paga a sus comerciantes a costa de sus ciudadanos, para que los extranjeros puedan comprar a un mejor precio. Suponemos que esta maniobra se realiza con frecuencia para llevar a la quiebra las fábricas extranjeras cuya competencia se teme. Este sacrificio parece estar muy fuera de proporción con el objetivo propuesto; las gentes que durante diez años  pagaron para desalentar a un rival, corre el riesgo, si eso se discontinua el decimoprimero año, de encontrarlo listo para comenzar de nuevo. Esta puede ser la razón por la que los EE.UU. y la UE encuentran tan difícil eliminar o reducir los subsidios a su agricultura y, sobre todo, a sus exportaciones agrícolas. Sin esas subvenciones que bajan los precios internacionales, algunos países agrícolas podrían dejar de importar y además empezar a exportar de nuevo.

 

Continúa Sismondi Los subsidios como una política sólo pueden justificarse cuando son para bienes cuya fabricación se considera necesaria para la defensa o para la alimentación de la nación, por lo cual su producción se debe garantizar a cualquier precio, al igual que las armas, aparejos para las naves, las medicinas, los alimentos del país o incluso aquellos cuyo cultivo es aún desconocido. La acumulación de riqueza no es el objetivo principal de un país y debe ser sacrificada a todo lo demás que garantiza la seguridad y la salud de la nación.[14] En este párrafo Sismondi recomienda una industria de defensa autónoma y la soberanía alimentaria. Son principios que existen desde las Guerras Napoleónicas y el bloqueo continental. Las recientes sanciones de la UE contra Rusia los ponen a la vanguardia de la política económica actual de Rusia y China.

 

Sobre-producción y consumo

Untitled10La sobreproducción es la bête noir de Sismondi y también con mucho una preocupación actual.

David Ricardo y Jean Baptiste Say declararon que la producción podría ser ilimitada; que no había límites a la producción. Que cada producción crea su propio mercado. Esa idea está todavía se enseña como verdad básica en los cursos de economía. Es la base teórica de la llamada Economía de la oferta (Supply Side Economícs), que es la doctrina que guía de los Estados Unidos desde el Presidente Reagan

Sismondi cita a Ricardo cuando dijo que M. Say [Jean Baptiste Say] ha demostrado, de la manera más satisfactoria que no hay capital, por grande que sea, que no pueda ser empleado en un país, porque la demanda de los productos sólo la limita la producción.[15]

 

Sismondi contradijo esa doctrina con vehemencia. Explicó como la abundancia de capitales  concentraba las inversiones en grandes fábricas de gran capacidad productiva. La concentración industrial creó desempleo y restringió el mercado interior y eso empujó a exportar la producción a otros países y al imperialismo. El descubrimiento de Sismondi se asemeja al teorema  de Hecksher y Olin sobre los patrones del comercio internacional. Ese teorema muestra que los países exportan productos según su recurso productivo más abundante: se exportan productos intensivos en capital contra productos intensivos en mano de obra. Sismondi argumenta que los mercados internacionales también son limitados y que la exportación de la sobreproducción se vende a menudo recurriendo al dumping, lo que arruina la producción local. El frecuente uso de  medidas anti-dumping y las protestas que se escuchan en la OMC y en la UNCTAD confirman lo dicho por Sismondi.

 

Sismondi explica que Su error es que ven la producción anual, como si fuera lo mismo que los ingresos…. Con tal principio es imposible entender el hecho más demostrado en toda la historia del comercio; la saturación del mercado… es imposible explicar cómo es que las ganancias del capital y los salarios bajan, al mismo tiempo que aumenta la producción.[16] Es el mismo efecto burbuja que vemos cuando en medio de desempleo y estancamiento mundial, suben  los mercados de valores por la sobreproducción de dinero.

 

Muchos de los problemas actuales causados por exceso de producción están relacionados con los errores de Say y de Ricardo. Marx encontraba en la objeción de Sismondi la causa de las crisis periódicas del sistema capitalista. También lo hicieron otros críticos del capitalismo como Mihail Bakunin o Rosa Luxemburgo. El día de hoy lo sostienen economistas como Robert Brenner o J.A. Hobson. Ambos explican la actual crisis económica por la sobreproducción, que implica una tendencia al despilfarro que va en contra de la idea del desarrollo sostenible.

 

Untitled11Robert Brenner dice que La causa principal, aunque no sea la única, de la disminución de la tasa de ganancia ha sido una persistente tendencia al exceso de capacidad en las industrias manufactureras globales.[17] Vale la pena leerlo, porque su descripción de la actualidad es parecida a las descripciones de Sismondi, solo que la descripción de Sismondi está más cerca de la raíz primaria.

 

J.A.Hobson explica lo que Sismondi dijo dos siglos antes. Hobson afirma que la sobre-producción y el posterior sub-consumo desata una compleja cadena de reacciones y eventos que resultan en el imperialismo. Hobson atribuye la crisis de 1929 y la depresión posterior a un exceso de inversiones industriales y agrícolas, que fueron financiados por los bancos y crearon una gran sobre-producción. Los productos sin vender vaciaron las cuentas de depósitos, causaron quiebras y los bancos fueron arrastrados con ellas.  Sismondi describe el proceso: Tal vez hayamos notado que los capitales pueden acumularse más rápido de cuanto aumenta la demanda de inversión, cuando eso sucede el interés que se paga disminuye, y eso empuja a más producción, a la vez que empuja hacia abajo el consumo; que cada transformación de capital de trabajo en capital fijo implica una producción futura, sin consumo equivalente; y que si la sociedad sigue algún tiempo en esa carrera de prosperidad … habrá muy pronto, a causa de la acumulación de capital, una aterradora falta de proporción entre producción y consumo. Parece que son necesarios terribles flagelos para llevar las sociedades humanas de vuelta a la armonía,….Pudiera ser que hay un tiempo en el progreso de las naciones, en donde es necesaria la destrucción de la riqueza existente para que la actividad creativa pueda comenzar de nuevo.[18] Es tal cual la Teoría de la Destrucción Creativa de Joseph Schumpeter (1942).

 

Sobre la justicia en la política económica

 

Cuando el público confunde las Escuelas de Negocios con Escuelas de Economía, es útil recordar a la sociedad la distinción de Sismondi: la Economía Política no es una ciencia del cálculo sino una ciencia moral.[19]

[1]   Mal le va a la tierra: Un tratado sobre los presentes descontentos.

[2]   Les Romains appelèrent prolétaires ceux qui n’a-vaient point de propriété, comme si, plus que

tous les autres, ils étaient appelés à avoir des enfans : Ad prolem generandam.   Sismondi. Nouveaux Principes, Libro VII, Cap. II, pag. 264.

[3]          http://fortune.com/2014/10/31/inequality-wealth-income-us

[4]          http://fortune.com/2014/10/31/inequality-wealth-income-us

[5]   L’ égalité des jouissances doit avoir pour résultat de donner toujours plus d’étendue au marché des producteurs ; leur inégalité, de le resserrer toujours davantage. …la concentration des fortunes entre un petit nombre de propriétaires, le marché intérieur se resserre toujours plus, et l’industrie est toujours réduite à chercher ses débouchés dans les marchés étrangers,  Sismondi. Ibidem.Livre IV, Chap.IV, pags. 357 – 361

[6]    Les nations s’enrichissent quand elles augmentent leur revenu, mais non pas quand le revenu de l’une de leurs classes est usurpé par l’autre. Sismondi ibidem. Livre IV, Chap. V, Pag.378.

[7]   La richesse est un bien lorsqu’elle répand l’aisance dans toutes les classes ; …Mais un État peut être misérable encore que quelques individus y accumulent des fortunes colossales.

[8]   Le fabricant qui augmente son revenu de tout le salaire qu’il retranche à ses ouvriers, n’ajoute rien au revenu national….Le même revenu est bien employé par le riche et par le pauvre, mais il n’est pas employé de la même manière. Le premier remplace beaucoup plus de capital et beaucoup moins de travail que le second ; il favorise beaucoup moins la population, et sert par conséquent bien moins à la reproduction de la richesse.

[9]   L’ordre social perfectionné est en général avantageux au pauvre aussi bien qu’au riche, et l’économie politique enseigne à conserver cet ordre en le corrigeant, non pas à le renverser. Sismondi. Ibidem. Livre I, Chap. II.

[10] Aussi ce que nous avons vu au commencement de ce chapitre, que le marché intérieur ne pouvait s’étendre que par la prospérité nationale…. l’augmentation du débit universel ne peut résulter que de la prospérité universelle. Sismondi. Nouveaux Principes d’économie politique, Livre IV, Chap.IV. Page 362.

[11]  Supposez tous les hommes partageant également entre eux le produit du travail auquel ils auront concouru, et toute découverte dans les arts sera alors, dans tous les cas possibles, un bienfait pour eux tous ; car, après chaque progrès de l’industrie, ils pourront toujours choisir, ou d’avoir avec moins de travail un plus long repos, ou d’avoir avec le même travail plus de jouissances. Aujourd’hui, ce n’est pas la découverte qui est le mal ; c’est le partage injuste que l’homme fait de ses fruits. Sismondi. Ibidem. Clarifications, Pages. 433 – 434.

[12] C’est un grave inconvénient des impôts sur la consommation, qu’on ne sache jamais, en les établissant, par qui ils seront payés en dernier analyse. …que ses droits s’élèvent toujours plus dans leur proportion avec les revenus, à mesure qu’on descend vers les clases plus indigentes, et que la plus malheureuse de toutes, celle des ouvriers manufacturiers , dont la dépense se compose presque uniquement de denrées achetées et introduites dans les villes, n’y échappe pour aucune partie de son revenu.

C’est donc une proposition très-injuste et inhumaine que celle qu’on a souvent répétée, de supprimer toutes les impositions directes, et de lever la totalité des revenus de l’État par des impôts sur la consommation ; …à plusieurs égards ce serait rentrer dans l’ancien système féodal oû le noble ne payait rien ;…

D’autre part, lorsque les impôts sur la consommation ont élevé le prix de toutes choses, les hommes qui vivent de leur industrie, et qui forment une classe nombreuse parmi les consommateurs, ne trouvent plus dans l’industrie des ressources suffisantes pour vivre….Comme la vente totale diminue, il faut, pour qu’ils vivent, que chaque article leur rapporte davantage,…mais surtout celui des denrées de première nécessité, parce que leurs vendeurs font la loi aux acheteurs, qui ne peuvent s’en passer. Le renchérissement de ces denrées réagit de nouveau sur les salaires et les profits. … Gardons-nous de croire qu’en chargeant d’un impôt les objets de première nécessité, si les pauvres font l’avance, les riches finiront par le rembourser !  Sismondi. Ibidem , Livre VI, Chap. VI

[13] En général, les gouvernements, dans la richesse commerciale, n’ont vu que les marchands : ils ont cru l’intérêt de ceux-ci constamment conforme à celui de la nation ; et c’est presque toujours d’après leurs conseils qu’ils ont réglé leur législation. Ils ont cherché à les rendre riches le plus tôt possible ; …mais on pouvait quelquefois, par la faveur d’un gouvernement étranger, par la crainte, pas l’espérance d’une alliance, des avantages pour les commerçans d’une nation de préférence à toute autre,…C’est le but des traités de commerce qui, pendant un demi-siècle, ont été un objet important de la politique européenne. …Lorsque le traité de commerce portait une concession d’exemptions réciproques, chaque état aurait dû trouver qu’il achetait trop cher le monopole accordé à ses producteurs, par le monopole accordé aux étrangers contre ses consommateurs. …Aucun traité de commerce ne peut satisfaire pleinement l’avidité des marchands qui désirent un monopole.  Ibidem. Livre IV, Chap. IX, pages 413, 414, 417, 418, 421.

[14] Tous les autres expédiens pour étendre le marché des producteurs s’étant trouvés insuffisans, quelques gouvernemens sont allés jusqu’à payer leurs marchands pour les mettre en état de vendre meilleur marché ; plus ce sacrifice était étrange et contraire aux calculs plus simples, plus on l’a attribué à une haute politique. La prime est une récompense que l’état décerne au fabricant en raison de sa fabrication, et qui lui tient lieu de bénéfice : elle encourage par conséquent à suivre une industrie qui ne donne aucun revenu ; et lorsqu’elle est accordée sur l’exportation, le gouvernement paie ses marchands aux dépens de ses sujets, pour que les étrangers puissent acheter d’eux à meilleur marché. On a supposé que cette manouvre a été souvent suivie pour ruiner des établissements étrangers dont on redoutait la concurrence. Le sacrifice paraît bien disproportionné avec le but qu’on se serait proposé ; le peuple qui pendant dix ans, aurait payé une prime pour décourager ses rivaux, risquerait, s’il la discontinuait à la onzième année, de les trouver tout prêts à recommencer.

Une prime ne peut se justifier en politique, que lorsqu’elle est accordée sur la fabrication d’une marchandise  que l’on juge assez nécessaire ou à la défense, ou à la subsistance d’un peuple pour vouloir s’en assurer à tout prix la production, comme des armes, des agrès de navire, des médicamens, des denrées propres au pays, quoique leur culture y soit encore inconnue. L’accumulation de la richesse n’est pas le but principal de l’existence d’une nation, et elle doit être sacrifiée à tout ce qui garantit sa sûreté ou sa santé.

[15] Sismondi citando a Ricardo : M. Say a prouvé, de la manière la plus satisfaisante, dit-il, qu’il n’y a point de capital, quelque considérable  qu’il soit,  qui ne puisse être employé dans un pays, parce que la demande des produits n’est bornée que par la production. Sismondi. Ibidem. Livre IV, Chap. IV, pag.366.

[16] L’erreur dans laquelle ils sont tombés tient tout entière à ce faux principe, c’est qu’à leurs yeux la production annuelle est la même chose que le revenu. …..Avec ce principe, il devient absolument impossible de comprendre ou d’expliquer le fait le plus démontré dans l’histoire du commerce ; c’est l’engorgement des marchés. …il est  impossible d’expliquer comment le profit des capitaux et le taux des salaires baissent souvent en même temps que la fabrication augmente. Sismondi, Ibidem, Livre IV, Chap. IV, pages 336, 367

[17] Robert Brenner, Overproduction not Financial Collapse is the Heart of the Crisis: the US, East Asia, and the World. http://www.japanfocus.org/-Robert-Brenner/3043/article.html

[18]          Toutefois, on peut déjà avoir remarqué, que les capitaux peuvent s’accumuler plus rapidement que les demandes pour l’ouvrage qu’ils font produire n’augmentent; que dans ce cas l’intérêt qu’ils portent diminue, et qu’ainsi ils font produire plus , en même temps qu’ils font consommer moins; que chaque transformation de capital circulant en capital fixe entraîne la création d’une production future, sans consommation correspondante; et que, si la société continuait quelque temps dans son cours de prospérités, sans pouvoir s’étendre sur des régions nouvelles, et faire naître un nouveau peuple sur une nouvelle terre , il y aurait bientôt, en raison même de l’accumulation de ses capitaux , une disproportion effrayante entre ses productions et sa consommation. Il semble que de terribles fléaux sont chargés du soin de ramener à l’ordre les sociétés humaines, ….De même il y a peut-être telle époque dans le progrès des nations, où la destruction de la richesse existante est nécessaire pour que l’activité créatrice puisse recommencer à s’exercer.. Sismondi. Ibidem. Livre VI, Chap. VII, pages 248, 249.

[19] Aussi, l’économie politique n’est-elle pas une science de calcul, mais une science morale. Sismondi. Ibidem. Livre III, Chap. XIII, page 313.

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